Este jueves, en una reunión al margen del Foro de Davos, el presidente estadounidende, Donald Trump, mantuvo una reunión de aproximadamente una hora con su par ucraniano, Volodímir Zelenski, en la que el tema excluyente fue la guerra que se está librando en territorio ucraniano. Luego del encuentro, Trump calificó la reunión como “buena” y volvió a insistir en que “esta guerra tiene que terminar”.
Horas antes, el líder republicano había dicho que las tratativas tendientes a solucionar el conflicto estaban en un “punto decisivo” y que un acuerdo parecía “razonablemente cerca”.
Poco después de la reunión en Davos, en Moscú el presidente ruso, Vladimir Putin, mantuvo un encuentro con el enviado especial de Trump, Steve Witkoff. En la reunión con el líder ruso también participó Jared Kushner, yerno de Trump.
Medios rusos recordaron que el de este jueves fue el séptimo encuentro cara a cara entre Putin y Witkoff, en el contexto de los intentos de Trump de detener la guerra y comenzar a hacer negocios con la reconstrucción de las amplias infraestructuras ucranianas dañadas durante el conflicto bélico, que comenzó hace ya casi cuatro años.
La resolución rápida del conflicto entre rusos y ucranianos fue uno de los mantras a los que apeló el republicano durante la campaña electoral que lo llevó a la Casa Blanca, en la que reiteradamente dijo que sembraría la paz por todo el mundo de manera rápida y efectiva.
Por ello, que la guerra entre Rusia y Ucrania siga representa un fracaso personal para Trump, que había repetido una vez y otra también que él en la presidencia resolvería el conflicto en 24 horas, apoyado también en la convicción de que la guerra nunca se habría producido si él hubiera sido el inquilino de la Casa Blanca cuando comenzó.
Pero Putin no se viene mostrando muy afín a terminar con la guerra territorial en la que su ejército tomó extensiones importantes de cuatro óblast (provincias) ucranianas: casi la totalidad de Lugansk, que junto con Donetsk (80% bajo dominio ruso) conforma la región del Donbás; el 75% del territorio de Zaporiyia, incluyendo el control de la central nuclear situada cerca de la capital regional, y más del 70% del óblast de Jersón, además de asegurar por completo la soberanía rusa sobre la península de Crimea, zona invadida por las fuerzas de Moscú en 2014.
Rusia, como condición para terminar la guerra, que empezó en febrero de 2022, remarcó que Ucrania debe aceptar la soberanía rusa sobre la región del Donbás y también sobre Crimea, además de desistir en sus ambiciones de ingresar a la OTAN, ente otros puntos.
Estos temas en los que el Kremlin se muestra totalmente inflexible parecen ser trabas para un posible acuerdo de cese al fuego, aunque la diplomacia sigue actuando, y trascendió que este viernes, en Emiratos Árabes Unidos, funcionarios de los gobiernos de Rusia, Estados Unidos y Ucrania se reunirán para intentar acercar posiciones.
No está claro si los contactos entre rusos y ucranianos serán directos o mediados por los estadounidenses, pero lo concreto es que habrá una instancia de negociación en la que se verá hasta que punto el gobierno de Kiev, claramente derrotado en el frente de batalla y con el apoyo estadounidense en cuestión, está dispuesto a seguir luchando una guerra que de ninguna manera ganará.
Totalmente por fuera de la conversación quedó Europa, que en las últimas semanas estuvo completamente distraída por las pretensiones coloniales de Donald Trump sobre Groenlandia, abriendo un segundo frente de preocupación para los líderes del viejo continente, que están viendo cómo su escudo de seguridad parecer ser más débil que nunca desde de la Segunda Guerra Mundial.
El papel de Europa en la actualidad también fue abordado por Zelenski en el discurso que dio este jueves en el Foro de Davos antes de reunirse con Trump. El presidente ucraniano afirmó que Europa debería desempeñar un papel más contundente en la lucha contra la “flota fantasma” de petroleros rusos, que contribuyen a financiar la maquinaria bélica de Moscú, y afirmó que a Rusia le sigue resultando muy fácil eludir las sanciones y seguir produciendo en masa misiles y otros artefactos explosivos.
Las amenazas a Europa eran cruciales para la OTAN, afirmó, y Europa necesitaba unas “fuerzas armadas unidas” que pudieran defender el continente. Pero actualmente, expresó Zelenski, Europa se apoya únicamente en la creencia de que, si surge una amenaza, la OTAN reaccionará. “Pero nadie ha visto realmente la alianza en acción. Si Putin decide tomar Lituania o atacar Polonia, ¿quién responderá? Actualmente, la OTAN existe gracias a la creencia de que Estados Unidos actuará... pero ¿y si no lo hace?”, se preguntó Zelenski.