Kilmar Abrego García, de 20 años, terminaba una jornada de trabajo como aprendiz de chapista en la ciudad estadounidense de Baltimore, cuando fue detenido por las autoridades migratorias, el 12 de marzo.

Sus abogados denuncian que apenas tres días después fue expulsado de ese país en uno de los varios vuelos de deportación de extranjeros a El Salvador, en una práctica que está en proceso de disputa judicial, con sentencias que llaman a frenar estas expulsiones.

Una vez que llegó al territorio salvadoreño, Abrego fue detenido en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), la megacárcel construida por el gobierno del presidente Nayib Bukele como parte de su política contra las maras.

Justamente por la violencia de estas pandillas Abrego, que es salvadoreño, había huido de su país en 2019, cuando tenía 16 años. Según informó la BBC, desde 2016 sufría amenazas de secuestro y de muerte, y había sido golpeado por pandilleros que buscaban presionar a sus padres a pagar extorsiones.

En 2019, Abrego presentó en Estados Unidos una solicitud de asilo, y un juez de inmigración le otorgó un estatus que evita la deportación y que se brinda a personas que demuestran un riesgo “probable” de sufrir daños en su país de origen. Si bien hubo un testigo que lo acusó de ser él mismo un miembro de la pandilla MS-13, esa versión fue descartada.

Desde entonces vivió en Maryland y se casó con una ciudadana estadounidense con la que tuvo un hijo. Fue la esposa de Abrego quien pudo reconocerlo en imágenes públicas en las que se mostraba a prisioneros deportados desde Estados Unidos y trasladados al Cecot, dijeron sus abogados.

Según la defensa de Abrego, cuando fue detenido, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) le informó que su situación migratoria había cambiado y le preguntó si estaba vinculado con pandillas. Después del interrogatorio, lo trasladaron a un centro de detención en Texas y desde allí fue deportado.

El ICE reconoció después en un documento que la deportación de Abrego fue un “error administrativo”, informó The Guardian.

Sin embargo, las autoridades también manifestaron que no pueden repatriarlo porque la Justicia estadounidense no tiene jurisdicción en El Salvador, donde él se encuentra.

Robert Cerna, un alto funcionario del ICE, admitió el error y dijo que el joven aparecía como “suplente” en la lista de personas a ser deportadas, y que “subió en la lista” porque otros detenidos no fueron incluidos en el vuelo.

Sin embargo, Cerna agregó que se actuó “de buena fe” y que existía una orden final de deportación que identificaba a Abrego como miembro de la mara MS-13.

La familia del joven presentó una demanda contra el gobierno de Trump y argumentó que nunca se presentaron pruebas que respalden esa “acusación infundada” según la cual Abrego pertenecía a una pandilla.

La demanda apunta contra los secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Seguridad Nacional, Kristi Noem, así como contra la fiscal general, Pam Bondi, y varias autoridades del ICE.

El mismo día que Abrego fue deportado, también fueron enviados desde Estados Unidos al Cecot cerca de 200 venezolanos. El gobierno de Trump los vincula con el Tren de Aragua, una banda criminal que tiene su origen en Venezuela.

El lunes, Trump le agradeció a su par salvadoreño. “Gracias, presidente Bukele, de El Salvador, por aceptar a los criminales que la corrupta administración de Joe Biden permitió, de manera tan estúpida, entrar en nuestro país, y por darles un lugar tan maravilloso para vivir”, escribió en su red Truth Social en alusión al cuestionado Cecot.

Trump además publicó un video divulgado por Bukele en el que se puede ver a detenidos encadenados de pies y manos, escoltados por decenas de militares salvadoreños desde el avión hasta vehículos que los llevarían a la megacárcel.

Aunque ni Estados Unidos ni El Salvador sometieron a juicio a estas personas, Bukele dijo este lunes que se trata de “asesinos” y “delincuentes de alto perfil”. Afirmó que el traslado de deportados de Estados Unidos al Cecot es “un paso más en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado”.

Distintos medios informaron que Abrego no es el único extranjero deportado y enviado al Cecot sin pruebas de que haya cometido delitos.

La BBC recogió varios testimonios de familiares de personas en esa situación, como el de Mercedes Yamarte, que vio a su hijo Mervin en un video divulgado por el gobierno salvadoreño y supo que había sido detenido en Dallas, o el de la venezolana Myrelis Casique López, que pensaba que su hijo, por ser un inmigrante indocumentado, sería deportado de Texas a Venezuela, pero terminó en el Cecot.