El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, comenzó este miércoles una visita de cuatro días a Budapest, la capital húngara. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, le garantizó que su país no cumplirá con la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional de La Haya y pendiente sobre el líder israelí debido a la acusación de crímenes de guerra perpetrados en la Franja de Gaza. Además de mantener dos encuentros oficiales, Netanyahu y su esposa se tomarán un fin de semana de vacaciones que serán pagadas por el anfitrión.

Orbán, un derechista conservador de tinte autoritario, es conocido por combinar posiciones favorables a Israel con expresiones antisemitas, como las que él y su gobierno suelen usar para referirse al multimillonario de origen húngaro George Soros y a opositores liberales. La oposición en Israel acusa a Netanyahu de querer imitar a Orbán en la neutralización del Poder Judicial y de los controles al accionar del Ejecutivo.

La afinidad entre el primer ministro israelí y un gobernante europeo con evidentes tintes antisemitas no sorprende si tomamos en cuenta la conferencia internacional que organizó la semana pasada en Israel el ministro de Diásporas Judías, Amichai Chikli.

Bajo la consigna de la lucha contra el antisemitismo, Chikli reunió en Jerusalén a numerosos representantes de partidos de ultraderecha europeos, varios de ellos identificados con posiciones y actitudes que oscilan entre neonazis y posfascistas: los franceses Jordan Bardella, líder de Agrupación Nacional, y Marion Maréchal (nieta del recientemente fallecido Jean-Marie Le Pen); el dirigente de los Suecos Democráticos Charlie Weimers; representantes del partido español Vox y del partido Fidesz de Hungría, y Sebastiaan Stöteler, del ultraderechista Partido de la Libertad de Países Bajos, entre otros.

El representante de los separatistas serbios en Bosnia, Milorad Dodik, huyó de la conferencia al día siguiente de llegar a Israel al enterarse de que se había publicado una orden internacional de captura en su contra, acusado de atentar contra el orden constitucional de Bosnia. De América Latina participó el expresidente paraguayo Horacio Cartes, célebre por numerosas denuncias e investigaciones por actividades delictivas y declarado “significativamente corrupto” por Estados Unidos. Quien canceló a último momento su participación en el encuentro sin dar explicaciones públicas fue el presidente argentino, Javier Milei.

Buena parte de los invitados, como representantes de comunidades judías europeas, dirigentes que habitualmente suelen alinearse con las políticas de Israel, cancelaron su participación en el evento al enterarse de la presencia de ultraderechistas de connotada reputación antisemita en sus países.

El contenido de las intervenciones en la conferencia y las declaraciones públicas de organizadores y participantes corresponden más a una alianza racista de islamófobos que de opositores al antisemitismo.