Uruguay ha buscado petróleo desde hace muchísimo tiempo. En 1965, el presidente del Movimiento Nacional del Petróleo, ante la Junta Departamental de Montevideo y buscando sensibilizar voluntades políticas que apoyaran la búsqueda del “oro negro”, contaba de perforaciones realizadas en el territorio nacional,1 en 1908 en Cerro Largo, en 1915 exhaustivos estudios en Cerro Largo, Treinta y Tres, Rivera y Rocha, y en 1947 en el “triángulo de las maravillas”. En esa comparecencia, refiriéndose a perforaciones realizadas por Ancap en San Jacinto en 1955, las calificaba de “historia triste”, al haberse gastado unos 20 millones de pesos en las perforaciones y no haberse atendido los reclamos populares ni contemplada la aspiración pública que preconizaba la prensa nacional. Evidentemente nunca estas cuestiones han estado exentas de polémica.

La historia reciente

Llegado el siglo XXI, la actividad de exploración en tierra (onshore) y en el mar (offshore) ha sido intensa, especialmente esta última. En 2005, mediante sísmica con el buque Alexander Karpinsky, se confirmó la existencia de hidratos de metano. Estudios posteriores de Ancap delimitaron una extensión de 7.000 a 25.000 km² y un volumen de 6,5 billones de m³, suficiente para abastecer a nuestro país durante siglos. Pero –siempre hay un pero– no existe tecnología para extraerlo de esas profundidades, es muy peligroso de extraer y por lo tanto el costo de capturar ese gas a esas profundidades es varias veces mayor que comprarlo en el exterior.

En 2009 Ancap lanzó su Ronda Uruguay I, adjudicando bloques offshore a consorcios liderados por YPF, Petrobras y Galp. En 2012, tras considerar exitosa la ronda anterior y en un contexto regional favorable, lanzó la Ronda Uruguay II, otorgando bloques a British Petroleum (BP), BG Group, Total y ExxonMobil, quienes comprometieron inversiones importantes en sísmica 3D. Como consecuencia de esas inversiones y tras cuatro años de exploraciones de sísmica en una gran parte de nuestra zona económica exclusiva (ZEE) que no precisaron autorización ambiental previa, Total perfora, en el bloque 14, el pozo Raya 1. Eso nos dio un nuevo récord mundial, ya superado, de ser el pozo más profundo del mundo, pero no se hallaron hidrocarburos rentables y la empresa lo declaró “seco”.

En 2011, pero onshore, Ancap realizó perforaciones poco profundas en la localidad de Pepe Núñez, en Salto, encontrando roca generadora con presencia de petróleo libre. Este importante hallazgo probó que en nuestro territorio se había generado petróleo hace millones de años. En marzo de 2014 la empresa petrolera Petrel –accionista en Schuepbach Energy– emitió un comunicado anunciando haber encontrado un sistema petrolero en el pozo de Cardozo Chico E-1, en Tacuarembó. En 2017 Schuepbach perforó en Cerro Padilla, Paysandú, donde si bien se anunció el hallazgo de hidrocarburos, el flujo era tan insignificante y la roca tan poco permeable que se determinó que no era comercialmente explotable.

La Ronda Uruguay abierta, el presente

Esta actual ronda suscitó el interés de varias empresas de exploración sísmica y concitó mayores reclamos de fuerzas sociales y la ciudadanía que en rondas anteriores, por los permisos otorgados por Ancap y el Ministerio de Ambiente. Esos reclamos tampoco son nuevos. Lo realizado entre 2012 y 2016 dejó huellas, demandas y la percepción de que existieron daños a la biodiversidad y a la pesca. Quienes se sienten perjudicados por aquellas exploraciones no fueron resarcidos por los daños y la ciudadanía no vio ningún beneficio.

Muchos suponemos que las actuales exploraciones solo benefician al ente, al valor de los bloques y a las empresas de sísmica, y muchos estamos convencidos de que tendrán un alto costo en pérdida de biodiversidad y trabajo.

Los proyectos de exploración actuales –PGS, CGG (Viridien), Searcher y APA– han obtenido las autorizaciones ambientales previas para explorar una enorme proporción de nuestra ZEE y por largos períodos de tiempo, extensiones espacio temporales con escasos antecedentes en aguas de otros países. Ramón Méndez, exdirector de Energía y uno de los impulsores del exitoso desarrollo de energías alternativas, ha cuestionado duramente estas exploraciones, que para él son innecesarias. Considera que, de encontrar yacimientos, serán de muy difícil explotación al necesitar inversiones de miles de millones de dólares. Llama la atención que ningún político se haya expresado sobre estas opiniones y el bajo perfil público que le ha dado la política al tema, a pesar de que las movilizaciones populares tuvieron gran visibilidad en el verano. Tampoco es casualidad que la Institución Nacional de Derechos Humanos haya presentado un recurso de amparo y tímidamente se haya cuestionado su competencia, pero nadie haya cuestionado el fondo del asunto. Con este panorama, el 1° de marzo el BGP Prospector ha iniciado sus primeros dos meses, marzo y abril, de exploración sísmica 3D en esta etapa.

El futuro

El negocio de la sísmica y el petróleo mueve piolines y tiene sus marionetas. Las empresas de sísmica venden datos, por ende, tienen que explorar para ser atractivos para los inversores. Si las empresas no se mueven, porque el negocio del petróleo en el mundo está en retroceso, esos datos dejan de tener valor y su biblioteca de datos (su principal activo) se vuelve obsoleta al no actualizarse con nuevas tecnologías sísmicas. Se dice que el negocio está en comprar con el rumor y vender antes de que se conozca la mala noticia. De esta manera, cuando se anunció en 2017 por Petrel Energy los hallazgos en Paysandú, sus acciones subieron 125%. A veces no es necesario llegar a extraer petróleo; demostrar que hay potencial alcanza para aumentar el valor de los datos o los bloques bajo contrato. Cuando se supo que el flujo era insignificante y la roca poco permeable, esas acciones se derrumbaron, pero seguramente en el ínterin los que mueven piolines hicieron su negocio.

Ancap hizo su negocio y sigue haciéndolo. Cada ronda le redituó ingresos de decenas de millones de dólares. Es su deber que la actividad le deje ganancias, porque esas ganancias son de todos, hasta ahí todo en orden. Ahora bien, una empresa estatal, que es de todos, debe incluir en su balance las pérdidas, pero ¿qué pasa cuando algunas de sus actividades causan pérdidas no contabilizables para el ente, pero sí para el país? Si se daña el ecosistema, se desvalorizan los servicios ecosistémicos, se daña el trabajo, la pesca, el turismo, ¿quién asume esas pérdidas, todo el país, toda la ciudadanía?

Muchos suponemos que las actuales exploraciones solo benefician al ente, al valor de los bloques y a las empresas de sísmica, y también muchos estamos convencidos de que tendrán un alto costo en pérdida de biodiversidad y trabajo, afectando el desarrollo sostenible de otras actividades.

El ente en los próximos años se enfrentará al juicio de la ciudadanía y deberá asumir la responsabilidad por lo hecho. Si se encuentra petróleo en cantidad y calidad que justifique su comercialización y deje ingresos para nuestro país, habrá aplausos, medallas y besos de muchos. De fracasar otra vez, a pesar de que Ancap descargue toda su responsabilidad en las empresas, sus actuales y pasados directores y todos nuestros representantes en el gobierno deberán explicar por qué asumieron un riesgo de tales proporciones y, por supuesto, resarcir a todos los perjudicados. Lamentablemente, habrá valores ecosistémicos que nunca se podrán resarcir con dinero.

Daniel Giraldoni fue titular de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos.


  1. “La verdad del petróleo en el Uruguay”, Movimiento Nacional del Petróleo, 1965.