La noticia de que el jurado completo de la Bienal de Venecia había renunciado en protesta por la presencia de Rusia e Israel en el evento sacudió al mundo de las artes plásticas y durante algunas horas amenazó con empañar la muestra. Sin embargo, gracias a la buena disposición de Moscú y Tel Aviv, la situación pudo destrabarse. En efecto, ambos países decidieron retirar sus envíos y sustituirlos por otros que dejaran “bien en claro” que ni Rusia ni Israel buscan la guerra, sino la paz. En un comunicado conjunto entre ambos países se anunció que Rusia enviará una obra conceptual llamada Bomba número uno, mientras que el envío israelí será otra obra conceptual llamada Bomba número dos. “Esperamos que estos nuevos envíos tengan un fuerte impacto en la Bienal de Venecia y que hagan temblar los cimientos mismos del arte contemporáneo, ya que, como se sabe, una de las principales funciones del arte es destruir lo que está establecido para, a partir de allí, construir algo completamente nuevo. Esperemos que el público que asiste a la bienal comprenda y acepte de buena gana esta propuesta, por más que en un inicio puede ser un poco chocante”, finaliza el comunicado.

El deseo: “Ojalá que esta bienal no termine premiando muestras de antisemitismo como el tristemente célebre Guernica de Picasso”. Crítico de arte y de geopolítica.