Se dice que se muere dos veces: la primera es la muerte física; la segunda es cuando por última vez se pronuncia tu nombre. De dicha segunda muerte se “salvan” algunas personas que, por razones muy diversas, escriben su nombre en la historia universal. Esas razones pueden ser virtuosas o nefastas; es así que en los libros de Historia podemos encontrar hazañas asombrosas y acciones criminales.

La historia política nacional no es ajena a esas dimensiones y tiene de ambas cosas, pero desde mi punto de vista, los dos grandes referentes de los partidos tradicionales del Uruguay se colocan ambos entre las historias virtuosas y rescatables más allá del paso del tiempo.

Toda persona tiene luces y sombras, y los políticos no son ajenos a esos matices cromáticos; pero por lo menos para mí, José Batlle y Ordóñez es quien lideró la construcción de un Estado de bienestar modélico, que sin duda explica nuestro sistema de convivencia y la calidad de nuestra democracia. En el caso del Partido Nacional, Luis Alberto de Herrera, además de destacar que promovió iniciativas legislativas que también contribuyeron a la consolidación de nuestra democracia, en su dimensión social y en el respeto esencial de las minorías, por sobre todo hay que resaltar que sostuvo un nacionalismo de cuño antiimperialista que resultó fundamental para la consolidación de nuestra identidad e independencia.

Recordar, que es volver a pasar por el corazón, esta dimensión de su pensamiento, resulta fundamental en estas horas, donde la brutalidad imperialista de los Estados Unidos reaparece en América Latina.

La agresión de Estados Unidos contra el pueblo venezolano es a todas luces repudiable por razones políticas y morales; y esto no implica desde ningún punto de vista defender al régimen autoritario de Nicolás Maduro. Ni bien comenzó a trascender la noticia de estos acontecimientos, las voces de los “cipayos” de siempre entonaron prestamente su coro lambón y vergonzante. Recordemos que “cipayo” designaba a los soldados nativos que se ponían al servicio de las potencias extranjeras, en detrimento de los intereses de su propio país.

Por eso resulta relevante traer en esta coyuntura la figura de Luis Alberto de Herrera, porque a la hora de posicionarse frente a acontecimientos similares, su brújula moral nunca erró el camino. Pero además tenemos la ventaja de que es el propio Herrera quien desarrolla su pensamiento en temas internacionales en el libro El Uruguay internacional.

Real de Azúa, quien estudia en profundidad sus ideas, sostiene que su pensamiento fue hostil a todo tipo de maniqueísmo y a cualquier clasificación mundial, continental o regional en buenos y malos, justos y réprobos, absueltos y condenados. Se negó a toda división y a gobiernos de acuerdo a tales categorías, resistiendo con todas sus fuerzas cualquier tentativa de intervención(1). Consideraba que cada nación tiene su propia forma de desarrollo; por ello, ningún Estado puede entrometerse en los asuntos de otros. Condenó cualquier actitud imperialista y fundamentalmente denunció las desplegadas por Estados Unidos.

Ni bien comenzó a trascender la noticia de estos acontecimientos, las voces de los “cipayos” de siempre entonaron prestamente su coro lambón y vergonzante.

Hay que recordar que en 1902 Herrera tuvo a cargo la representación diplomática uruguaya en los Estados Unidos y México, en calidad de encargado de negocios.

El principio de no intervención está presente en toda su reflexión, lo mismo que la neutralidad como estrategia, sobre todo frente a eventuales conflictos regionales. Es más, estas posturas son esgrimidas con firmeza cuando la propia Venezuela sufre un bloqueo naval en el año 1903 desplegado por Inglaterra, Alemania e Italia para el cobro de deudas contraídas por el Estado venezolano. Denunció la ilegitimidad de dicho bloqueo y desde Washington abogó por una salida diplomática; resultan increíbles a veces las paradojas de la historia.

Otro hecho relevante y que describe a cabalidad el pensamiento de Herrera en esta materia se dará cuando en 1940 el canciller uruguayo Alberto Guani traslade al Senado el ofrecimiento del gobierno estadounidense, en el marco del “panamericanismo”, de la instalación de bases aéreas navales en la Laguna del Sauce. Es así que, ante el peligro del avance imperialista de Estados Unidos, Herrera le encarga al senador Eduardo Víctor Haedo que proponga una interpelación al ministro.

La interpelación se desarrollará el 21 de noviembre de 1940, y Herrera también participará de ella, liderando la oposición a las bases no sólo a nivel parlamentario, sino también en la prensa nacional a través del diario El Debate. Finalmente, el Senado decidió no autorizar dichas bases.

Las posturas antiimperialistas de Herrera tuvieron como foco a América Latina, esencialmente por las acciones imperialistas estadounidenses que recrudecen fundamentalmente en el periodo entre guerras, que coincide con el avance de este país en la escena internacional. Un buen ejemplo de esto es su combate a lo que se llamó doctrina Larreta, que recomendaba, en el orden panamericano, un sistema de intervención multilateral y, por ende, el abandono del principio de no intervención, en el caso de existir regímenes totalitarios en América Latina.

Como señalamos anteriormente, Herrera advirtió sobre la actitud imperialista de los Estados Unidos hacia los países latinoamericanos a principios del siglo XX, en una nota enviada desde Washington al canciller uruguayo de la época el 15 de diciembre de 1902. En dicha nota advirtió sobre un discurso del presidente Theodore Roosevelt en el congreso estadounidense, donde fundamentaba la intervención militar en países sudamericanos y su papel de tutor de los pueblos. Por razones de espacio es imposible transcribir dicha carta, pero recomiendo fervientemente su lectura.

Parece que la historia no para de repetirse, quizás como decía Marx en el 18 brumario de Luis Bonaparte, primero como tragedia y después como farsa. Pero en todo caso, mientras cada tanto recordemos su nombre y pensamiento, Herrera no habrá muerto.

  1. Una mirada al pensamiento internacional de Luis Alberto de Herrera. Dalma Zabala Vitalis. Trabajo final de investigación de grado. Universidad de la República. 2020.

Marcos Otheguy es integrante de Rumbo de Izquierda, Frente Amplio, y presidente del Banco de Seguros del Estado.