Mirsad Miki Jacevic es un experto independiente en seguridad humana, que ha asesorado a más de 115 países en el desarrollo de sus planes para implementar la agenda “Mujeres, paz y seguridad”, que surgió a partir de la aprobación de la Resolución 1325 en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el 2000.

La elección por especializarse en este tema no fue casual. Tenía 18 años cuando estalló la guerra civil en su país, Bosnia, entre 1992 y 1995, y vio cómo el conflicto armado impactaba de manera diferente en varones y mujeres. “Lo que ocurrió en esa guerra es que la naturaleza del conflicto cambió, no era sólo algo lejano, en un campo de batalla, se convirtió en algo de la calle, en las casas, en las escuelas. Básicamente, quedó todo destruido y buscamos maneras de sobrevivir”, contó en entrevista con la diaria.

Jacevic, que tiene más de 30 años de trabajo en resolución de conflictos armados y procesos de consolidación de paz, contó que las mujeres se encargaron de cubrir las necesidades básicas de la comunidad. “En las guerras, aunque también sucede en los desastres naturales o en los conflictos por crimen organizado, las mujeres suelen ser las primeras en brindar cuidados, alimento, refugio y ropa. Se organizan para ayudar a satisfacer las necesidades humanitarias”, apuntó.

También las mujeres se organizaron para brindar asistencia médica, pero lo más importante para Jacevic fue que, durante el apogeo de los combates, los grupos de mujeres de todos los bandos se las ingeniaron para dialogar entre sí. “La semilla de esta agenda surgió de la comprensión de que, incluso en la guerra, siempre hay espacio para el diálogo. Las mujeres en Bosnia realmente impulsaron el diálogo y la comprensión para prevenir la violencia, detener la guerra y reconstruir las comunidades después de estos desastres”, señaló.

Jacevic contó que en Bosnia la violencia sexual fue reconocida como un arma de guerra después del conflicto y, posteriormente, las mujeres de su país, como las que vivieron el genocidio en Ruanda (1994) o la guerra civil en Guatemala (1960-1996), llevaron sus denuncias ante la justicia internacional y ante la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing en 1995, que fue un mojón para la aprobación de la resolución que creó la agenda “Mujeres, paz y seguridad” del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cinco años después.

Jacevic resaltó que la resolución y los posteriores planes de acción surgieron de las experiencias de las mujeres de Bosnia, de las mujeres de Guatemala, donde vive su esposa, de las mujeres de América del Sur, como las Abuelas de Plaza de Mayo. “Las mujeres siempre exigieron justicia, verdad y respuestas. En muchos sentidos, ese movimiento social que lideraron informalmente no estaba organizado en ONG, sino que se trataba de redes sociales de mujeres que pedían un cambio. Un cambio para mejorar el futuro, no sólo el de sus hijos, sino también el de los hijos del otro bando”, apuntó.

“En todos estos contextos, a través de la sociedad civil –y esto ocurrió antes de Beijing–, las mujeres decían: ‘Queremos sentarnos en la mesa donde se toman decisiones sobre paz y seguridad porque somos las primeras en ser atacadas, pero también las primeras en aportar soluciones”, apuntó.

A partir de la aprobación de la resolución en 2000, comenzaron a implementarse los planes “Mujeres, paz y seguridad” en distintos países del mundo. En América Latina hay 14 países que ya tienen planes –entre ellos Uruguay, que aprobó en 2021 su primer plan–. “El propósito de un plan es aplicar esta agenda global, que es importante, a un contexto local”, explicó Jacevic.

¿Qué es un plan nacional de “Mujeres, paz y seguridad”?

Uruguay desarrolló y aplicó su primer plan de acción nacional sobre mujeres, paz y seguridad entre 2021 y 2024, y actualmente se encuentra avanzando en la elaboración de un segundo plan. En ese marco, con el apoyo de la embajada británica, Jacevic viajó en diciembre a Uruguay para realizar encuentros con distintos colectivos de la sociedad civil e instituciones del gobierno, con el objetivo de apoyar la elaboración del nuevo plan y presentar una metodología para lograr resultados.

El primer plan de Uruguay se orientó en promover la participación de mujeres en misiones de paz. Para el segundo plan, se prevé incorporar otras prioridades, como los problemas vinculados al cambio climático, el crimen organizado, la trata de personas, el ciberespacio y la migración. “Todos estos temas son lo que llamamos elementos de la seguridad humana porque afectan a todos, afectan a personas de otros países, pero también a la población uruguaya”, señaló Jacevic.

“A menudo, en esta región la gente no percibe que está en conflicto, pero no está en un conflicto armado, quizás no hay guerra, pero hay mucha violencia. En algunos países se cometen graves abusos contra los derechos humanos, hay mucha inseguridad”, explicó el experto independiente, y señaló que ningún país lo quiere admitir, pero “cualquier país que tenga femicidios o cualquier tipo de violencia no está en paz”.

En ese marco, planteó que “Uruguay tiene mucho por hacer. Dicho esto, como trabajo en todos los demás países de la región, vivo en Guatemala, paso mucho tiempo en Bosnia, pero también trabajo en lugares donde hay conflictos abiertos, Uruguay sigue siendo un lugar privilegiado”. Entre los aspectos que ponen a Uruguay en ese lugar, Jacevic señaló que el sistema político no está tan dividido, como en Argentina, Brasil o Estados Unidos, y, por lo tanto, sigue existiendo una “cultura del diálogo que realmente está desapareciendo en otros países”.

También consideró que existe una gran “voluntad política” para prestar atención a estos temas, que para muchos países “no son importantes porque la democracia se está desmoronando”. Asimismo, señaló que las autoridades están dispuestas a abordar los temas vinculados a la paz y la seguridad desde nuevas perspectivas, como la climática o las amenazas cibernéticas.

“A muchos países incluso les cuesta admitir que tienen crimen organizado y simplemente decir que el país tiene un problema con el reclutamiento de hombres y mujeres jóvenes en las bandas criminales es el primer paso. Reconocer estas nuevas amenazas es el gran cambio para Uruguay”, que en “su primer plan de acción nacional se centró principalmente en misiones de paz”.

Más que “palabritas hermosas en papel”

El trabajo de Jacevic es buscar que los países desarrollen planes de acción vinculados a la paz y la seguridad, con perspectiva de género y resultados. Entre otros aspectos, Jacevic planteó que es importante que en el desarrollo del plan se les pregunte a las mujeres cuáles son sus prioridades y que definan qué es la paz y la seguridad para ellas. También puntualizó que las acciones que se desarrollarán tendrán que poder medirse.

“Tenemos mucha legislación y palabritas hermosas en papel. No le podemos decir a la gente pobre que viene de Cuba o Venezuela ‘Uruguay tiene esto y esto y esto’ sin traducirlo en ‘aquí está la ayuda, aquí está el sistema de apoyo, aquí están sus derechos’”, ejemplificó.

El objetivo, señaló, es que el plan no sea una lista de deseos, sino que se desarrollen acciones en todas las áreas que afectan a las mujeres, en su paz y seguridad, para cambiar la realidad. “No se trata de objetivos, sino de cómo mejorar la vida ordinaria de la gente que nunca va a escuchar qué es la Resolución 1325. La sociedad civil no es la que tiene que estar reclamando [que el plan se cumpla]. Es trabajo del gobierno tomar medidas, facilitarles el acceso a sus derechos, a la educación, a las oportunidades económicas, en definitiva, a la libertad”, concluyó.