La semana pasada, Rafael Correa, presidente de Ecuador desde 2007 hasta 2017, visitó Uruguay. Si bien sigue siendo un referente político en su país, donde su movimiento Revolución Ciudadana es la mayor fuerza opositora, vive con su familia en Bélgica, donde tiene el estatus de asilado político.

En Ecuador, Correa fue condenado a ocho años de cárcel por el llamado Caso Sobornos, un fallo que ha atribuido a una persecución judicial que se aplica también a las principales figuras de su movimiento, y que tuvo nuevos casos en los últimos días.

El expresidente visitó Uruguay en una recorrida por la región en la que entrevistó a varias figuras políticas para el programa que encabeza en el canal Russia Today, Conversando con Correa. Durante la visita, dialogó con la diaria sobre la política ecuatoriana actual y un gobierno que califica como “dictadura”, del proceso de avance del narcotráfico en su país y las razones que lo favorecieron, y de lo que implica para el continente la nueva política de Washington.

Justo esta semana hubo una situación con el movimiento Revolución Ciudadana, que fue suspendido por 90 días.

No hay una situación, hay diez millones de situaciones. Como Ecuador es un país marginal, nadie hace caso, pero hay una narcodictadura. Ya tenemos un narcoestado, lo dice la propia revista The Economist, y no existe Estado de derecho.

Nos robaron las elecciones presidenciales en abril del año pasado, a todo opositor lo meten preso y se lo allana en el inicio del proceso. Se allanó la casa de Luisa González, excandidata presidencial. Al alcalde de Guayaquil, la ciudad más grande, lo metieron preso, lo mandaron a una prisión de alta seguridad. Lo raparon. Acaban de allanar al alcalde de la ciudad de Cuenca [Cristian Zamora, del partido Izquierda Democrática], que también era opositor al gobierno. Vivimos una dictadura con elecciones. Elecciones tramposas, con fraude. Y hace unos días, sin ley. No existe artículo legal, no existe lógica. Proscribieron al partido más grande de la oposición por nueve meses. Eso significa que ya nos impiden participar en las elecciones seccionales [locales] de febrero de 2027 [porque el partido no llega a cumplir con los plazos de inscripción]. Las últimas elecciones seccionales barrimos, arrasamos. Entonces quitan de la cancha al principal jugador, al goleador.

Nos dicen que hay una denuncia de lavado de activos. Se ha empezado una indagación previa. Ni nos enteramos, no nos comunican nada. Y el fiscal, puesto ahí por Noboa, ofició a un juez del Tribunal Constitucional Electoral. Todo eso está cooptado. Las autoridades electorales son ilegales, prorrogadas, títeres de Noboa. Entonces, un juez constitucional dicta una suspensión por nueve meses al movimiento más grande de oposición, y ganador de las últimas elecciones, a pedido de un fiscal que es penal, pidiendo sanciones electorales. No existe ley.

La sanción se aplica después de ser condenado, cuando ya se perdió la presunción de inocencia en el caso de personas naturales. Aquí estamos hablando de una persona jurídica. Se dice que es una medida cautelar. Eso no existe para organizaciones políticas, para personas jurídicas. No existe para esta clase de infracciones. Se están inventando la ley. Estamos en la incertidumbre jurídica total. Vamos a ver si la corte constitucional reacciona, pero también está tomada. Llama mucho la atención eso porque tiene un efecto inmediato político.

¿Cómo un gobierno tan nuevo, que asumió en noviembre de 2023, ya logró tener de su lado a esa institución?

Porque es nuevo en figura. Son los poderes de siempre los que han dominado el país. Captan todo. Tienen el poder mediático, el económico, el religioso. Tienen el poder militar. Tienen el respaldo de Estados Unidos. Y vino el heredero más rico del país con hambre atrasada, a arrasar con el país. A saquear al país con el respaldo de Trump. Dicho sea de paso, ahora están tratando de generar un conflicto bélico con Colombia [que denunció que fue lanzada una bomba desde Ecuador a su territorio].

También se generó una crisis con México, hace dos años, cuando policías ingresaron a la embajada para capturar al exvicepresidente Jorge Glas.

Violó la embajada de México y secuestró a un refugiado político, que es delito tipificado en nuestro código penal, que atenta contra el derecho internacional, pero no pasa nada. Ahora está buscando un conflicto bélico con Colombia, seguramente obedeciendo unos mandatos de [el presidente estadounidense, Donald] Trump para desestabilizar a [el colombiano Gustavo] Petro.

En Ecuador hace siete u ocho años que no hay Estado de derecho. En 2018 se dio un golpe de Estado [con el viraje político del entonces presidente Lenín Moreno], capturaron toda la información del Estado. Es el país donde más lejos se ha ido con el lawfare, gente inocente enterrada en vida. Y es como que no pasa nada.

Jorge Glas está preso en pésimas condiciones, ha bajado 40 kilos. La última [acusación que lo llevó a la] prisión, porque ya estaba en plena libertad, es un caso ridículo, inventado por venganza, por persecución. Se llama Reconstrucción, porque es sobre la reconstrucción de [la provincia de] Manabí después del terremoto [de 2016]. Él fue el director del comité de reconstrucción. Se actuó extraordinariamente, pero si se hubiera hecho alguna obra fraudulenta, él no daba los contratos, no firmaba. Era un comité que aprobaba los proyectos. La ley es para reconstrucción y reactivación económica, pero la fiscalía inventó que era solo reconstrucción. Se construyó un parque que fue diseñado para que no se vuelva a construir en una zona sísmica, y para que cuando se desborde el río Puerto Viejo, se inunde el parque y no la ciudad. Eso es parte de la acusación, que el parque se inunde, ¡cuando está diseñado para eso!

La fiscal se inventó el caso: como no son obras de reconstrucción, entonces va preso 13 años, y tiene que pagar los 240 millones que se invirtieron en todas las obras, como si no existieran: el mercado, el puerto artesanal. Es una locura, una locura. Pero por eso está preso. No hay ley. Hay presos políticos. Y Dios quiera que me equivoque, pero Jorge Glas se debate entre la vida y la muerte.

En el caso de Venezuela, más allá del debate sobre las últimas elecciones, ¿cómo vio la intervención de Estados Unidos?

Seamos amigos o enemigos de Maduro, esto lo tiene que rechazar el mundo entero. ¿Qué es esto de secuestrar a un presidente?, por Dios... Cuando yo era estudiante, ya de maestría, ya estaba en Europa, en 1989, fue la invasión a Panamá contra Manuel Antonio Noriega, un dictador, al que se acusó de narcotraficante, pero que fue puesto ahí por Estados Unidos y era de la CIA. Y también me opuse. Porque no se trata de si es de izquierda o de derecha, no pueden invadir un país para secuestrar a un presidente, capturarlo. Hay que respetar la soberanía, el derecho internacional. ¿Cómo pueden invadir un país y matar gente? ¿Qué nos pasa? Murieron 100 personas en el ataque a Venezuela. Esto debe ser rechazado por todo demócrata, todo institucionalista, todo humanista. Son las cosas que se van perdiendo cada día más en el mundo de hoy.

Su gobierno coincidió temporalmente con el de Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Tabaré Vázquez en Uruguay, y hubo iniciativas de integración regional. Ahora parece haber una articulación entre gobiernos de derecha.

Tratan de articularse. Tienen capacidad de veto, lamentablemente, por errores que nosotros mismos cometimos. Por ejemplo, en la Celac todo debe ser aprobado por consenso. La regla del consenso significa que cualquier país tiene capacidad de veto. Lo mismo en la Unasur. Fue una partida de defunción de la Unasur. No aprendemos de la historia. Yo me opuse a eso. Pero me dijeron que ya lo iban a arreglar y nunca lo arreglaron.

Sin embargo, en los años 90 no había un gobierno de izquierda en América del Sur. Hoy sí los hay en Colombia, Brasil, Uruguay. Más al norte está México. Solo con México, Colombia y Brasil son casi 60% de la población latinoamericana. O sea, América Latina está en disputa. No es que la izquierda haya sido aniquilada y la derecha esté prevaleciendo.

A nosotros nos tienen que robar las elecciones para ganar, nos tienen que proscribir al partido. Impiden al partido postularse, me impiden regresar porque saben que los vamos a barrer en elecciones limpias. Entonces, la izquierda está muy fuerte todavía. América Latina está en disputa. Incluso cuantitativamente. Jamás habíamos tenido tres de las cinco principales economías de la región. Hoy tenemos la más grande, la de Brasil, la segunda más grande, México, la tercera, Colombia. Y hasta hace poco teníamos la cuarta, que era Argentina, y la quinta, que era Chile.

Cinco de cinco, eso no se ha visto nunca. Más que un cambio cuantitativo en extensión, lo que sí hay es un cambio cualitativo y de intensidad. Y es una progresión muy grande. Tenemos una derecha que ahora proclama lo que antes daba vergüenza, se jacta de esas cosas: el entreguismo, ser cipayo, lacayo, venderse al mejor postor, atentar contra los derechos humanos, aplaudir los atentados contra nuestros propios compatriotas, la persecución a inmigrantes, la invasión a Venezuela.

Cuando yo fui presidente, había mínimos comunes. Por ejemplo, el respeto a la democracia, el respeto a los derechos humanos, el alza de la integración. Y hasta eso ha perdido la derecha.

Foto del artículo 'Rafael Correa: “En 2010 dijimos: hay un cambio en el mercado de la droga” y “los cárteles mexicanos están viniendo hacia el sur”'

Foto: Alessandro Maradei

Además de esta intensidad y violencia en el discurso, hay una polarización fuerte, por ejemplo, en Argentina, a favor y en contra del kirchnerismo, y quizás también en Ecuador, con gente que se muestra muy convencida “a favor de Correa” o “en contra de Correa”. ¿Cómo se dio esa polarización?

Somos procesos transformadores. Si no hiciéramos nada, no tendríamos oposición. Pero cuando es un proceso de transformación, siempre va a tener oposición. Y no por el caso en concreto. En general, la élite subsiste con el control del poder político y el control del Estado. Con nosotros lo perdían, por más que les fuera bien. En mi gobierno, las utilidades empresariales se triplicaron –yo goberné diez años– con respecto al gobierno anterior. Debía haber tenido el apoyo de todas las cámaras empresariales. No tenía el apoyo de ninguna. Tal vez de las cámaras pequeñas. Porque tienen otra lógica: es la lógica de controlar el poder. Y no es solo una manera de hacer negocios, porque no son capitalistas modernos que buscan la rentabilidad, la eficiencia, sino también las influencias. Tienen que dominar. Y que venga un gobierno a dominarlos a ellos, que no haga caso en cuanto a qué ministro poner, no lo pueden aceptar. Entonces, si usted transforma la estructura de poder, por supuesto que va a tener oposición. Y, por supuesto, hay gente que lo quiera matar. Y, por supuesto, hay gente que azuce eso.

Y cuando eso pasa, se rasgarán las vestiduras. Eso ocurrió en la historia ecuatoriana. A inicios del siglo XX, arrastraron, quemaron al que se considera el más grande presidente de la historia, Eloy Alfaro. Azuzados por la Iglesia, por la prensa. Y luego todos se rasgaron las vestiduras. ¡Qué barbaridad! ¡Qué barbarie!, cuando ellos mismos indujeron el problema.

Casi matan a Cristina Fernández hace dos años. No salió la bala. Si eso funcionaba, se iban a rasgar las vestiduras. ¡Ay, qué barbaridad! Se induce todos los días eso. Es un odio muy profundo, pero minoritario. En Ecuador será un 15% o 20%, pero existe y es un peligro. La mayoría es gente de buen corazón. Pero ¿por qué hay esa minoría que nos odia? Porque transformamos. Si no hiciéramos nada, no nos odiarían, claro.

En el caso de un sector que es fuerte en Ecuador, como el de los movimientos indígenas, que también tuvo confrontación con su gobierno, ¿cree que se pudo haber buscado un acercamiento?

Se buscó varias veces el acercamiento. Es imposible. Yo gané siempre en todas las zonas indígenas. Siempre derroté al candidato indígena en zonas indígenas. Una cosa son las bases y otra cosa es la dirigencia. Y la dirigencia es terrible. Hay mucha infiltración de la derecha, de la CIA, mucha compra de conciencia, mucha corrupción, como también hay buenos dirigentes. Pero un error es mitificar a los indígenas.

La dirigencia indígena es en gran parte culpable de la situación actual. Porque es el todo o nada. Entonces, como no aceptamos que nos impongan su agenda, que se ha derrotado en las urnas, optan por irse con todo contra el gobierno de la Revolución Ciudadana, y eso hace el favor a que la derecha arrasara. Y cuando arrasa la derecha, dicen “no hagamos mucha bulla” que estos sí son malos, estos sí matan. ¿Antes sí había que hacer porque se respetaban los derechos humanos? Con esa doble moral le están haciendo el favor al verdugo. Entonces, tienen que hacer un gran ejercicio de reflexión.

Es muy difícil considerar que el mundo indígena tiene un gran poder social, que no se traduce en poder político electoral, y no saben manejar ese poder social. Es lo mismo un gobierno de izquierda con el que no estén de acuerdo en el 1% o 5%, que un gobierno de derecha con el que no están de acuerdo en el 100%. Es todo o nada. Y eso hace un gran daño a la propia democracia.

En Uruguay, cuando se habla de narcotráfico y crimen organizado, se dice a veces que estamos en una situación parecida a la que atravesaba Ecuador hace unos años, y que es necesario aprender de su experiencia para evitar que las cosas empeoren. ¿Usted durante su gobierno pudo ver algún indicio de que ese tipo de delito se estuviera instalando en el país, o pudo verlo después, desde afuera?

Claro que lo vimos. En 2010 –y yo tengo varias intervenciones diciendo esto– dijimos: hay un cambio en el mercado de la droga. Se está perdiendo mercado en Estados Unidos frente a drogas más baratas, químicas, más mortales, fentanilo, etcétera. Y los cárteles mexicanos están viniendo hacia el sur. Sentimos que había un ataque a toda la región, entre ella, Ecuador. Reformamos el código penal, endurecimos penas, reforzamos el sistema de seguridad y defendimos al país, al Estado, de ese mayor peligro.

Llega [el expresidente Lenín] Moreno. Gana las elecciones con nosotros. Es cooptado por los gringos, nos traiciona y elimina el Ministerio de Seguridad. La seguridad no es unidimensional, no es Policía, Fuerzas Armadas, eso es represión. Es cancillería, movilidad, es educación, es cárcel para que haya verdadera rehabilitación, es inteligencia para prevenir. Por ejemplo, en las cárceles la inteligencia es muy importante para prevenir lo que se esté planeando en materia de delito.

Destruyeron el ECU 911, que era el sistema integrado de seguridad más moderno de esa época y más completo, teníamos cámaras en todo el país, atención en tiempo real, veíamos por cámaras si estaban asaltando un bus. Todo lo destruyeron. Eliminaron el Ministerio de Seguridad, el del Interior. Había hasta comisiones binacionales de frontera con Colombia, con Perú, porque la droga viene de Colombia, las armas de Perú. Actuábamos en conjunto. Todo lo eliminaron. Eliminaron el Ministerio de Justicia, que estaba a cargo de las cárceles. Incrementaron las cárceles y las repartieron entre los grupos, las bandas de crimen organizado. En lugar de poner en el pabellón A los de baja peligrosidad, en el pabellón B los de mediana, en el C de alta, lo que hicieron fue poner en el A a Los Lobos, en el B a Los Choneros, en el C a Los Tiguerones, para que dirijan el crimen organizado. Eso lo hizo Moreno. Hay testimonios y no se investigaba. Eso es un crimen de lesa humanidad, un crimen de lesa patria.

Ya no tuvo cómo defenderse el Estado frente a toda esta agresión de los cárteles, que la sentíamos. Y no solo eso, ya está infiltrado el narcotráfico en el Estado, en la Justicia, Fuerzas Armadas, Policía, gobierno, Asamblea, ya somos un narcoestado. Es mucho más difícil erradicar ese problema. Liberaban a cada rato a los cabecillas que nosotros teníamos presos.

¿Todo esto desde tiempos de Lenín Moreno?

La gran debacle, hay que decir la verdad, vino con Moreno. [Guillermo] Lasso lo toleró, no reparó nada, no profundizó muchas cosas, pero el que destrozó toda la institucionalidad de seguridad del Estado y repartió las cárceles, en un crimen de lesa patria, fue Moreno.

¿Qué opina del papel que está jugando hoy Estados Unidos en la región?

Terrible. Es un cambio de época, no es una evolución, no es una transición. No, es un cambio radical, brutal, que no se veía hace décadas. ¿Por qué? Solo los ingenuos pueden creer que las intervenciones de Estados Unidos son en nombre de la libertad, de la democracia. Son en función de sus intereses. Pero guardaban, no la forma, porque había agresiones brutales, pero sí la narrativa: decían actuar en el nombre de la libertad, de la democracia. “En el nombre de la libertad exterminamos a los comunistas y ponemos a Pinochet”. Aunque sea la narrativa. Ahora no, ahora te dicen: “Yo invado Venezuela porque quiero el petróleo”. Y no guardan las apariencias. Además, imponen esos valores: “Es correcto que yo pueda invadir un país por su petróleo; yo puedo someter a cualquier gobierno porque tengo el ejército más fuerte”. Antes, la civilización era el Estado de derecho, la institucionalidad en función de los derechos. La barbarie es que se imponga el más fuerte. Volvimos a esa barbarie y lo reivindican. Lo que antes daba vergüenza ahora lo dicen sin tapujos. Eso es un cambio. Estamos en un nuevo tiempo con otra escala de valores, o antivalores. Es muy peligroso para la humanidad porque el retroceso civilizatorio es volver a la barbarie.