La Fundación Heritage, una organización derechista estadounidense dedicada a la producción de propuestas políticas, “es y ha sido el motor de ideas más influyente para los republicanos desde Ronald Reagan hasta Donald Trump”; son palabras del vicepresidente de Estados Unidos, James David Vance. Heritage cobró especial notoriedad en los últimos años por el llamado “Proyecto 2025” de “transición presidencial”. Trump, luego de ser electo por segunda vez, nombró en altos cargos a más de una docena de los autores de ese proyecto y aplicó rápidamente muchas de sus recomendaciones.

Por eso importan las iniciativas de Heritage, que la semana pasada dio a conocer una más titulada Salvar a Estados Unidos salvando a la familia. Es inviable resumir aquí el texto, que ocupa unas 130 páginas más un apéndice y 538 notas finales (todo en inglés por el momento), pero vale la pena detenerse sobre algunos de sus pasajes.

Tradición, familia y propiedad

Heritage señala que “los padres fundadores” de Estados Unidos “eran, literalmente, padres”, ya que 54 de los 56 firmantes de la declaración de independencia se casaron y cada uno de ellos tuvo, en promedio, seis hijos. Por lo tanto, alega, cuando aquellas personas hablaban de “asegurar las bendiciones de la libertad” para sí mismas y para la posteridad –como dice el preámbulo de la Constitución estadounidense– tenían en mente a su descendencia directa.

Esto reafirma una concepción de las motivaciones humanas que destaca las vinculadas con el interés del individuo y de “los suyos” por encima de las correspondientes a relaciones sociales más amplias. Se proclama que la familia fue “la clave de la grandeza de Estados Unidos en los primeros 250 años” y que sólo ella puede serlo en los próximos 250, pero que está gravemente amenazada y debe ser defendida en forma urgente y drástica. Incluso con una medida escandalosa en el marco conceptual de Heritage: aumentar el gasto público.

Los autores del documento se las ingenian para presentar como amenazas “antifamilia” al feminismo, el ambientalismo, el Estado de bienestar y las regulaciones gubernamentales que afectan “el clima de negocios”. También le otorgan un lugar central a la decadencia de las prácticas religiosas tradicionales, defendidas como una piedra angular de los “valores familiares”.

El título se refiere a “la familia” en singular, porque se plantea restaurar una sola configuración excluyente: parejas heterosexuales, casadas desde la juventud hasta que la muerte las separe y con abundante descendencia. Pero se subraya que lo central no es que haya más nacimientos, sino que sean buscados por la renovación de la esperanza en “el sueño americano”.

Se sobreentiende la existencia de una fórmula familiar natural, universal y obviamente buena. Un modelo “occidental y cristiano” en versión estadounidense, que corresponde a cierta concepción idealizada de cómo eran las familias antes de una crisis que se atribuye a múltiples factores. Entre ellos, no se mencionan las características reproductoras de la opresión y la infelicidad asociadas demasiado a menudo con ese modelo.

Todo tiene que ver con todo

Heritage presenta las presuntas causas de la crisis con argumentos que abarcan desde lo refinado hasta la grosería. Arguye, por ejemplo, que las políticas sociales “penalizan al matrimonio”, porque el Estado apoya sobre todo a las familias monoparentales y así desincentiva los casamientos. O que las redes sociales son la fuente de un “alarmismo del cambio climático”, que desmoraliza a la juventud y le quita el deseo de tener hijos.

Sus propuestas incluyen crear “campos de entrenamiento” prematrimoniales para la formación en valores, desalentar el uso de plataformas de citas en internet, no incitar a la juventud a postergar el casamiento para obtener “títulos innecesarios” y subsidiar a las parejas que no se separen y formen familias numerosas. De paso, también limitar los pagos de pensiones alimenticias, impulsar la tenencia compartida, “proteger la vida desde la fertilización” y, en vez de desarrollar sistemas de cuidados infantiles, darle dinero a una de las personas casadas para que se pueda quedar en casa con la prole (cabe sospechar que no se trataría del varón).

El intento de imponer un pensamiento único sobre la familia tiene correlatos en el conjunto de las relaciones sociales, a nivel nacional e internacional, de los misales a los misiles. Esto nos recuerda que la plena emancipación también requiere coherencia ideológica. Por ejemplo, sobre “la naturaleza humana” y las posibilidades de cambiarla. O sobre las relaciones entre lo público y lo privado, no sólo en las políticas gubernamentales, sino también en las vidas personales. O sobre el valor profundo de la diversidad, más allá de la mera “tolerancia”.

No hay conquistas irreversibles y vivimos una época de poderosas fuerzas retrógradas, que no sólo nos exige defendernos, sino también articular alternativas consistentes. Heritage opera con una visión integral, y más nos vale hacer lo mismo.

*Cita de la canción “Sistema”, compuesta por Rubén Olivera e incluida en su Álbum de fotos y canciones (1987), luego reeditado como parte de Interiores (1995).