En 1975 el historiador Carlos Machado redactó un informe sobre la coyuntura argentina que Vivian Trías elevó a sus superiores checoslovacos. El documento presenta el apoyo del socialismo uruguayo al gobierno derechista de Isabel Martínez de Perón y a José López Rega. Machado –cuyo nombre clave en el StB, el servicio checo, era “Medio”– y Trías coinciden en gran parte del análisis, pero se contradicen respecto del papel del hombre fuerte del gobierno de Isabel. Trías, ante la caída del “lopezreguismo”, pone sus esperanzas en los militares y, principalmente, en el “progresismo” de Jorge Rafael Videla. Los documentos muestran posiciones del socialismo nacional uruguayo dejando en claro aquellos enfoques, con sus límites y sus carencias fundadas en la visión mitopoyética del revisionismo y en la tercera posición, a pesar del marxismo y de la democracia.

Los socialistas uruguayos con Isabel y López Rega

Cuando la dictadura comenzó en Uruguay, Vivian Trías perdió gran parte de sus contactos políticos y su trabajo para el StB cayó en una orfandad peligrosa para sus objetivos particulares.1 La política uruguaya entró en un impasse largo, en el que, además, el Partido Socialista del Uruguay (PSU), en los hechos, no existía.2 Trías, entonces, convenció a sus superiores checoslovacos de que el eje del proceso político se había desplazado a la Argentina del tercer peronismo. Sus contactos en Buenos Aires eran amplios y, principalmente, contaba con la ayuda de Carlos Machado, historiador revisionista uruguayo, compañero de Trías en la construcción del socialismo nacional en el PSU. Machado se había exiliado en Buenos Aires luego de haber sufrido una dura prisión y de ser interrogado por Amodio Pérez.

El tercer peronismo significó para Trías y Machado la gran prueba para confirmar sus posiciones teóricas, históricas e ideológicas. Y de la documentación relevada surgen las acrobacias intelectuales que debían hacer ante el StB y ante sí mismos para que toda su obra de la década de 1960 no fuera arrasada por la realidad. El tercer gobierno de Juan Domingo Perón y sus sucesores se encargaron de mostrar los límites del revisionismo, del tercerismo y de la izquierda nacional.

Para ambos autores el peronismo era, principalmente, un proyecto que expresaba a la burguesía nacional. En tal sentido, era una fase asimilable a la “revolución burguesa” hecha de manera muy sui generis. En ninguna de sus consideraciones, salvo la de Trías en la década de 1950, se tuvieron en cuenta otros factores –políticos, culturales, simbólicos– por fuera de una muy simple consideración clasista. La expresión política conservadora del peronismo no estaba ni en el discurso ni en el análisis de estos revisionistas uruguayos, deslumbrados por lo que creyeron que era la realización de sus tesis. Sin embargo, a pesar de sus coincidencias, no deja de haber diferencias en los enfoques de Machado y Trías, diferencias que este último subrayó ante sus jefes checoslovacos.

Según Carlos Machado, los socialistas apoyaban el gobierno derechista de Isabel Perón a partir de un enfoque singular, por lo menos. “El peronismo es un movimiento burgués nacional. Es burgués por su proposición: desarrollar las fuerzas de producción sin cambiar las relaciones de producción. Es nacional por su intención: se logra el desarrollo rompiendo dependencias (del imperialismo). Su historia evidencia que los imperialistas lo supieron bien. Batallaron hasta derribarlo en el 55. Hoy batallan igual. Nosotros, socialistas, lo apoyamos por esa razón: es a la vez gestor y conductor del frente de liberación nacional. [...]”. Machado ofrece una caracterización de la política peronista increíble: “Por su definición, inconfesa, es socialdemócrata por reformista [...] En contradicción con la vieja socialdemocracia de Europa [...] es totalitario por su vocación”. El apoyo a una propuesta totalitaria era bien visto en tanto rompía con el liberalismo, “aliado doctrinario y doctoral de todos los agentes de la dependencia”. Concentrando sus críticas en la burocracia sindical y absolviendo a Isabel Perón y a López Rega del “rodrigazo”,3 Machado ofrece una singular definición del papel del fundador de la Triple A. En su rol de ministro de Bienestar Social, López Rega “cubre de modo eficaz la misión de acercarle la masa a Isabel y congregar en torno a la jefatura respaldo popular. Por eso los ataques contra López Rega. No por incompetente (porque no lo fue). No por indecente (porque no se le pudo probar indecencia y es demasiado fresca tal acusación para darle asidero veraz). No por su ordinariez o su vulgaridad (y cuantos “izquierdistas” resuellan por allí viejos resentimientos clasistas), que no excede, quizá, la que promedia la totalidad del equipo que creció en derredor de Perón. No por su antipatía, su inoportunidad, su imagen ‘imbancable’ [...]. No por su concepción espiritista (la que tuvo Perón). No porque lo supongan responsable o autor de cierto terrorismo que instrumenta la CIA, alimenta la CIA, beneficia a la CIA, y daña, sobre todo, generando más y más conmoción, más inseguridad, desestabilizando al gobierno que expresa López Rega. No. Atacan a López Rega para dar jaque mate a Isabel. Para dejarla sola. Para separarla de la masa. Para derribarla con facilidad o dejarla, como mera ficción, convertida en figura sólo decorativa: una reina Isabel. ¿Que López Rega ha cometido errores? Por supuesto. ¿Es despreciable? No. Apenas lamentable. [...]”.4 El terrorismo de la Triple A, entonces, era para Machado una hechura de la CIA, lo que absolvía a López Rega de la matanza que destrozó la débil democracia argentina. “Lopecito”, como le decía Perón, era el vínculo entre la presidenta y el pueblo, nada más ni nada menos. La disputa interna entre el terror fascista, Montoneros y la burocracia sindical era negada. Vivian Trías, en este aspecto, pensaba distinto pero coincidía con las visiones que interpretaban aquel peronismo de 1975 como izquierdista. En un anexo a sus superiores aclaró sus diferencias.

“Los puntos de vista de M5 no concuerdan con los míos en algunos aspectos importantes, pero son muy sagaces y muy bien fundados”, sostenía Trías. Subrayó coincidencias: “Su tesis central es que la Argentina no tiene más opción a la izquierda que el peronismo (lo que comparto enteramente) y de que lo que destruya al peronismo es reaccionario (también estoy de acuerdo). De ahí su defensa de la ‘verticalidad’. Tiene razón en que no hay sustituto para Isabel (véase lo que dice sobre los antecedentes de Luder)”.

“Pero creo que comete un error serio al no tener en cuenta que el lopez-reguismo expresa los intereses monopolistas y latifundistas, dentro del peronismo [subrayado en el original]. Creo que no mide en toda su gravedad las conexiones de López Rega con la Triple A. De todos modos su interpretación personal es realmente interesante”.6 Este peronismo “izquierdista”, presidido por Isabel, tenía como principal gestor y apoyo de la presidenta al creador de la Triple A, que en la visión de Trías representaba intereses económicos. Para ambos analistas la dimensión ideológica y la promoción de Perón del terrorismo fascista formaba parte de la negación.

A pesar de sus coincidencias en el análisis de este gobierno fundamentalmente conservador, Vivian Trías precisó al StB las características más importantes de la caída de López Rega. En su análisis, el final del Ministro de Bienestar Social y fundador de la Triple A se debió a la conformación de “una alianza del peronismo con tendencias que desde siempre lo enfrentaron. Es el caso del actual M. [ministro] de Economía Antonio Cafiero, del leader [sic] actual de la CGT Casildo Herrera, de toda la promoción nueva del sindicalismo y del movimiento peronista, especialmente la bancada de diputados, etc”. Para Trías, una vez terminado el “lopezreguismo” se afirmó “la tesis de lo que podríamos llamar ‘neo-verticalismo’ en torno a Isabel Perón. [...] Esta corriente postula un gobierno pura y cerradamente peronista y lanza una doble ofensiva para cumplir sus objetivos”: manipular el congreso del Justicialismo e instalar a Federico Robledo como segundo de Isabel. El otro factor, que a la larga resultó ser determinante, fueron las Fuerzas Armadas, que sufren en este período, según Trías, un intento de “peronización”. “De ahí la designación del Cnel. Vicente Damasco, en actividad como Ministro del Interior, que es el Ministerio esencialmente político del gabinete. De esa manera con Damasco en esa función y Numa Laplane en la Comandancia del Ejército, este queda comprometido políticamente con el peronismo”. Trías sostenía que esta operativa había tenido consecuencias en las Fuerzas Armadas, “donde hubo un alzamiento mayoritario contra la designación de Damasco y luego contra la propia permanencia de Numa Laplane en la Comandancia [...]”. Sin abrir juicio acerca de la crisis institucional que significaba que los militares se inmiscuyeran en la política, Trías informó a sus jefes que “la mayoría de los Grales. se pronunciaron en contra de la designación de Damasco y el propio Numa Laplane debió votar para equilibrar posiciones”. El hecho de que Laplane cuestionara a los militares disidentes “agudizó” la crisis, con efectos políticos en el gobierno, cosa que para Trías era “interesante”. El hecho de que Lorenzo Miguel perdiera la posibilidad de instalar un adicto en la comandancia del Ejército fue visto como una derrota del “neo-verticalismo” “y la designación cayó en la figura de más relieve en estos momentos dentro del Ejército Argentino, Tnte. Gral. Jorge Videla. Fue formado junto a Carcagno en Tucumán y se le considera un nacionalista progresista muy capaz [...]”. Su designación “es un acto táctico, de fina inteligencia, [...] al arrebatarle la bandera del institucionalismo profesional –hoy mayoría en las Fuerzas Armadas– a la corriente liberal-lanussista”. O sea, Videla era un “progre” que respaldaría las instituciones democráticas, contra los acólitos de Lanusse, el general que, a la postre, se enfrentó al “proceso” y declaró contra sus pares en el Juicio a las Juntas durante la reinstitucionalización en 1984.

Para Vivian Trías la conclusión de esta “Crisis Damasco” no podía ser mejor: “La designación de Videla (también aperturista) [manuscrito en el original], tranquiliza a las Fuerzas Armadas, restablece su unidad y refuerza el institucionalismo, a la vez que las coloca en mejor situación para la lucha anti-subversiva. Además, a su frente no está un lanusista, sino un hombre de la corriente más progresista”, Jorge Rafael Videla. Finalmente, Vivian Trías sostuvo que “Argentina tiene el mejor gobierno que el peronismo puede darle en estas circunstancias [...]”, a pesar de que la guerrilla “irracional” distorsionaba la situación y dificultaba las soluciones. “Cada vez es más evidente la mano de la CIA. Pero no hay duda de que el porvenir es mucho más claro en la Argentina, que en el pasado inmediato”.7 Mantuvo la negación de la posibilidad golpista hasta el 16 de marzo,8 por lo menos... el golpe de Estado se dio ocho días después.

Los límites del revisionismo y de la tercera posición

Las obras históricas de Trías y Machado son las versiones uruguayas del revisionismo histórico de izquierda. Los documentos que acabamos de sintetizar –y cómo toda síntesis deja mucho en el tintero– reflejan esa concepción historiográfica en el análisis de aquel presente de 1975-1976. Quizá una buena guía para entender los despistes del socialismo nacional sea la obra de Tulio Halperin Donghi, El revisionismo histórico argentino como visión decadentista de la historia nacional.9 Si bien el revisionismo histórico inicial –hijo de la influencia de Charles Maurrás y su doctrina ultraconservadora–10 desdeñaba la democracia por reaccionario, desde ese enfoque instaló la vindicación de Rosas y el estigma de sus opositores. Así, la democracia no es un sistema ni una forma de convivencia, sino una ideología preñada por el muy cuestionado liberalismo. Este construye una falsa conciencia que debe denunciarse y, de esta forma, los revisionistas serán “los guías ideológicos” de la clase dirigente para la etapa posdemocrática.11 En consecuencia, así como los doctores unitarios habían perdido al general Lavalle en su lucha contra Rosas, en la historia del siglo XX los teóricos liberales o de izquierda habían operado de la misma forma con otros gobernantes. La identificación con Rosas los seduce, primero por su capacidad de crear un fuerte liderazgo por encima de las clases, dando a la plebe un lugar en el sistema, pero sin otorgarle ninguna posibilidad de decidir desde el poder. Rosas mediatizaba al populacho y, además, a las élites. El revisionismo conservador de Julio Irazusta se adhirió fervientemente a esta lectura histórica. En su época fascista, José María Rosa se deslumbró con esta visión. Sus obras posteriores fueron leídas con fruición por un Trías que subrayó y anotó La caída de Rosas.12 Poco después de su edición, don José María giró... al marxismo-leninismo, Revolución Cubana mediante. Cuando el marxismo impacta al revisionismo y lo recrea, no deja de ser lo que fue. Así, el peronismo fue asimilado a la visión inicial, en la que un líder operaba por encima de clases y élites dando a los sectores populares un lugar, pero no el poder. De esta manera, justificando sus posiciones políticas, el revisionismo de izquierda no fue más allá de “un periodismo político-retrospectivo”13 sin aportar nada nuevo a la investigación. Trías, Machado y Jorge Abelardo Ramos son buenos ejemplos de esto último.14 En definitiva, el revisionismo no es una corriente historiográfica, sino “una construcción de alegorías retrospectivas destinadas a dotar de alcurnia tradicional a las posiciones políticas favorecidas por los distintos autores revisionistas”,15 dice Tulio Halperín correctamente. Y los documentos que transcribimos más arriba sintonizan con esta visión.

Tanto Machado como Trías ven una realidad en la que la democracia no vale, en la que el caudillo y luego las élites dirigentes tenían la palabra “en nombre de”, para, en este caso, marcar el camino al socialismo. Cuando el camino fracasó en Uruguay luego de la debacle de la Unión Popular en 1962, el socialismo viró hacia el marxismo-leninismo, doctrina que fue identificada en algunos puntos por Carlos Machado con la verticalidad peronista.16 Desde ese enfoque, las alegorías del primer peronismo y la lucha antiimperialista justifican todas las excentricidades y el derechismo del tercer gobierno del General. Debido a la herramienta de análisis, el socialismo nacional, agotado hacía rato, confunden a un fascista extravagante como López Rega con un puente entre una gobernante inútil y su pueblo. Se olvidaron de que una cosa es lo popular y otra muy distinta es el lumpen. El mito de aquel pasado inventado no les dejó ver ni a Trías ni a Machado la pervertida dimensión fascista que el tercer peronismo mostró con toda crudeza. López Rega no fue una anécdota, fue una operación política de Perón para reprimir a la izquierda, sin discriminar entre guerrilla y militantes legales,17 debido a que para la represión estatal sólo le respondía la Policía.18 En cualquiera de los análisis de Machado ni se menciona la represión paramilitar de la Triple A, en un negacionismo que ratifica el fracaso de las concepciones con que analizaban la realidad. Un error similar cometen ambos autores cuando respaldan a Isabel Perón sin reparar en su ineptitud, ni en su derechismo pueril.

Finalmente, como ya hemos visto,19 Trías reitera su esperanza en el Ejército y, ahora, en el “progresismo” de Jorge Rafael Videla. Aquí su veta tercerista le juega una mala pasada, debido a las enunciaciones “emocionales” de la Tercera Posición, su plasticidad de términos intercambiados y las indefiniciones en las que cayó el tercerismo, producto del impacto de la Revolución Cubana. Así, el tercerismo puede expresare como equidistante de los dos polos, o también acercarse a uno de los dos términos del conflicto de la Guerra Fría.20 Esa libertad habilita aceptar el marxismo-leninismo y a la vez apoyar a Perón, Isabel y, como Carlos Machado, a López Rega. Estalla aquí la contradicción insalvable de esos marxistas que, en vez de “celebrar” lo moderno, lo detestan y se entrampan apoyando fenómenos políticos reaccionarios.21 Quizá cumplían así con el dogma formulado por Hernández Arregui –tan leído entonces– por el cual “los movimientos nacionalistas alimentados en filosofías reaccionarias, pueden cumplir un papel progresista”. Para este enfoque era “hipócrita” identificar “el fascismo con el nacionalismo de los países dependientes”.22 López Rega y la Triple A refutaron esta teoría a balazos. Además de la falta de información notoria sobre la interna militar y del desenfoque de la realidad que avanzaba a paso de ganso, como buenos revisionistas los socialistas nacionales vieron aquello que querían o necesitaban, y no lo que realmente era. Y aquí la “alegoría retrospectiva” para justificar aquel presente tuvo consecuencias trágicas.


  1. Archiv bezpečnostních složek (ABS). 43943/026/0331. RIOS. 11 de marzo de 1976. 

  2. ABS. 43943/024/0561. Zásnam o instruktážní schůsces RIOS-em dne 16.dubna 1974. 22 de mayo de 1974. 

  3. Se denomina “Rodrigazo” al ajuste liberal llevado a cabo por el ministro de Economía Celestino Rodrigo. 

  4. ABS. 43943/026/0431. S/N. [LOS HECHOS]. [SITUACIÓN POLÍTICA ARGENTINA]. Circa 16 de enero de 1976. 

  5. La M. significa Machado o Medio, su nombre clave. 

  6. ABS. 43943/026/0453. S/N. [SITUACIÓN POLÍTICA ARGENTINA]. Circa 16 de enero de 1976. 

  7. ABS. 43943/026/0383. La Crisis “Damasco”. Circa 16 de enero de 1976. 

  8. BS 43943/026/0367. Přijatá šifrovka. 16 de marzo de 1976. 

  9. Halperín Donghi, Tulio. El revisionismo histórico argentino como visión decadentista de la historia nacional. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2005. 

  10. Ver Maurras, Charles. Mis ideas políticas. Editorial Huemul, Buenos Aires, 1962. 

  11. Halperín, op. Cit., p. 20. 

  12. Rosa, José María. La caída de Rosas. Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1958. Tengo en mi poder el ejemplar que perteneció a la biblioteca de Vivián Trías subrayado por su antiguo propietario. 

  13. Halperín, op. cit., p.35. 

  14. El periodismo histórico retrospectivo es notorio en: Machado, Carlos. Historia de los orientales, Montevideo, 1971. En esta primera edición el estilo, sin notas al pie ni bibliografía, refleja bien el carácter de “periodismo retrospectivo”. En las siguientes ediciones los formalismos fueron subsanados. Ver también Ramos, Jorge Abelardo. Historia de la Nación Latinoamericana. Editorial Continente-Peña Lillo, Buenos Aires, 2011. 

  15. Halperín. op. cit, p.42. 

  16. ABS. 43943/026/0431. S/N. [LOS HECHOS]. [SITUACIÓN POLÍTICA ARGENTINA]. Circa 16 de enero de 1976. “Entendámonos bien: la verticalidad es hoy, al movimiento, lo que es el centralismo democrático para nosotros; democráticamente elegida, plebiscitada por siete millones de votos, la jefatura queda por encima del cuestionamiento [...]”. 

  17. Bufano, Sergio, y Teixidó, Lucrecia. Perón y la Triple A. Las 20 advertencias a Montoneros. Sudamericana, Buenos Aires, 2015. 

  18. Horowicz, Alejandro. Los cuatro peronismos. Edhasa, Buenos Aires, 2007, p. 272. Es este uno de los más brillantes análisis del proceso de creación de lo que denomina “el terrorismo parapolicial”. Ver también: Larraquy, Marcelo. López Rega. El peronismo y la Triple A. Punto de Lectura, Buenos Aires, 2007. Gasparini, Juan. La fuga del brujo. Historia criminal de José López Rega. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2005. 

  19. López D’Alesandro, Fernando. “Vivian Trías, Jorge Rafael Videla y el socialismo nacional”. la diaria, Montevideo, 24 de febrero de 2018. 

  20. Real de Azúa, Carlos. Tercera posición, nacionalismo revolucionario y tercer mundo. Cámara de Representantes, Montevideo, 1996. Volumen I. pp. 18, 26 y 27. 

  21. Rilla, José. La actualidad del pasado. Usos de la historia en la política de partidos del Uruguay. (1942-1972). Debolsillo, Montevideo, 2013. P. 412. 

  22. Hernández Arregui, Juan José. Imperialismo y cultura. Peña Lillo. Ediciones Continente, Buenos Aires, 2006. [primera edición 1957], p. 26. Hernández Arregui era uno de los principales teóricos marxistas de la izquierda nacional peronista.