Hace un par de semanas, Fernanda Trías estuvo en Montevideo para presentar Miembro fantasma, su colección de cuentos editada recientemente por la editorial española Páginas de Espuma, cofundada por Juan Casamayor. Fue su primera visita al país –reside en el exterior desde hace más de una década– tras haber ganado por segunda vez el premio Sor Juana Inés de la Cruz.
Promediando su estadía, conversamos una noche en el Café la diaria. Uno de los primeros temas que surgieron fue el del orden de los cuentos de ese libro, porque me llamó la atención que comenzara con uno bastante exigente, “Personaje en construcción”, en tanto juega con la idea de escritor / escritor prestigioso / escritora (no escritora prestigiosa).
“Es tan difícil elegir el orden de los cuentos y hay tantos caminos posibles que podés plantear al lector. Yo probé varias cosas, pero al final, un poco hablando con Casamayor, terminé convenciéndome de empezar por ahí. Porque sí es cierto que es un libro de personajes y que el cuento se llama `Personaje en construcción’, que, sin duda, juega todo este tema de los escritores, pero también está jugando con cómo se construye un personaje: de dónde salen, de dónde salen los personajes, de dónde salen las piezas de ese Frankenstein que vas a armar. Al final eso se va a replicar en los otros cuentos, que de alguna manera también están construidos desde ese lugar. Porque ¿qué hago? ¿Pongo mis miedos? ¿Y si saco de mi historia? ¿Y si me imagino? Y al final, en realidad, es todo, la construcción del personaje es constantemente esa mezcla”, decía Trías.
“También creo que marca una postura acerca de la realidad y la ficción. Hay varios planos que todo el tiempo van a estar en diálogo. La verdad y la mentira, lo que es y lo que no es, un personaje se te deshace y es otro y es otro… No terminás de agarrarlo. Era para marcar una puerta de entrada al universo a partir de ese juego, pero sí sé que es un poco desafiante ese cuento para empezar. Pero bueno, no hay que ir por el camino fácil”, agrega.
Esos temas reaparecen en otro de los cuentos, “Ciclón”, en la voz de una persona que inspiró un relato temprano de una autora que ahora es famosa. Mientras repasa su historia con esa amiga, algo fundamental se desbloquea.
“A mí me interesaba el tema de la memoria, cómo funciona, cómo edita tu propia historia. Y cómo al final tu identidad es un relato. De cómo vos decidiste estructurar ese relato van a depender muchas cosas, se van a ir fijando a partir de una repetición del relato que vos vas haciendo de vos misma. Eso es lo que hace esta mujer, que no es escritora: ella escribió su novela mental, y lo largo de décadas ha ido una y otra vez repitiendo su propio relato, para convencerse de su versión. La irrupción de la versión de los hechos de la escritora la hace confrontar su propio relato. Yo quería mostrar el momento de clímax, que la reaparición de la amiga en el momento en que se va a morir generara una conmoción tal que permitiera abrir algunas fisuras en su relato. Creo que el tema que me interesaba, por supuesto, también era la iniciación erótica de dos amigas. Y reconstruir ese verano que está muy basado también en mis recuerdos de infancia”, dijo Trías.
El asunto de la memoria reaparece, desde otro ángulo, ligado a la historia colectiva reciente uruguaya, en el cuento que le da título al libro.
“Llevaba años sabiendo que en algún momento iba a escribir sobre eso, pero era muy desafiante entender desde qué lado lo quería contar. Ese cuento tuvo muchas versiones. Creo que la primera versión es de 2016, pero no me convencía. Insistí e hice muchas versiones, le tuve mucha fe a que iba a encontrar la forma que a mí me interesaba. Yo sabía que quería escribir algo vinculado con mi experiencia de haber sido una niña que nació durante la dictadura y que creció sus primeros años en dictadura, cómo se vivía desde ese lugar tan descentrado. En los últimos años vengo haciendo una reflexión acerca de dónde nacen muchas cosas que tienen que ver con mi poética, que se veían incluso presentes desde La azotea. Hasta entonces, nunca había racionalizado por qué se me imponía eso que tenía que ver con esos silencios, con todo eso que estaba no dicho, que vivía como una amenaza latente pero que no se entendía de dónde venía. Una cosa violenta también, de un afuera violento que está siempre pulsando pero que no queda claro. En algún momento me di cuenta de que posiblemente yo había desestimado la fuerza que había tenido esa infancia en dictadura. Porque yo decía ‘bueno, a mi familia no la tocó la violencia, no la tocó de una manera directa’. Entonces yo decía ‘entonces a mí no me afectó’. Luego, poco a poco, fui viendo cuánto me había afectado. Y la verdad es que creo que no hay nadie que haya vivido en esa época que no haya sido afectado. Porque también hay que pensar que era una violencia que estaba alrededor y que permanecía en lo no dicho. Estaba ocurriendo todo este horror mientras que al mismo tiempo vos seguías con tu vida cotidiana. La gente que vivía acá seguía con su vida cotidiana. Es una cosa muy loca porque implica una disociación. Lo que he entendido, y de mi experiencia colombiana también, es que vos nunca, nunca podés disociarte de toda la violencia”.
“Es algo que vengo observando en Colombia: la gente es muy simpática, es muy amable, es muy acogedora hasta que se enoja contigo, e igual te matan, porque hay una violencia interna muy fuerte que viene de todos esos años de absorber violencia y de sentir violencia. Y esto es lo mismo. Me llevó a replantearme hasta qué punto no había una serie de murmullos en mi casa, sensaciones amenazadoras. Mi familia, evidentemente, no me hablaba a mí, no me explicaba qué pasaba, pero obviamente mi familia estaba en contra del gobierno militar. Y entonces tenía que haber murmullos que yo estaba captando, pero que eran muy solapados. Y yo era una niña que tenía miedos. Sentía muchas potenciales amenazas sin nombre. Y entonces era eso lo que quería trabajar. Aproveché para sublimar la rabia y decir, por lo menos, que en la ficción existe la venganza”, dijo.
Los premios y el auge de la narrativa femenina latinoamericana, su relación con Mario Levrero, la falta de referentes literarias en sus primeros años y sus lecturas actuales también fueron parte de la conversación, pero quedarán para otro boletín.
Lanzamientos de estos días
- Una investigación internacional, cocoordinada por la uruguaya Lucía Campanella, sobre militantes políticas, que amplía la idea que tenemos del trabajo de edición.
Larga investigacion sobre la vida y obra de Aníbal Sampayo, en el año de su centenario.
El médico Leonel Briozzo, actual subsecretario de Salud, publicó un libro sobre geopolítica y estrategia militante.
- En el año del Mundial de Trump, biografías de futbolistas y entrenadores que desafiaron al poder político.
