Algo que debe de preocuparnos es que nadie descarta lo peor de todos los escenarios: el presidente estadounidense, Donald Trump, no negó hasta el momento la posibilidad de usar armas nucleares. Por lo tanto, increíblemente no podemos dejar de lado esta terrible posibilidad; este riesgo existe y no se puede descartar.
En todo el mundo están aumentando los precios de la energía, lo cual comienzan a sufrirlo todos los consumidores. Tengamos en cuenta que ello llevará a la suba de otras decenas de productos, entre ellos, los de la agricultura, lo que puede ser comparable a la crisis del petróleo de los años 70, lo cual es mucho decir. La retracción de la economía es inevitable, producto de un aumento superior a los 100 dólares el barril, y no se sabe a cuánto podría llegar de prolongarse la guerra.
Esto dejaría fuera de toda posibilidad el freno a la crisis capitalista, que viene desde 2008 de mal en peor y sin salida alguna. La posible depresión mundial es un hecho objetivo. La guerra afecta fuertemente al sistema financiero mundial, y la especulación financiera se agrega indefectiblemente frente a la prolongación del problema bélico.
Veamos que los casi cuatro años de guerra de Ucrania, el brutal genocidio de Gaza, esto último intentando reconfigurar Medio Oriente, fueron parte de los pasos hacia la guerra. También los choques en África “la olvidada”, sumándose todos los días la militarización de varios estados de los países africanos. Afganistán y Pakistán, Israel y Líbano, también la creciente militarización de China, de la cual se habla poco, pero existe y crece. En lugar de poder pensar en momentos de paz, porque el multilateralismo es parte de una ilusión política, hoy lo que está planteado lamentablemente para el conjunto de la humanidad son choques imperialistas muy agravados por la crisis general e imparable del sistema en sí.
La guerra mundial demuestra el agotamiento de un sistema irracional como el capitalista, que no se puede dudar que tuvo larga vida, pero cada vez más se generan situaciones putrefactas socialmente y terriblemente barbáricas.
Debemos analizar también la situación de Europa; en la actualidad su futuro se dirime entre dos posiciones al parecer contrapuestas. Existe, por una parte, la idea de generar un polo también imperialista bajo la protección de Estados Unidos y otra que plantea generar un polo solo europeo y al margen de Estados Unidos. Cualquiera de las dos opciones tiene un claro objetivo común a corto plazo, que es el aumento del gasto militar y la posible movilización militar de los civiles de sus poblaciones.
Hoy Estados Unidos tiene una deuda pública mucho mayor que la de 2008, lo cual genera riesgos fiscales muy importantes y grandes dificultades para responder a los compromisos financieros. No podemos descartar que pueda aparecer un nuevo Lehman Brothers, porque existe una gran debilidad financiera en el momento actual. Incluso hoy el déficit comercial es mayor que el de 2008, con un dólar que, si bien sigue siendo la moneda de pago mundial, se fue erosionando y lleva inexorablemente a perder capacidad de maniobra en el concierto mundial, en todo tipo de intervención imperialista que esté planteado realizarse.
La guerra mundial demuestra el agotamiento de un sistema irracional como el capitalista, que no se puede dudar de que tuvo larga vida, pero cada vez más se generan situaciones putrefactas socialmente y terriblemente barbáricas.
Por esas razones, hoy más que nunca, levantar la consigna por la paz y la negación mundial a participar en una guerra capitalista es lo que se impone en la actual coyuntura.
Gustavo González es senador del Partido Socialista, Frente Amplio.