En los diversos ámbitos que nos rodean y de manera creciente, especialmente en lo que a educación se refiere, hablamos y nos formamos en conceptos basados en la inteligencia y en la gestión emocional. Comprender y actuar en este contexto implica percibir las emociones, tanto propias como ajenas, para manejarlas de manera efectiva. Esto conlleva adquisición, puesta en práctica, desarrollo de la empatía, escucha atenta, incorporación de habilidades basadas en la mediación y en la resolución de conflictos y en no ser indiferentes ante quienes nos rodean.

En este sentido, la primera instancia de apropiación de estas ideas es la familia, a partir de los valores y prácticas que se ponen en juego. Luego sigue la escuela, en donde se convive con otros que piensan y hacen de modo diferente a la familia en términos de bien común y sana convivencia. Así es como se aprende a coexistir construyendo acuerdos, muchas veces desde los desacuerdos.

Desde que existe la covid-19 podemos decir que esto cambió. La profunda angustia ante lo desconocido, el miedo, los datos estadísticos y la falta de cotidianidad con otros pusieron en algunas oportunidades en alerta tanto la construcción como el sostenimiento de nuevos vínculos. Durante la primera etapa de aislamiento, aquellos que tuvieron acceso pasaron las relaciones al plano de la virtualidad. En el marco de la educación se reemplazó la presencialidad, en muchos casos, por las clases en línea; sin embargo, con el correr de los meses se fue sintiendo cada vez más la necesidad de “traspasar esa pantalla”.

Durante 2020 los vínculos no se perdieron, pero evidentemente cambiaron. Festejos de cumpleaños, la presentación de nuevos temas en la escuela, las entrevistas o nuevos esquemas laborales, las reuniones familiares y el sostenimiento de quienes estaban en soledad tenían “formato cuadriculado”.

Ahora bien, en 2021 se volvió a interrumpir la presencialidad y, más allá del regreso, se comenzaron a replantear nuevamente los modos de vincularnos y relacionarnos.

Sin lugar a dudas, la escuela se convirtió en un espacio que debe garantizar la construcción de puentes entre las instituciones y las personas: especificando las responsabilidades de cada miembro de la comunidad, complementando fortalezas con otros, asistiendo las debilidades, estando siempre atentos a las oportunidades de mejora, intercambiando miradas y acciones de modo respetuoso y empático. La educación hoy tiene más que ver con la capacidad de conectar con otros que con el solo hecho de transmitir conocimientos.

En definitiva, los vínculos para aprender y para seguir adelante son nuestro mejor sostén frente a la desazón que puede ocasionar esta realidad tan dinámica en la que vivimos.

En este esquema también cambió el modo en que los educadores se vinculan con los estudiantes. Los docentes deben ser “influencers educativos”, en términos expresados por la fundadora de Arcix Formación España, Olga Casanova. El desafío hoy es transformarse en “adultos inspiracionales”. El hecho educativo ocurre donde se enciendan las ganas de aprender, y no hay otro modo de que esto suceda si no es, en primera instancia, a través de vínculos, que pongan a los alumnos en el centro, sea en la virtualidad o la presencialidad.

Construir y sostener vínculos en general, y en particular en comunidades educativas, requiere tolerancia y confianza. A su vez, implica comprender que no todo lo que uno piensa y desea puede suceder, y para ello se necesita una comunicación clara y sostenida. Debemos pensar que esta coyuntura en la que vivimos, que a veces pareciera ponernos en veredas opuestas, también pasará y debe encontrarnos con la capacidad de compartir y construir juntos.

Hoy más que nunca, en estos tiempos de mucha volatilidad, los colegios son las comunidades abiertas de enseñanza, los vínculos que se establecen, en definitiva, la capacidad que tengan las personas que conformen la escuela para que el aprendizaje cobre sentido, mucho más allá del contexto en el que se lleve a cabo.

En definitiva, los vínculos para aprender y para seguir adelante son nuestro mejor sostén frente a la desazón que puede ocasionar esta realidad tan dinámica en la que vivimos. Hoy nuestro gran desafío como adultos es cuidarlos, preservarlos y resignificarlos, zanjando diferencias de modo respetuoso, para enseñarle a niñas, niños y jóvenes que tras “la tormenta” esto es lo que sin duda nos queda… los otros, y las relaciones que con ellos construimos.

Darío Alvarez Klar es fundador de Red Itínere - Blend Team North Schools.