-¿Cómo definís tu relación con Evo Morales?

-Es la relación de un periodista y un presidente que se conocen desde hace 20 años, y la relación ha variado a lo largo de este tiempo. Pero digamos que la confianza se mantuvo. Yo he escrito cosas también críticas sobre él y esto no es una biografía autorizada.

-¿Se enojó con algo del libro?

-No es que se enojó, pero la oposición usó algunas partes. Ojo, yo no sé si leyó el libro, pero se molestó con que en la edición de 2008 había una foto con el embajador de Estados Unidos a quien después echó. Pero todo esto fue dicho en un tono muy amable. Es muy abierto para hablar. A mí me parece que fue un error que en esta elección se presentara a un tercer mandato [la Constitución permite dos, pero como fue aprobada antes de que terminara su primer mandato, se consideró que éste no debía ser tenido en cuenta]. Yo lo escribí y lo dije. Las cosas que no escribí fue por decisiones mías. Por ejemplo, no hablo de la vida privada.

-La relación entre ustedes parece cambiar a la par de los cambios que sufre Morales en el ejercicio del poder.

-El cambio central que hubo entre el Morales en los años previos a la presidencia y el Morales de estos últimos años es que está mucho más pendiente de la gestión, de la economía, de los datos duros y de las obras de infraestructura, algo que no formaba parte de su repertorio. Él era un dirigente sindical y diputado nacional, ni más ni menos que eso. La economía para él era un tema muy ajeno. Ése es un cambio. Hubo grandes conflictos sociales con el este del país, y Morales moduló su política muy astutamente. Acerca del reclamo de autonomía del oriente, que él veía como una herramienta de la oligarquía, aunque era un tema que movilizaba a todo el oriente, se dio cuenta de que tenía que incorporarlo a la Constitución. Además destinó muchísima obra de infraestructura a esa zona, mucha inversión social, y buscó incorporar figuras ligadas al oriente o a Santa Cruz para que el MAS [Movimiento al Socialismo, el partido de Morales] no parezca ser sólo de La Paz. Después, como cuadro general, Bolivia está en su mejor momento económico y eso también pesa en el oriente. No es que los empresarios dijeran que habían transformado finalmente a Morales en lo que querían. No. Se dieron cuenta de que Morales tiene una gran legitimidad y además dijeron: “Bueno, estamos ganando dinero”. Pagan más impuestos, hay más presencia estatal en general en la economía. Pero no es como pensaban o decían. Evo llegó a la presidencia con la idea de una reforma agraria más radical, una nacionalización de los hidrocarburos mucho más radical, una Constitución mucho más radical.

-¿A qué se debió esa moderación?

-A que no existían condiciones. Él ha combinado siempre el discurso radical y la gran capacidad de movilización, pero también de negociación.

-¿Pide mucho para recibir lo justo, como en una negociación sindical?

-Él es un dirigente sindical, un político, y lo más llamativo es que haya ganado en Santa Cruz. Allí en 2002 [cuando buscó la presidencia por primera vez y llegó segundo] sacó 3% de los votos. En 2008 no podía ni aterrizar con su avión, y ahora sacó el 50% [49,1%, según los resultados oficiales]. Para la elite del oriente, que ahora se ha resignado, te aseguro que es muy pero muy insoportable que un dirigente campesino de origen aimara sea presidente del país. Es una cuestión de clase muy fuerte. Obviamente los empresarios lo reciben, pero no es que se hayan convertido. Acerca de esta teoría de que lo de Morales es irreversible, yo no estoy seguro. Ha habido cambios muy importantes que ahora no se discuten, como la nueva Constitución, las nacionalizaciones, la inversión social. Pero la nacionalización es un término de economía que es ambiguo. ¿Qué son las nacionalizaciones? En el caso boliviano las nacionalizaciones consistieron en que las empresas pagan más impuestos, antes dejaban 18% y ahora dejan 50%. Pero no fue una expropiación; las empresas se quedaron a pesar de que pagan más impuestos y hay mayor participación del Estado en el negocio. Es parte del éxito comunicacional.

-¿A qué se debe que Morales haya sumado votos en sectores empresariales como Santa Cruz y perdido apoyo entre los indígenas?

-El empresariado boliviano no vota a Morales, sí lo hacen sectores medios o medios altos, donde estaría el nuevo votante. Sí ha habido una sangría que le dio a [Fernando] Vargas [indígena y candidato del Partido Verde] casi 3% de los votos, porque hizo una campaña sin ningún tipo de recursos, sólo con la bandera del Tipnis [Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure, cuyos habitantes se opusieron al gobierno por un proyecto de carretera]. Pero también es paradójico, porque en el Tipnis Morales sacó 75% de los votos. Lo interesante es ver la tensión entre modernización económica y reivindicaciones indigenistas. Es un caso en el que Morales muestra que se inclina a veces hacia la modernización económica. Vargas capta a un porcentaje pequeño del electorado, pero muestra que el movimiento indígena boliviano no apoya homogéneamente a Evo. El voto a Morales no es un voto étnico, y tampoco hay una sangría por izquierda. Hay una izquierda indigenista que critica a Morales y no es algo nuevo, y me parece que se va a mantener, porque la agenda del indigenismo radical, claramente, no es la agenda de Morales. El desarrollo económico, reducir la pobreza, bajar la desigualdad y muchos programas sociales eran temas para él, prioritarios.

-Sin hablar de la vida privada de Morales, del libro se desprende que el lugar de la mujer en el gobierno es casi decorativo. En ese sentido también mencionabas a Jordan.

-Es uno de los puntos débiles. Cuando él fue reelecto [en 2009] su primer gabinete fue 50% de mujeres y 50% de hombres, fue el primero. Por momentos hay movimientos hacia un lado y después vuelve a la reproducción de la sociedad patriarcal boliviana. En los tres cargos relevantes, el círculo más próximo, nunca hubo mujeres. Ahora, hay ministras mujeres y también hay una tensión, por comentarios desafortunados que Morales ha hecho sobre las “novias”, cuáles son “lindas” o “feas”. Recibe críticas de los grupos feministas, pero en los últimos años se está cuidando un poco más. En esta elección el candidato a legislador de La Paz Manuel Canelas fue el primer candidato abiertamente gay.

-Justamente te quería preguntar sobre la declaración que hizo en 2010 en la que vinculó la homosexualidad con haber consumido pollos criados con hormonas...

-Él dijo que esa frase, totalmente injustificada, se debía a un asesor. Pero no se tradujo en ninguna persecución ni denuncia. Además, se está empezando a discutir alguna ley de matrimonio. Y no ha vuelto a repetir ese tipo de frases, se dio cuenta de que fue una burrada lo que dijo el asesor. Creo que a veces hay mucha improvisación y el presidente termina diciendo cosas sin saber.

-¿Cómo explicás que no haya sufrido desgaste electoral en el ejercicio del poder?

-Para Bolivia gobernar ocho años es un montón. Además el sistema partidario estaba muy fragmentado, por lo que la supremacía de Evo es totalmente extraordinaria. No solamente es extraordinaria en cuanto a la estabilidad política sino en la diferencia de 30 puntos porcentuales con el segundo en votos. Yo creo que no se ha desgastado porque todas las variables socioeconómicas han dado muy bien, porque es muy difícil votar en contra de un gobierno que ha mejorado las condiciones de vida de todos los bolivianos. Uno de los temas que yo veo como más problemático es la personalización; creo que el MAS como organización no se ha fortalecido. No hay un sucesor. Aunque está abierta la discusión, y eso lo veo como algo positivo.

-Llama mucho la importancia de la bebida Coca-Cola en Bolivia. Días antes de la elección, el gobierno intervino para evitar un aumento de sus precios; en el libro mencionás que Morales y sus ministros la consumen, y más adelante él la califica de “veneno”.

-Yo creo que es parte de sus contradicciones. Entiendo que últimamente no toma, aunque me puedo equivocar. En Bolivia recibí criticas por haber dicho lo que tomaba el presidente, pero si tomaba Coca-Cola lo iba a contar. Pero va por el mismo lado que lo indígena, o la relación con Estados Unidos. Hay un discurso radical en contra, pero al mismo tiempo evita que se aumente el precio.