El Centro de Formación Penitenciaria (Cefopen) del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) presentó este viernes el primer relevamiento sobre el nivel educativo del personal penitenciario, con el objetivo de conocer en detalle las trayectorias educativas de los trabajadores, los intereses de formación y las principales barreras que enfrentan para acceder a oportunidades educativas.
Sofía Doccetti, encargada de la Unidad de Evaluación y Monitoreo de Cefopen, dio detalles sobre el relevamiento, que se realizó entre octubre y noviembre de 2025, y que abarcó al 94,6% de las 3.526 personas que se desempeñan en el INR.
El informe mostró que 64% de las personas que trabajan en el sistema son policías, 30% son operadores penitenciarios y el porcentaje restante se distribuye en el resto de los escalafones, que abarca a técnicos administrativos y personal de confianza.
En cuanto a la distribución de género, hay 54% varones y 46% mujeres. Asimismo, la población relevada es mayoritariamente adulta: 70% tiene entre 31 y 50 años, 14,2% tiene entre 20 y 30 años y 14,3% tiene más de 50 años.
Uno de los puntos centrales del relevamiento tuvo que ver con el nivel educativo: 52,4 % del personal penitenciario no ha completado la educación obligatoria y 40 % manifestó tener interés en finalizar sus ciclos educativos obligatorios.
“En términos de edad, los más jóvenes (entre 20 y 30 años) tienen mayor nivel educativo (49 % tiene educación media básica o bachillerato incompleto y educación media básica o ciclo básico completo como máximo nivel educativo). El personal penitenciario mayor de 40 años tiene con mayor frecuencia la educación media básica incompleta, o hasta Primaria (completa o incompleta)”, se señaló en el relevamiento.
Por otra parte, en relación a la demanda de capacitación, 81% quiere tener mayores herramientas en áreas como el trato y el tratamiento de personas privadas de libertad, salud mental, administración e informática y procedimientos y propuestas vinculadas a la seguridad.
Juanche: “Hoy nos toca poner foco en el corazón del sistema: el personal penitenciario”
La directora del INR, Ana Juanche, analizó los primeros hallazgos del relevamiento, que fue presentado en el marco del ciclo “Educación penitenciaria en agenda. Miradas de la formación penitenciaria como política educativa”, organizado por Cefopen, y destacó que “así como en los últimos años el Estado uruguayo ha hecho especial ahínco para fortalecer las trayectorias educativas de las personas privadas de libertad, hoy nos toca poner el foco en el corazón de nuestro sistema, el personal penitenciario”.
En ese sentido, destacó que el “relevamiento implica mirar de frente y con total honestidad los desafíos formativos que tenemos con nuestro personal”, a partir de los dos distintos perfiles y de las expectativas que manifestaron en el relevamiento. Señaló que “la función penitenciaria es altamente especializada” y, por lo tanto, “tiene connotaciones muy particulares”; entonces se necesita desarrollar “saberes y competencias conceptuales, metodológicas y actitudinales de alta especialización”.
“Tenemos un importante desafío como institución en la generación de oportunidades educativas”, dijo Juanche y agregó que “en una cultura organizacional que ha estado centrada casi que exclusivamente en las necesidades de servicio, es nodal poder generar los tiempos y estos nichos de oportunidad para que los funcionarios y funcionarias puedan especializarse y acceder hacia mejores oportunidades de ascenso en la carrera funcional”.
Por su parte, Natalia Barraco, directora de Cefopen, destacó que la presentación del relevamiento es un “hito histórico” para el centro porque es la primera vez que se desarrolla y tiene el objetivo de “transformar la evidencia en políticas educativas concretas”.
“En estos años, Cefopen ha consolidado una propuesta educativa que abarca formación inicial, formación permanente y sensibilizaciones a actores sociales y a diferentes instituciones que trabajan en el sistema. Ha generado redes con instituciones educativas nacionales e internacionales, ha desarrollado capacidad de investigación y evaluación y ha fortalecido su capacidad para producir información sistemática orientada a la toma de decisiones”, señaló.
“Todo esto lo hemos hecho desde el convencimiento de que la profesionalización del personal penitenciario es un asunto fundamental. Para que esos procesos puedan desarrollarse de manera efectiva, resulta indispensable contar con información que permita comprender quiénes son las personas que trabajan en el sistema, cuáles son sus trayectorias educativas y cuáles son sus necesidades formativas”, destacó.
Las barreras para capacitarse
Del informe surge que las principales barreras que enfrenta el personal penitenciario tienen que ver con los horarios para poder capacitarse, las responsabilidades del servicio y la superposición de tareas. “Son limitaciones y barreras organizacionales y operativas y no son barreras de interés”, acotó Doccetti.
Por otra parte, también se informó que si bien las mujeres son las que tienen mayor nivel educativo, finalmente son las que menos acceden a cargos jerárquicos. Mientras que 72,8% de los varones han ascendido en el INR, 54,9% de las mujeres lo han hecho (es decir, existe una brecha de un 18%).
