Para miles de personas que han pasado por las escuelas artísticas de la Intendencia de Maldonado (IDM) ubicadas en el Paseo San Fernando, es difícil imaginar que allí hubo un cuartel militar donde referentes políticos y sindicales de varios departamentos estuvieron detenidos y fueron torturados entre 1970 y 1985. Pese a la existencia de vastas pruebas testimoniales y documentales, hay quienes se resisten a creer que eso ocurriera en pleno centro de Maldonado, mientras otros aseguran que jamás vieron o escucharon nada extraño. Para Raquel Hernández, una de las impulsoras de la declaratoria del Paseo San Fernando como Sitio de Memoria, en representación del Colectivo 20 de Mayo, esa postura es comprensible.

“Hubo un borrado minucioso de la actuación del terrorismo de Estado en ese lugar. Hubo una necesidad de negar lo que sucedía, borrando la historia, modificando el espacio físico. Acá hay una lucha simbólica del relato, porque la historia la escribe el vencedor, no el vencido. De ahí es tan difícil convencer de lo que realmente sucedió. Por eso, en esa disputa, el valor de la declaración de Sitio de Memoria es recuperar el relato de la realidad concreta que se vivió”, dice la activista en conversación con la diaria.

“El cambio físico que hubo hace que no se pueda reconocer ningún lugar”, acota. No es casual que el patio “tenebroso”, donde los militares sometían a “plantones” a los detenidos que llegaban desde toda la región Este, se haya transformado en un jardín cargado de naranjos que dan frescura y aromas a quienes estudian y trabajan en el Paseo San Fernando. Lo mismo observa con el reciclaje que eliminó las pequeñas ventanas con rejas de las habitaciones que daban a la calle Sarandí y conducían a los sótanos. O con la pintura rosa, “un color asociado al bienestar y a lo romántico”, que unifica al edificio con la Catedral de Maldonado, la Casa de la Cultura o la Jefatura de Policía, interpreta.

Se abre “un enorme campo” de trabajo

Tras la declaratoria del Paseo San Fernando como sitio de memoria, el movimiento social tiene por delante una construcción colectiva que implica pensar varias líneas de investigación. “Desde las diferentes capas de historia que ha atravesado el edificio, tanto en lo arquitectónico como en su función sociológica, hasta los aspectos antropológicos de su historia reciente. Se abre un campo enorme de trabajo para resignificar un espacio que no solo no se preservó, sino que se modificó para borrar parte de su oscura historia”, adelanta Hernández. Pero, primero, hay que dar algunos pasos formales.

Para definir las prioridades, el cómo y el cuándo comenzar la tarea, era imprescindible la disposición y el compromiso de la Intendencia de Maldonado (IDM) –propietaria del inmueble– a cooperar y seguir los pasos que estipula la Ley 19.641 para los lugares declarados como sitios de memoria. Eso se consiguió esta semana durante una reunión de integrantes del Colectivo 20 de Mayo con el intendente Miguel Abella y el secretario general de la intendencia, Álvaro Villegas. También participó Elbio Ferrario, miembro de la mesa coordinadora de la Red Nacional de Sitios de Memoria de Uruguay, encargada de analizar las propuestas para estos espacios.

De acuerdo con lo conversado con las autoridades de la IDM, el primer paso será la designación de los miembros de la Comisión de Sitio departamental integrada por representantes de las organizaciones sociales, la IDM, el Municipio de Maldonado y referentes de los organismos que integran la comisión nacional. Luego, la comuna asignará un espacio de trabajo para este grupo en el Paseo San Fernando.

Villegas sostuvo que la IDM promueve políticas públicas en esa línea y que desarrollará “las acciones necesarias para la transformación del Paseo San Fernando”. Una postura que Hernández celebra, más allá de que colaborar sea una obligación legal para la administración departamental. “A partir de ahora, se abren múltiples posibilidades para la reconstrucción histórica del lugar”, insiste la activista. Ideas no faltan.

Claves para conjugar pasado y presente

Mientras espera “su entrada” al sitio de memoria, el Colectivo 20 de Mayo evalúa propuestas y líneas de acción que volcará a la comisión departamental. En principio, la señalización del sitio admite bastante más que la instalación de una nueva placa de memoria. Por otra parte, se pueden utilizar herramientas informáticas para contar cómo era el cuartel, crear materiales audiovisuales, armar un reservorio documental, trabajar con la Universidad de la República (Udelar) en actividades de extensión para resignificar los espacios del edificio, y organizar visitas guiadas con estudiantes de primera y secundaria.

Pensando a largo plazo, también se podría reflotar la idea de instalar un Museo de Memoria, una propuesta que se desarrolló entre 2011 y 2015 y que, según Hernández, se perdió en “los vericuetos burocráticos de la IDM”. “Si se retoma esa propuesta, también será una construcción colectiva. No es algo inmediato. Primero hay que entrar al lugar, formar parte del sitio, y a partir de la cuestión formal empezar a acordar los pasos posibles”, enfatiza.

A su juicio, “la reconstrucción de la memoria implica contar con los vecinos de antes, lograr que la educación formal y no formal sean parte, y analizar cómo conjugar el pasado con el presente”. La integración diversa del Colectivo 20 de Mayo juega a favor.

“Algunos trabajan desde hace décadas en derechos humanos y rescate de la memoria; está el movimiento sindical, ex presos y ex presas políticas, exexiliados, jóvenes sensibles que emergieron del movimiento sindical estudiantil y que aportan una mirada más fresca y creativa sobre la forma de resignificar la historia reciente”, enumera.

También recuerda la cantidad de artistas de las escuelas municipales, que suelen participar con intervenciones en las marchas del 20 de Mayo. “Es un colectivo diverso que tiene miradas sorprendentes sobre cómo trabajar para que esa historia tan oscura no vuelva a suceder”, concluye, esperanzada en los tiempos que vendrán.