Por su diversidad y alcance, los sistemas agroalimentarios son uno de los sistemas productivos que más aportan al desarrollo económico, social y ambiental, por eso merecen toda nuestra atención.

América Latina y El Caribe es el principal proveedor de alimentos y servicios ecosistémicos. Desde siempre tiene un rol clave en la alimentación de la población mundial, en reducir el hambre y abastecer a los mercados, incluso en el contexto actual de pandemia.

En las últimas décadas, nuestros sistemas agroalimentarios estimularon el crecimiento de la región, generaron empleo, desarrollo rural y efectos positivos en una diversidad de sectores sociales y productivos que abarcan desde la agricultura familiar hasta los agronegocios y pasan por cada una y cada uno de nosotros.

El sector agrícola, ganadero, pesquero y otros específicos en cada país, comprendidos como “sistema”, abarcan la producción en los territorios, el procesamiento de alimentos, la logística (transporte, infraestructura, entre otros servicios), los mercados y el consumo. Dado que su rol es transversal, deben ser prioritarios en las definiciones de políticas de contención de esta crisis sanitaria. En especial, cuando América Latina y el Caribe evidencian los peores efectos de la pandemia.

Con limitados recursos a disposición, los gobiernos y el sector privado deberán seguir priorizando la recuperación económica sostenible, al tiempo que se aseguran los medios para contener los efectos de la pandemia, y los medios de subsistencia.

Ante esta prioridad, es clave evitar pasar de una crisis sanitaria a una crisis alimentaria. Para ello, la articulación del sector público, privado y de las organizaciones sociales es necesaria para mantener el abastecimiento y afianzar las relaciones con los proveedores rurales. Esto evitará un mayor desempleo y la caída de ingresos.

Hoy es clave invertir en los sistemas agroalimentarios. Hacerlo tendrá un impacto directo en la producción, la oferta de alimentos, el medioambiente, la economía, el trabajo y la salud. Y eso nos beneficia a todas y a todos, pues los sistemas agroalimentarios están relacionados en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana, desde la producción hasta el consumo de alimentos.

Trabajar y fortalecer los sistemas agroalimentarios genera un apoyo directo a los grupos más afectados por esta pandemia, como las mujeres, los jóvenes y la población afrodescendiente. Pero también debemos hacerlo pensando en un futuro inmediato, con una producción sostenible, con el medioambiente y una alimentación sana, vinculada con una mejor salud para la población que no debemos dejar de considerar.

Acciones concretas

En los últimos años, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) acompaña a Uruguay impulsando iniciativas concretas para su desarrollo sostenible. Entre estas se destacan tres proyectos respaldados por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (Fondo GEF): el proyecto Plaguicidas, liderado por el Ministerio de Ambiente; el proyecto Ganadería y Clima, liderado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP); y el proyecto Pastizales coliderado por ambos ministerios.

El país elaboró una Estrategia Nacional para el Desarrollo de la Bioeconomía Sostenible, asociada a un nuevo paradigma de producción y consumo global que propone una nueva forma de pensar los procesos productivos y las prácticas de consumo. La Oficina de Planeamiento y Presupuesto identificó la bioeconomía como motor de la transformación productiva en su Estrategia de Desarrollo Uruguay 2050.

La transformación hacia sistemas alimentarios sostenibles es un punto de entrada para alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Pero una transformación sostenible no es espontánea.

Además, la Unidad Agroalimentaria Metropolitana trabaja en incorporar principios de economía circular para ahorrar recursos y reducir desperdicios.

En paralelo, el país desarrolla un proyecto de gestión integrada del agua en la cuenca de la Laguna Merín, a nivel bilateral, con énfasis en el uso del recurso en la actividad agropecuaria y pesquera.

Por otro lado, el Instituto Nacional de Alimentación, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social (INDA-Mides), cuenta con el Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional, dependencia clave para que el país tome decisiones informadas.

El INDA-Mides se abastece en productos frescos, saludables y locales comprados a productores familiares de Uruguay para comedores escolares, merenderos y dar sostén alimentario, gracias a la Ley de Compras Públicas a la Agricultura Familiar que elaboró y reglamentó junto con el Parlamento.

A su vez, el Observatorio del Derecho a la Alimentación de la Universidad de la República integra una red académica que intercambia información y genera evidencia para luchar contra el hambre y la malnutrición.

En Uruguay, hoy más que nunca, los sistemas agroalimentarios ofrecen oportunidades de enfrentar la crisis y articular esfuerzos para una recuperación con enfoque transformador centrada en la inclusión, resiliencia y sostenibilidad.

El país también tiene el enorme desafío de superar situaciones de inseguridad alimentaria y malnutrición, tanto por déficit como por exceso, que se presentan a lo largo de todo el ciclo de la vida.

Esta crisis le da mayor urgencia a la transformación de los sistemas agroalimentarios para desarrollar mejores condiciones en materia de pobreza y desigualdad, de hambre, malnutrición y obesidad; de calidad del empleo y la adaptación y mitigación al cambio climático.

La transformación hacia sistemas alimentarios sostenibles es un punto de entrada para alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Pero una transformación sostenible no es espontánea. Implica cambios consensuados y articulados en los países. Por eso es necesario avanzar dialogando y concretar definiciones en nuestras acciones futuras.

Por esta razón la semana que viene se celebra el diálogo nacional “Sistemas alimentarios más saludables, sostenibles e inclusivos”, como contribución del gobierno y de todas y todos los uruguayos a la próxima Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas sobre Sistemas Agroalimentarios. Algunas de las iniciativas de Uruguay a las que tenemos el orgullo de haber aportado, fruto de una alianza estratégica de larga data, demuestran que el camino hacia el desarrollo sostenible sí es posible.

Los sistemas agroalimentarios están desafiados a producir mejor con menos agua, menos deforestación, menos pesticidas, evitando degradar el suelo de cualquier forma, perder biodiversidad y con ella todos los servicios y beneficios que nos brindan los recursos naturales. Hoy es fundamental dialogar y concretar estas definiciones en acciones de políticas con planes futuros. El Diálogo Nacional es parte de una construcción y la participación debe ser un ingrediente esencial.

El objetivo es lograr una postura nacional común: conocer los consensos, así como los disensos, tendrá un valor enorme para Uruguay.

Ruben Flores es representante interino en Uruguay y oficial principal de Políticas para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).