Ante los demás participantes del congreso del Partido de los Trabajadores (PT), se subieron al estrado el presidente brasileño, Lula da Silva, de camisa roja, y la candidata presidencial y ministra de Presidencia, Dilma Rousseff, también vestida con el color que identifica al partido. La candidata lucía el mismo vestido en el gran afiche que aparecía detrás de ella y del presidente, en el que se los veía a los dos, hombro a hombro levantando los puños bajo el eslogan: “Con Dilma, por el camino que Lula nos enseñó”.

Ése fue un concepto que Rousseff reiteró en su discurso, en el que agradeció al presidente ser “un gran maestro” y “enseñar el camino” para gobernar. En un gobierno de ella, “no habrá retroceso ni aventuras” respecto al gobierno de Lula, señaló Dilma y agregó que con las bases sentadas por la actual administración, es posible “avanzar mucho más y mucho más rápidamente”.

En el cuarto Congreso Nacional del PT se oficializó la candidatura de Rousseff para las elecciones del 3 de octubre, las primeras en la historia del partido sin Lula como candidato.

El presidente presentó a Dilma, a quien bautizó como “madre del PAC” (Programa de Aceleración del Crecimiento), un plan en ejecución para construir infraestructura en todo Brasil. Dijo, entre risas: “Dilma es una persona, yo diría... rigurosa”, en referencia a la reputación de “dama de hierro” que tiene la ministra. Lo destacó como una virtud, “sabe que si las cosas no se fiscalizan, no salen”, y resaltó su determinación: “Estudia, discute. Se le puede dar una tarea y en 24 horas la hará bien”. Afirmó que Rousseff tiene “cualidades gerenciales” y que “sabe lo que pasa en todo Brasil”.

El presidente dedicó un tramo de su discurso a afirmar que Rousseff es “candidata de una coalición de partidos muy fuerte. Ella no es la candidata de Lula”. Se refería a conversaciones internas del PT, reseñadas en la prensa local, que señalan que la candidatura de Dil-ma es una elección del presidente, no del partido. En este sentido un diputado petista declaró a BBC Brasil que el PT “tendrá que digerir de la mejor manera posible” la candidatura de la ministra y no de otros nombres a los cuales, indicaron varios militantes a ese medio, Lula cerró la puerta al afirmar, en noviembre de 2008: “Quiero que Brasil, después de mí, sea gobernado por una mujer y ya existe la persona adecuada: es Dilma”.

A quienes dicen que Lula será quien gobierne detrás de Dilma, el presidente dijo, en entrevista con el diario O Estado de São Paulo, que él no elegiría a una persona “para ser vaca de pesebre”, algo así como un cero a la izquierda. Agregó que si bien él estuvo en contra de la posibilidad de un segundo período de gobierno en su momento, ahora asegura que “nadie en un mandato de cuatro años va a concluir una obra estructural del país”. Por eso expresó su deseo de que la actual ministra “haga un primer mandato extraordinario y que se gane la autoridad política para un segundo mandato”.

En el congreso, el público entonaba “olé, olé, olá, Dilma”, y empuñaba banderas color lila, el del movimiento feminista, mientras se votaba a instancias del presidente nacional del PT, José Eduardo Dutra, para apoyar la candidatura de Rousseff, alzando las credenciales partidarias.

En la mesa en que estuvieron sentados Dutra, Rousseff y Lula, también estaba el diputado Michel Temer, presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que renovará la coalición que su partido y el PT mantienen desde 2002. Temer es el casi seguro candidato a compañero de fórmula de Rousseff, quien afirmó: “Participo de un gobierno de coalición. Quiero formar un gobierno de coalición”, informó la agencia de noticias Reuters Brasil.

En su discurso Dilma agradeció que recibirá una “herencia bendita” por la estabilidad de la economía y de las políticas macroeconómicas, señaló que hará una reforma tributaria y defendió su propuesta de reorganizar el Estado y la política de contrataciones públicas. Si bien no quiso extenderse en los puntos programáticos, reafirmó los compromisos económicos del actual gobierno y prometió seguir avanzando en la transformación social del país y en el “compromiso social” que, indicó, es “la marca del gobierno de Lula”.

Agradeció el apoyo que siente que le dan el PT, Lula y los aliados, y dijo que gracias a él tiene el coraje y la determinación para presentarse en estas elecciones, las primeras que enfrenta.

Acerca de los ataques de sus opositores -que le achacan poca experiencia, falta de liderazgo y demasiada dureza-, dijo preferir “las voces injuriosas y calumniosas de la oposición que el silencio de la dictadura”. Ése fue uno de los tramos de discurso que, de acuerdo a Reuters Brasil, fue el que más emocionó a las casi tres mil personas que estaban en el lugar. “Nunca más viviremos en una caja, en una jaula o en una prisión”, subrayó la candidata, además de recordar los nombres de sus ex compañeros muertos en la lucha contra la dictadura (1964-1985) de la que ella también participó, al igual que Lula.

“La tarea de continuar mejorando Brasil es de millones. Somos millones, vamos hasta la victoria”, remató Rousseff.