Caminamos buscando una playa
hay un gran mar y acantilados
no hay arena ni aguas tranquilas,
tampoco hay gente.
Una larga hilera de mulas se difumina
y vuelve a su figura en medio de la ruta.

Tengo la ilusión de que este lugar que veo
es el mismo que alguien podría haber visto
hace mucho tiempo
y el mismo que alguien verá
mucho tiempo después.

*

Se me ocurrió mientras caminaba
que el camino no iba a llevarme a ninguna parte,
que yo había perdido el hilo de un ovillo en el cual decir
y ya no iba a poder decir nada.
Y entonces seguiría caminando en silencio,
o dentro del agua en silencio,
o quieta frente a las transparencias y enloqueciendo un poco
y luego volvería al silencio,
después de esa breve locura muda.

*

Sobre la superficie viscosa de las piedras vi un mensaje,
y en ese momento me sobresaltó una voz que me llamaba,
venía desde afuera pero también desde adentro.
El grito fue uno solo,
mis manos resbalaron contra el nácar,
el grito hizo eco en la gente que miraba,
buscaban a un niño que se había perdido.

*

No sé bien cómo explicarle
por qué habría que tener gusto por el agua,
trato de convencerlo de venir conmigo,
esconder los dedos en la orilla,
acercar los pies hasta la ola,
pero me mira previendo un peligro
del que yo no logro darme cuenta.

Ve con desconfianza algo que para mí es muy conocido,
algo bueno de otro tiempo que parece haber vuelto
y que él refracta en el esplendor de su presente,
me mira sin saber por qué
yo tengo tanta afición a buscar un lugar entre las piedras

Un pez, dice, y yo me alejo.

Laura Petrecca (Buenos Aires, 1985) publicó Piedras por Paripé Books (2025, paripebooks.com), del que se extraen estos poemas. Es autora también de los libros de poesía Pensó que ya lo sabía (Huesos de Jibia) y Aquí vivía yo (junto con Christian Anwandter, Ediciones 27 Pulqui), y de la novela corta Cuento para una persona (Entropía).