A pocas horas de la llegada del papa León XIV a Paysandú, la diaria conversó con el cura párroco de la ciudad, Miguel Suárez, quien compartió cómo vive la previa de un acontecimiento histórico para el departamento y la región. La elección de Paysandú como escenario de la visita, el movimiento que se ha generado en la comunidad católica, la participación de los voluntarios y el significado de recibir al pontífice fueron algunos de los temas abordados.
¿Cómo vive las horas previas a un acontecimiento de estas características? ¿Alguna vez imaginó que un papa podría llegar a Paysandú?
Soy de Montevideo y hace un año y medio que estoy en Paysandú. La verdad es que nunca lo soñé ni lo esperé, pero es un regalo que me llegó del cielo cuando me nombraron párroco de Paysandú. A los pocos meses, el obispo vino a comentarme que existía la posibilidad de que el papa visitara nuevamente la diócesis y que, si eso ocurría, vendría a Paysandú. Para mí fue una sorpresa. Me pregunté si estaríamos en condiciones de recibirlo, y el obispo me alentó: “Vamos arriba que se puede”. Y bueno, aquí estamos.
¿Tiene algún dato sobre por qué se eligió Paysandú? Juan Pablo II había estado en Salto hace 38 años, ¿verdad?
Exactamente. Recuerdo aquella visita porque era un sacerdote recién ordenado. Este año estoy cumpliendo 39 años de sacerdocio. Creo que Paysandú fue elegido, en primer lugar, por ser una ciudad grande del interior y también una diócesis importante. Además, como señalaba el intendente, la ciudad tiene experiencia y capacidad para organizar grandes acontecimientos.
Sin duda, hemos trabajado mancomunadamente, tanto la iglesia como la intendencia, para preparar este evento que, por momentos, parece exceder las capacidades humanas. Cuando uno ve todo lo que se ha hecho en apenas tres o cuatro meses, parece increíble. Es una enorme alegría que se percibe en la gente. Tanto creyentes como no creyentes están aportando y buscando que todo salga de la mejor manera.
En este tiempo se ha visto mucho movimiento en la Basílica y una importante participación de voluntarios. ¿También ha notado cambios en la religiosidad y un mayor acercamiento de la gente a la iglesia?
Sí, sin duda. Ha habido una mayor presencia en los sacramentos y se han acercado mucho más a la iglesia personas jóvenes, de entre 30 y 35 años. También hemos tenido un incremento de voluntarios en las parroquias. Hemos estado observando lo que sucede en otras parroquias y diócesis de los lugares que visitará el papa. Ayer justamente se comentaba la cantidad de personas que se han inscripto como voluntarias aquí.
Tenemos el desafío de recibir a todos los que vengan, que seguramente serán muchos más de los que esperamos. Tenemos la certeza de que el papa nos va a llenar de alegría y nos va a motivar a seguir adelante, caminando, sembrando y misionando. Así como en otro tiempo lo hizo monseñor Jacinto Vera, ahora nos toca a nosotros tomar esa bandera y anunciar la gran alegría a nuestro pueblo.
¿Usted será una de las personas que tendrá la oportunidad de estar cerca de León XIV. ¿Pensó qué le va a decir cuando lo tenga enfrente?
Todavía no lo puedo creer. Primero quiero darle la bienvenida y agradecerle por su presencia entre nosotros. Rezamos mucho por él, porque sabemos que tiene mucho trabajo y una gran tarea de animar a todo el mundo. Lo he visto como un hombre realmente de paz, de integración y de búsqueda del bien común. Queremos que nos sostenga, pero también acompañarlo, sabiendo que acaba de atravesar un quebranto de salud. Deseamos que experimente que Uruguay lo quiere.
Además, como hijo de Don Bosco, tengo muy presente el amor al papa que nos legó nuestra congregación. Don Bosco siempre nos transmitió el aprecio por el sucesor de Pedro, más allá de quién sea la persona que ocupe ese lugar. Es el Vicario de Cristo y tenemos que acompañarlo, sostenerlo, rezar por él, escucharlo y dejarnos conducir por él. Es el Buen Pastor.
A raíz de su quebranto de salud, ¿en algún momento pensó que podía suspenderse o postergarse la visita del papa a Uruguay?
Al principio me surgieron muchas preguntas. Pensé: qué baldazo de agua fría para toda la gente que se viene preparando. Después, cuando vi cómo se recuperaba rápidamente, estaba convencido de que enseguida iba a decir que sí. Aunque desde la prensa vaticana y su entorno no llegaban noticias, hubo varios días de silencio, pero al verlo, al observar su aspecto y su sonrisa, no dudé de que, si estaba en condiciones, iba a venir. Y así fue. Qué lindo fue escucharlo ayer miércoles en la plaza de San Pedro decir: “El Uruguay me espera”, y pedir que recemos por él y por su viaje.
