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Leandro Delgado

Gran Parque Maroso

La Biblioteca Circular Marosa está en el centro de Punta Carretas, no en el barrio Punta Carretas, sino en la punta misma, en la península, el punto más austral de Precariópolis. La Biblioteca Circular Marosa es una construcción cilíndrica de piedra, vidrio y amplios techos verdes, que son sus terrazas-miradores. La sala de lectura principal tiene varios lucernarios, uno que da al poniente y otro al levante. El lucernario que da al levante es un ventanal gigante en la pared al borde del agua, por lo cual las sudestadas son aquí, desde la sala de lectura principal de la Biblioteca Circular Marosa, un espectáculo interesante.
Foto: Santiago Mazzarovich

Primer documento

Los ciclistas iban y venían por 8 de Octubre a los costados del tranvía. Todos los tranvías son conducidos aquí por inmigrantes eslavos, recién llegados a la tierra de las oportunidades y de la paz. Los eslavos llegan como el resto de los inmigrantes: cruzan en balsa el Atlántico o el Pacífico, luego atraviesan montañas y selvas para establecerse definitivamente en Precariópolis, sin ningún trámite, gracias a la Ley de Inclusión Automática de Inmigrantes que atrae a todos los refugiados del planeta.
Facultad de Arquitectura. (archivo, octubre de 2007) · Foto: Fernando Morán

La mente es un patio en U

De pronto estoy mirando las carpas nadar en el estanque, esa extraña condición anfibia que tienen, siempre medio cuerpo afuera como un submarino, abriendo esos labios de embudo sobre la tensión superficial. Al verlas así navegando pienso que los chinos deben haber escrito mucho sobre esto e incluso llegado a la iluminación mirando nadar a las carpas destellando colores. Pienso incluso en un monje interpretando el nado según tengan manchas negras o blancas o rosadas o naranjas, como un oráculo de color y movimiento, como una alucinación.
Edificio El Águila, sobre la avenida San Martín, próximo a Garibaldi. · Foto: Ricardo Antúnez

Interpretación de los barrios

Más que el alma de las ciudades, pienso que las ciudades son lo que han podido ser, lo que han querido interpretar de sus alucinaciones. Lo pienso mientras bajo la escalinata del Hospital Español, después de estar en ese patio central ni muy grande ni muy chico ni muy alto ni muy bajo, la claraboya colorida y sostenida de gigantes sarmientos forjados y de salir a la calle por el portón de hierro sin poder describirlo porque es indescriptible.
 Arroyo Miguelete · Foto: Pablo Nogueira

Los arroyos verdaderos

Al bajar del bondi quedé como presentado a la reja gigante y oxidada de un caserón abandonado. La ruina se insinuaba por debajo de un manto espeso de hiedra que sólo dejaba libre el agujero de la gran puerta de entrada y luego se iba extendiendo, en una sola superficie, por todo el jardín, trepando por palmeras muertas y árboles sumergidos y olvidados. Parecía un lugar adecuado para una linda exploración urbana: entrar al caserón y recorrer los patios interiores y las habitaciones, a lo mejor subir las escalinatas partidas...