El acto montevideano del PIT-CNT en el 1° de Mayo transmitió mensajes esperables, en la línea desarrollada durante los últimos años, pero también algunos enfoques novedosos, que pueden haber pasado inadvertidos, y merecen atención. Entre ellos, cabe destacar un pasaje de exhortación a la “autocrítica”, acerca de la necesidad de vincularse más y mejor con una gran parte de la población trabajadora que hoy está “lejos del movimiento sindical”.
El planteamiento, incluido en la parte de la oratoria que estuvo a cargo de José Lorenzo López, señaló entre otras personas a las que trabajan en forma independiente, tercerizada o subcontratada, y también a las identificadas como “microempresarias”, “emprendedoras” o empresas unipersonales. Según los datos manejados para situar la cuestión, 68% de la población trabajadora se desempeña en micro, pequeñas y medianas empresas, que son el 99% del total de 205.000. Hay 180.000 microempresas, con no más de cuatro personas empleadas, y las que tienen de una a 99 suman una fuerza de trabajo de alrededor de 1.200.000 personas.
La propuesta de autocrítica apuntó al “error histórico” de menospreciar el trabajo disgregado y por cuenta propia o asimilarlo al sector patronal, pese a su dependencia y vulnerabilidad frente al poder del capital. Hablamos, además, de personas que son a menudo las más desamparadas en términos de protección social junto con las que tienen relaciones laborales precarias, al margen de la formalidad que se negocia en los Consejos de Salarios y garantiza, aunque sea en forma insuficiente, algunos derechos básicos.
En el PIT-CNT tienen un gran peso las concepciones del trabajo y del sindicalismo moldeadas a partir de la industria manufacturera, que hoy suma unas 100.000 personas empleadas (poco más de 10% del total), y de los vínculos laborales formales y estables con el Estado, correspondientes a una cantidad algo mayor de personas (poco más de un tercio del total de las que se desempeñan en el sector público). Es acertado y urgente, en términos estratégicos, que el movimiento sindical entable una relación más fecunda con el vasto sector de quienes trabajan en encuadres muy distintos. No sólo resultaría beneficioso para esa gente, sino también para el PIT-CNT, con miras a mejorar su comprensión de realidades nuevas y tenerlas en cuenta cuando formula sus iniciativas.
No se trata, como se señaló en el acto realizado ayer, de proponerle a ese sector que participe en medidas pensadas para “un núcleo cada vez más cerrado” de personas, afiliadas a sindicatos capaces de respaldarlas. La alternativa propuesta es empezar por la creación en todo el país de “centros de referencia” con equipos multidisciplinarios, que sean “espacios amigables” para asesorar sobre derechos y contribuyan al aprendizaje sobre los beneficios de la acción colectiva. Un contrapeso del bombardeo ideológico que postula al individualismo y la competencia como caminos a un dudoso éxito.
Nadie se salva realmente en soledad. Ni la gente trabajadora sin los sindicatos, ni estos sin ella. Es muy bueno para el país que el PIT-CNT lo asuma.