Este martes, tal como lo viene haciendo diariamente desde hace al menos una semana, el presidente estadounidense, en su habitual contacto con los medios de prensa en la Casa Blanca, dijo que la guerra en Irán se está acercando a su fin.
Estados Unidos no seguirá luchando contra Irán “por mucho más tiempo”, expresó el mandatario, aunque sin dar precisiones claras sobre plazos y objetivos. Además, insistió en que Teherán representaba una “amenaza inminente” para Washington, después de la renuncia del director del Centro Nacional Antiterrorista, Joe Kent, quien criticó la guerra desatada contra Irán por considerarla innecesaria.
Trump declaró que Kent “era débil en materia de seguridad” y que se alegraba de que hubiera decidido renunciar al cargo. “Cuando alguien que trabaja con nosotros dice que no creía que Irán fuera una amenaza, no queremos a esas personas”, dijo el presidente a los periodistas en el Despacho Oval, de acuerdo con lo que consignaron medios locales y agencias internacionales.
En un mensaje publicado en su cuenta de X, Kent, un extremista de derecha de 45 años, quien desde hacía largo tiempo era un acérrimo partidario de Trump, escribió: “No puedo, conscientemente, apoyar la guerra en curso en Irán”. “Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, agregó el ahora exfuncionario, quien es un exsuboficial de las fuerzas especiales con amplia experiencia en combate.
Aun así, mientras Trump habla en la Casa Blanca, en el terreno los bombardeos prosiguen, y este martes Israel anunció -y luego las autoridades iraníes confirmaron- el asesinato de dos figuras importantes dentro de la estructura de poder de Irán. Uno es Ali Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, quien había sido visto con vida por última vez en un desfile el viernes en Teherán.
De acuerdo a lo que explicó la cadena catarí Al Jazeera, Larijani es el funcionario iraní de más alto rango asesinado por Israel después del ayatolá Alí Jamenei, quien murió el primer día de la guerra, el 28 de febrero.
También este martes se confirmó que en otro ataque fue asesinado Gholamreza Soleimani, líder del grupo Basij, una fuerza paramilitar de voluntarios, que es una de las que integra los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). En un comunicado difundido el martes por la agencia de noticias semioficial iraní Tasnim, la CGRI afirmó que el hombre de 62 años murió en un “ataque del enemigo estadounidense-sionista”.
Como reacción a estas muertes, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, remarcó que el de su país es un sistema basado en instituciones y que la muerte de quien sea no lo desestabilizará. Araghchi recordó que la persona más importante de Irán era el líder Jameneí y que, a pesar de su muerte, el sistema no sufrió ninguna alteración.
Por su parte, Irán también sigue respondiendo a los ataques y este martes se reportaron lanzamientos de cohetes contra la embajada estadounidense en Bagdad, la capital de Irak, por segunda vez en 24 horas. Al mismo tiempo, las fuerzas de Teherán prosiguieron con sus bombardeos contra los países del Golfo Pérsico, causando la muerte de una persona en Emiratos Árabes Unidos y la interceptación de misiles en Qatar, Arabia Saudita y Baréin.
En Israel, un ataque con misiles sobre la ciudad de Ramat Gan, cerca de Tel Aviv, causó la muerte de dos personas. Los primeros informes indicaban que las personas asesinadas se dirigían al refugio antibombas. Más temprano medios israelíes habían informado sobre otros bombardeos iraníes que activaron las sirenas en el centro y norte del país y también en Cisjordania. Cayeron fragmentos de metralla en varios lugares, incluyendo Holon, Or Yehuda, Tel Aviv y Abu Ghosh, al oeste de Jerusalén, provocando incendios y daños en carreteras y edificios cercanos.
Polémicas sobre Ormuz, guerra amplia en el Líbano y limpieza étnica en Cisjordania
Este martes el gobierno de Francia se sumó a los de varios países europeos y también al de Japón, y declaró que no se sumaría a los esfuerzos para asegurar el pasaje de buques por el estrecho de Ormuz, mientras que Alemania afirmó que una solución exclusivamente militar es poco realista.
Trump volvió a manifestar su molestia con el tema y declaró que Estados Unidos no necesita a la OTAN. El presidente estadounidense calificó el rechazo de su pedido como un “error garrafal”, y agregó: “Todos están de acuerdo con nosotros, pero no quieren ayudar. Y nosotros, como Estados Unidos, debemos tenerlo presente, porque nos parece bastante indignante”.
Mientras el presidente estadounidense sigue empantanado con la guerra y confrontando con los europeos, Israel mantiene, además de la guerra con Irán, otra con la milicia chiíta pro iraní de Hezbolá, conflicto que está sumiendo a Líbano en una potencial crisis humanitaria debido a que cerca del 15% de la población total del país fue desplazada de sus hogares, particularmente de la zona sur, que limita con el norte de Israel.
Hezbolá sigue demostrando tener una impensada capacidad de fuego y este martes disparó decenas de cohetes contra las fuerzas israelíes en el sur de Líbano. El ejército de Israel advirtió sobre la intensificación de los preparativos para intentar desarticular el aparato militar del partido chiíta, al tiempo que voceros militares informaron sobre el asesinato de varios combatientes de la milicia y la destrucción de lanzadores de misiles, infraestructura y un centro logístico en el sur de Beirut, la capital libanesa.
Pero mientras el ejército de Israel combate por tierra en Líbano y mantiene su sofisticada guerra a distancia con Irán, en el territorio palestino de Cisjordania la violencia creciente e incesante corre por cuenta de los colonos judíos.
Sobre este tema, Naciones Unidas informó que más de 36.000 palestinos fueron desplazados en Cisjordania durante el último año en medio de un fuerte aumento de la violencia, advirtiendo que esta situación podría equivaler a una “limpieza étnica”. De acuerdo a datos publicados por la entidad con sede en Nueva York, los ataques de los colonos aumentaron a 1.732 frente a los 1.400 del año anterior, y se produjeron repetidos actos de destrucción de viviendas y tierras de cultivo.