Es prácticamente unánime el diagnóstico de que la sociedad uruguaya atraviesa por un momento de extrema polarización y que esto puede transformarse en un problema para la convivencia. Según esta visión, la apelación permanente a dicotomías del tipo “bueno o malo” profundiza las diferencias. Ayer, el panelista de un programa televisivo consideró que el problema de Uruguay “es que transformamos todo en un problema de Peñarol o Nacional. La represa de Casupá, las patrulleras oceánicas, los clásicos. Todo es un problema de si gana uno y pierde el otro o al revés. No podemos seguir así”.

Otro panelista opinó que “antes los clásicos eran algo mucho menos dramático, no se trataba únicamente de derrotar al rival. Había una infinita gama de opciones intermedias, había posibilidad de diálogo, de negociación. Hoy por hoy, desgraciadamente, se han convertido en un Peñarol-Nacional”.

La teoría: “Si trazamos una línea divisoria clara entre quienes no promovemos la división y quienes la promueven, vamos a tener menos división”. Teórico de la tolerancia.