El guionista de Dios
Imaginemos que un movimiento social ignoto, de pocas personas, sin poder ni presencia mediática, le recuerda a la izquierda política cuáles son sus señales de identidad: preservar la condición pública de los bienes bajo órbita estatal, evitar la enajenación del patrimonio común. Y se lanza a la acción sin medir las fuerzas propias ni ajenas. Imaginemos que 60 días después que el movimiento diera su alerta, una izquierda que derrotó a la industria tabacalera transnacional y triunfó ante un país limítrofe en el tribunal de La Haya, retira un proyecto de enajenación de dos predios de la rambla, ya aprobado en la cámara alta. Si fuera película, sería una mala película, no por plantear las cosas blanco sobre negro, tampoco por el final feliz en cámara rápida, sino porque no llevaría al espectador a suspender su incredulidad durante la exhibición, clave de un arte capaz de convertir los 24 fotogramas por segundo en una realidad más real que lo real. La historia de David contra Goliat no es verosímil: en general, triunfa el proyecto empresarial en marcha, no quienes lo vetan desde una posición pura de no poder.
Nuevo parque público
No pasa todos los días. El 19 de diciembre de 2025 abrió el parque Mauá, con servicios públicos, infraestructura de esparcimiento y actividades culturales, después de décadas de abandono. Esta recuperación para la ciudadanía del espacio más austral de la rambla sur remite a la acción de la Asamblea Permanente por la rambla Sur (conocido como PRS), dirigida a preservar la condición pública de los espacios urbanos.
Los bienes públicos definen una mejor convivencia, siempre que sean abundantes, de calidad, gratuitos y homogéneos (que detenten similar condición a lo largo del territorio). Alguien que visita una ciudad podrá calibrar si hay población viviendo en la calle, por ejemplo: en caso afirmativo, podrá deducir que habrá déficit habitacional o de refugios públicos. También podrá apreciar aspectos de circulación: si tiene buen transporte público, si hay más transporte colectivo que autos y motos, si hay más bicicletas que motorizados, si hay anillos para uso exclusivo de automóviles o, en cambio, existen redes de ómnibus y metros capaces de enlazar con economía de tiempo diversos barrios. También podrá percibir si la ciudad repara en el peatón o no lo hace, y qué respeto recibe; si por ejemplo las calles están señalizadas también para él o exclusivamente para el automovilista. En el caso de que ese visitante necesite atención médica, tendrá la oportunidad de sopesar si cualquiera, incluido el extranjero, puede atenderse en la salud estatal. Si el servicio es bueno, si las instalaciones están limpias, si las personas que allí trabajan lo hacen con vocación de servidores públicos.
De igual forma, define a una ciudad la existencia de escuelas y bibliotecas públicas dispuestas por barrios o en su intersección. Por último, también ordena la vida y eleva su calidad, la recolección efectiva de los residuos; la cantidad y calidad de parques, plazas y ramblas no interferidas por inversiones privadas de impacto que pongan en riesgo el carácter ciudadano, abierto y libre del espacio ciudadano; que si hay una playa, sea de todos, no de un particular que la cerca para uso exclusivo; que si hay una rambla, sea de todos. Ciudad es ciudadanía.
La rambla montevideana, como bien público por excelencia, es uno de los paseos costaneros más largos del mundo, con 23 kilómetros continuos de extensión, según conteos exigentes. No es una casualidad, dado que a principios del siglo XX, José Batlle y Ordóñez pensó la rambla Sur como forma de poner de cara al río a una ciudad que le daba la espalda, como primer tramo de una costanera en construcción, y sobre todo como paseo que transformase a Montevideo en núcleo gravitatorio del turismo internacional, según consigna el historiador Raúl Jacob. Agrega que el proyecto turístico abarcaba toda la costa, desde Colonia a Rocha.
PRS en cuatro fechas
Hay cuatro fechas clave para captar el proceso: 2018, 2022, 2023 y 2025. PRS se fundó para librar un conflicto que sabía desigual. Sin embargo, constituido el 4 de agosto de 2018, PRS logró que el proyecto de enajenación de una parte de la rambla Sur, con aval del Poder Ejecutivo, aprobación del Senado y presión de un oligopolio marítimo-fluvial, fuera archivado el 3 de octubre de 2018, dos meses después de entrar en acción. El proyecto incluía la venta del patrimonio estatal y la construcción por la empresa Los Cipreses (Buquebus) de una terminal portuaria en el dique Mauá, un hotel cinco estrellas, un shopping y estacionamientos en dos predios públicos. No es frecuente que un movimiento social nuevo, sin acumulación, sin recursos económicos ni políticos ni mediáticos, se imponga frente a propuestas impulsadas por una alianza entre el capital y el Estado, con cierto apoyo en medios.
En 2022, el gobierno de Luis Lacalle Pou impulsó un nuevo proyecto privatizador a cargo de la constructora Berkes y la Corporación América para construir en los mismos predios un puerto y cinco nuevos edificios, con amplia cobertura en medios. En ese momento PRS retomó su protagonismo con idéntica consigna, “la rambla no se vende”. La iniciativa finalmente perdió pie ante la desinteligencia entre las partes.
En 2023, PRS hizo una propuesta escalonada en fases que llamó “uno, dos, tres”: primero, acondicionamiento del espacio; después, consolidación de las estructuras edilicias; por último, debate público para definir el destino.
Finalmente, en diciembre de 2025 las máximas jerarquías de la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Industria, Energía y Minería dieron marco oficial a la inauguración del parque, saludado por PRS.
Conflicto
Un movimiento social se constituye para afrontar situaciones que evalúa adversas a sus intereses o a los intereses ciudadanos. Por lo tanto, libra un contencioso contra el capital, grupos de estatus o el Estado, o contra más de uno de ellos, aunque el Estado es la clave. En otras palabras, es movimiento solo si un grupo de personas ventila un conflicto e interpela al Estado. Desde hace tres siglos los movimientos sociales orientan crecientemente su acción hacia el Estado porque este es el único actor unificado con poder: ninguna otra agencia soberana puede responder a la demanda social, sea para negarla, satisfacerla o diferirla. Además, la estructura del Estado, al igual que su política pública, influyen en la acción de los movimientos: en su capacidad de voz y en el tipo de repertorio. Sin embargo, los mismos procesos contenciosos pueden redefinir la política pública, como ocurrió.
Para elaborar una voz calificada, agregar voluntades y reformular la política pública, el movimiento debe contar con recursos, organización, influencia política, canales de movilización y, sobre todo, un conjunto de oportunidades políticas beneficiosas, o proceder a su invención en caso de no tenerlas. Cuando se constituyó PRS carecía de casi todo, pero supo crear rápidamente las condiciones conducentes a logros inmediatos en un asunto que parecía laudado, dada la correlación de fuerzas: la alianza entre un oligopolio fluvial y el Estado.
Con el viento en la cara
En un principio, a PRS le faltaban oportunidades políticas. Primero, carecía de prestamistas de poder: no contó a priori con partidos y movimientos que apoyaran su acción ni ventilaran su plataforma, aunque es cierto que el arquitecto Mariano Arana, dos veces intendente capitalino, estuvo presente en la reunión inaugural. El aporte de aquellos es clave en cuatro roles: como transmisores de información y know how; como dispensadores de redes; como apoyo en tareas concretas; y como operadores ocultos detrás de la toma de decisión. Por ejemplo, la recolección de firmas a favor de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (Fucvam) en el tramo final de la dictadura alcanzó rápidamente la meta, en parte gracias a la central de trabajadores y el gremio de estudiantes universitarios que se involucraron en la tarea, ambas con aprendizajes previos y legitimidad de largo plazo.
No es frecuente que un movimiento social nuevo, sin acumulación, sin recursos económicos ni políticos ni mediáticos, se imponga frente a propuestas impulsadas por una alianza entre el capital y el Estado.
Segundo, PRS carecía de una historia de protesta y, por lo tanto, también de marcos de la memoria donde inscribir sus luchas. La memoria colectiva no son pasadizos subterráneos del recuerdo, sino espejos contemporáneos en los cuales reflejarse y reflejar; puntos de apoyo para producir una identidad social. Carecer de esa memoria es cargar con un hándicap inicial y tener que producir desde cero lo que otros movimientos recrean con menos esfuerzo a partir de una memoria compartida. Al mismo tiempo, PRS carecía de legitimidad inicial como colectivo, y sus portavoces no gozaban de un alto perfil en ámbitos públicos. Como protagonistas de “primera generación”, no contaban con un pasado propio que se uniera al pasado de otros para que entre todos ofrecieran espaldas al movimiento ante la ciudadanía. Se sabe que los “establecidos”, refrendados por un alto perfil mediático y referencias de pares, suelen tener un reconocimiento del que carecen los recién llegados a la escena pública. También se sabe: es más difícil instalarse que vivir de las rentas del prestigio pretérito.
Tercero, PRS tenía redes informales, aunque sin capacidad de cabildeo en la cúspide: sus miembros lo hicieron por ellos mismos, al estilo do it yourself, apelando a la argumentación. Sin préstamos de poderosos, sin historia y sin redes robustas informales, obviamente PRS tampoco contaba, al momento de fundarse, con carisma de grupo.
Salieron a defender el espacio público con el viento en la cara, en el mismo instante que se cerraba el ciclo de oportunidades, tras consumarse la media sanción parlamentaria en agosto de 2018. A pesar de ello, PRS resultó decisivo en desactivar los procesos privatizadores bajo dos administraciones de signo opuesto, y todo indica que su propuesta de tres pasos inspiró a las actuales autoridades. A pesar de tener casi todo en contra, tuvieron a favor exponentes de la cultura y el arte, y la articulación de un discurso que combinó la defensa del bien público, valores democráticos y la historia de la rambla Sur, primer batllismo incluido. El resto tuvo que ser construido.
Tercera orilla
Hay dos tipos de movimientos mayoritarios en la historia moderna. Los dirigidos a conquistas materiales (salario, empleo, jornada de trabajo, reducción de impuestos, mejor educación) y los que buscan reconocimientos posmateriales: derechos de las mujeres, afros, población originaria, diversidad sexual, población neurodivergente, discapacitada, etcétera. PRS pertenece a una tercera orilla: una acción colectiva orientada por una ética universal, sin intereses corporativos, que brega por el bien ciudadano: preservar los bienes del Estado en la órbita pública, poniendo a raya los intentos de venta. Son movimientos que rara vez tienen oportunidades de éxito en las urbes, cuya forma de expansión es mercantilizar todo, todo el tiempo, proceso que no deja margen a que la acción contestataria surja. Y cuando surge, ocupa un espacio de retaguardia, cumple una función de reducción de daños o un rol testimonial. En efecto, cuando logran asomar, asediados por problemas de organización, financiamiento y poder, suelen ir de fracaso en fracaso. Sin embargo, PRS fue de logro en logro, aunque, se sabe, no hay nada definitivo en las ciudades: espacios en disputa y de conflicto.
¿Cómo ocurrió lo menos probable en 2018?
No estoy seguro, pero como respuesta precaria y a beneficio de inventario, quizá haya influido esa combinación entre saber experto y conocimiento experimentado de PRS. Si bien se nutrió de la iniciativa de vecinos procedentes de barrios capitalinos, de dos grupos de la sociedad civil –Vecinos Unidos del Barrio Sur y Revolviendo La Polenta–, de profesionales y académicos vinculados al tema, PRS se ubicó por discurso y repertorio en el lugar de defensa de derechos ciudadanos, independientemente de su locación. Habiendo emergido para contestar al emplazamiento costero de una serie de equipamientos por parte de un operador privado, su batería de argumentos se extendió más allá de ese aquí y ahora, contemplando un espacio más extendido (ciudad, país), y un tiempo presente, pero con memoria (el plan de 1925) y con proyecto (planes que involucren a todos).
Aparte, agrego otras cuestiones más específicas. En primer lugar, el discurso que empleó el movimiento tuvo articulación argumentativa, apelación a valores históricos que ambientaron la construcción de la rambla Sur, y énfasis en la condición democrática y multiclasista de los espacios públicos, especialmente la rambla.
En segundo lugar, PRS logró activar las contradicciones dentro de la coalición gobernante, tanto en la Cámara de Representantes como en las bases del Frente Amplio, lugares a los que acudieron en procura de entrevistas que concretaron en tiempo. Por esto, el colectivo logró romper las alineaciones políticas iniciales.
En tercer lugar, PRS acertó al timing, moviéndose con celeridad en dos direcciones: el mainstream político y mediático, y los movimientos de base.
Por último, también contó con la decisión de desistir del proyecto por el Poder Ejecutivo, sin intentar orillar a sus diputados para alinearlos con sus pares del Senado.
Sociedad civil fuerte
Hay estados fuertes y sociedades civiles débiles (Rusia), y, al revés, sociedades fuertes y estados débiles (Estados Unidos en el siglo XIX). Uruguay tuvo, a partir de 1870, ambas dimensiones más o menos alineadas, Estado y sociedad fuertes, con momentos de desbalance en favor del primero o de la segunda, pero lo que importa es destacar la pujanza de la sociedad civil, su independencia de los partidos y su poder de imponer agenda.
Durante su gobierno de cuatro años (1876-1880), el coronel Lorenzo Latorre llevó adelante el programa de la Asociación Rural del Uruguay, fundada en 1870: no procedió de las cúpulas políticas ni operó por generación espontánea. En cuanto a la reforma educativa de José Pedro Varela, se nutrió de los aportes de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular; también allí estuvo presente la sociedad civil. Se podrá pensar que, bajo el primer batllismo, con la edificación de un Estado empresario anterior a la URSS y un Estado de bienestar anterior a Suecia, la sociedad civil pierde fuerza, pero no. Desde los sectores subalternos, la Federación Obrera Regional Uruguaya tuvo alta capacidad de movilización y amplio repertorio, desde el diálogo hasta la huelga. Por otro lado, la derecha social, mediante la Federación Rural surgida en 1915 como grupo ganadero de presión, logró desacelerar, junto con otros actores, el impulso reformista.
Asimismo, un fenómeno como el anarcobatllismo podrá también explicarse porque hubo un sindicalismo y un feminismo ácratas anteriores, en ebullición. Tanto el sindicalismo como el feminismo datan del siglo XIX en Uruguay, mientras que los estudiantes universitarios se organizaron como federación en 1929. Otro capítulo merecería el movimiento corporativista anterior a la ley de vivienda por autoconstrucción de Juan Pablo Terra, la que, a su vez, generó otro actor social, Fucvam.
Igualmente, la presencia de una sociedad fuerte no basta para explicar resultados concretos si no se complementa con un Estado medianamente poroso, aunque tanto lo primero como lo segundo tienen oscilaciones. Por último, el rayo de lo imprevisto cuenta: Nassim Nicholas Taleb denominó “cisne negro” a esa rareza histórica devenida en “el impacto de lo altamente improbable”.
Fernando Errandonea es sociólogo y profesor de Historia.