Ante la barbarie de Donald Trump, hay que oponerse sin miramientos y sin falsos debates que sólo intentan confundir el eje central de lo que hoy hay que discutir. Veamos algunos aspectos que demuestran parte de lo que hoy marca la cruda realidad que se vive. Nicolás Maduro era el mayor narcotraficante que dirigía un cártel peligrosísimo. Ahora ya no es narcotraficante ni el cártel existía.
Los chavistas eran todos malos, pero ahora parece que no tanto, e incluso la actual presidenta es buena gente y muy inteligente. María Corina Machado era una gran líder por la democracia, pero ahora parece que no tiene la suficiente base social ni respaldo para dirigir Venezuela. Haremos esto para restablecer la democracia, pero lo más importante es el petróleo y ya nos hicimos de él; la supuesta restauración democrática puede esperar.
Toda esta farsa, mentira tras mentira, fue montada por el presidente de una de las potencias mundiales con el mayor armamento del mundo. ¿Esto no nos parece extremadamente peligroso para el conjunto de la humanidad? ¿Qué más deben esperar los distintos gobiernos para declarar una alerta mundial frente a tanta barbarie? Para ello deberían poder servir los llamados organismos multilaterales, pero han demostrado una total inoperancia sistemáticamente. Nada podemos esperar de ellos.
Trump, este nefasto personaje, es el mismo que dijo que en la Franja de Gaza, con miles de muertos tras un infame genocidio, habría que hacer una gran costa turística. Y como si esto fuera poco, ahora le ofrece al presidente argentino, Javier Milei, ser integrante de la “Comisión de Paz de Gaza”.
Es el mismo que dijo que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, era responsable de toda la cocaína que entra a Estados Unidos, pero a los pocos días dijo que estaba dispuesto a hablar en los mejores términos con el presidente de Colombia. Al parecer todo se podría arreglar telefónicamente.
Es el mismo que el 6 de enero de 2021 convocó a tomar el Congreso de Estados Unidos. Es el mismo que dijo que había barcos rusos y chinos en las costas de Groenlandia y que por ello debía intervenir y directamente quedarse con ese país. Aunque todos sabemos que lo que quiere son las tierras raras. Y hasta el momento, nadie pudo documentar que hubiese barcos chinos o rusos en las costas del territorio en cuestión.
Es el mismo que dijo sobre los inmigrantes: “Están trayendo sus drogas, están trayendo su crimen. Son violadores y algunos, asumo, son buenas personas”. Es el mismo que sin la autorización del Congreso de su propio país pisoteó el derecho internacional y realizó una operación político-militar en Venezuela.
Ante la barbarie de Donald Trump, hay que oponerse sin miramientos y sin falsos debates que solo intentan confundir el eje central de lo que hoy hay que discutir.
Si no se reacciona frente a tanta barbarie, que pone en el orden del día de la política mundial la guerra como solución a la crisis terminal de Estados Unidos como imperio, es obvio e incontrastable que realmente la humanidad está en problemas.
Como si todo esto fuera poco, la ofensiva desatada por Trump contra Groenlandia genera conflicto no solamente con Dinamarca, sino con varios países europeos que se sienten agredidos también. Esto les pasa justamente a quienes en los últimos años han respondido positivamente a las orientaciones de Washington, que les planteó aumentar significativamente su gasto militar. Ello a costa de realizar en sus respectivos países recortes presupuestales en cientos de millones de euros en detrimento de sus propios trabajadores.
No hay duda alguna de que todo esto está generando las posibilidades de un colapso entre Europa y Estados Unidos, como parte, además, de una guerra comercial cada vez más clara y terminante.
Frente al tema de Groenlandia, siete países europeos (Suecia, Reino Unido, Finlandia, Francia, Noruega, Países Bajos y Alemania) enviaron soldados a la isla. Ello llevó a que Trump, en represalia por este acto de “desobediencia al amo del mundo”, utilizara nuevamente la estrategia de los aranceles “como arma letal”, amenazando con poner nuevos impuestos a todos aquellos países europeos que se opongan a la venta a Estados Unidos de Groenlandia. Esto podría tener consecuencias funestas para la economía global.
¿Quién puede dudar de que frente a tanta barbarie la humanidad puede correr el peligro mayor, la guerra, impulsada en este caso por intereses del capital internacional?
Paremos esta ofensiva o, de lo contrario, mañana puede ser tarde. Ser indiferente frente a lo que se avecina en el mundo, mirar para el costado, es sencillamente de cobardes.
Gustavo González es senador del Partido Socialista, Frente Amplio.