“Todos tienen derecho a hacer huelga y está muy bien”, dijo la presidenta argentina el martes en un acto en las afueras de Buenos Aires, transmitido por cadena nacional. Fernández se refirió así, de manera indirecta, al paro nacional convocado para hoy por gremios opositores, que reclaman medidas contra la inflación, rebajas impositivas y más herramientas de protección para los trabajadores ante la pérdida de poder adquisitivo. “Por supuesto que hay problemas y siempre vamos a tener problemas. Pero por favor, que no nos quieran convencer de que todo está mal y todo es horrible. Porque si todo estuviera mal, qué son esos miles y miles de argentinos que yo veo aquí, en la capital, cuando los fines de semana no hay lugar en ningún restaurante, en ningún cine, en ningún teatro”, continuó. “¿Saben qué nos falta? Que todavía haya más argentinos que no sólo puedan tener la suerte de ir a un buen restaurante y a un buen teatro, sino que además tengan la suerte de tener una casa, escuela, educación. Para eso todavía tenemos que seguir trabajando”, concluyó.

Fernández pidió a los argentinos que no se “dejen robar la alegría y la certeza de que, con todas las dificultades”, viven “en un país mucho mejor” del que tenían en 2003, cuando asumió la presidencia su marido, Néstor Kirchner, después de la crisis de 2001.

Ayer el gobierno, por intermedio del Ministerio de Trabajo, publicó una solicitada en buena parte de los diarios nacionales titulada “Mañana la mayoría de los argentinos quiere trabajar”.

El aviso hace la lista de los gremios que no adhieren a la movilización y detalla los que brindarán servicio de emergencia, aclarando que “las actividades industrial, comercial, bancaria, docente y de servicios públicos (con excepción del transporte) no adhieren a esta medida de fuerza, por lo que la actividad debe ser normal”.

Sin embargo, estaba previsto que no circularían ómnibus, trenes, aviones y camiones; los colegios, juzgados y locales gastronómicos estarían cerrados y los hospitales sólo prestarían servicios de 
emergencia.

Con o sin K

Los sindicatos argentinos son una imagen del panorama político. Las dos principales centrales, la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Central de Trabajadores de la Argentina, están divididas en dos ramas, una oficialista y la otra opositora. La escisión de la CGT se ratificó en 2012 y desde entonces Antonio Caló, de la Unión Obrera Metalúrgica, quedó al frente de la CGT oficialista, mientras que su líder emblemático, Hugo Moyano, dirigente del Sindicato de Choferes de Camiones, terminó de consumar su ruptura con el gobierno y quedó al frente de lo que ahora se llama la CGT opositora o “CGT-Azopardo”, por la calle en la que se encuentra la histórica sede de la central. Allí Moyano y sus seguidores siguen teniendo sus oficinas.

El quiebre en la CTA fue anterior, consecuencia de las controvertidas elecciones internas de 2010, en las que debía definirse su nueva cúpula. La central quedó dividida en dos: la CTA oficialista de Hugo Yasky, ex titular de la Central de Trabajadores de la Educación Pública, y la CTA opositora, de Pablo Micheli, dirigente de la Asociación Trabajadores del Estado.

La convocatoria al paro de hoy fue encabezada por Luis Barrionuevo, líder de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos (Uthgra), y por Moyano. El gobierno reprocha a los trabajadores del transporte que su adhesión al paro hace difícil que otros que no quieren adherir puedan ir a trabajar. Esto explica en parte la solicitada. El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, dijo ayer que la adhesión del sector del transporte al paro “obstaculiza el legítimo derecho de huelga”.

Micheli le contestó: “Quien quiera ir a trabajar o a carnerear que vaya caminando”. Opinó: “Lo único que falta es que nos pidan que les pongamos colectivos en los barrios para ir a trabajar”.

Los sindicatos afines al gobierno se oponen al paro y argumentan que la medida se dispuso en plenas negociaciones salariales colectivas de varios sectores. “Creemos que no es el momento oportuno para hacer un paro general, en este momento en que todo el país está con las paritarias abiertas”, dijo Caló, que agregó: “Es un paro político”.

El dirigente recordó que su sindicato, la Unión Obrera Metalúrgica, obtuvo del gobierno un aumento salarial de 29,3% para 2014, que “no es lo ideal, no es lo mejor, pero es lo posible”.

En tanto, Barrionuevo detalló que la Uthgra reclamará un aumento de 52% en la negociación colectiva, para compensar la pérdida de poder adquisitivo debida a la inflación, y por la devaluación de enero. Además, reclama que se aumente el piso para pagar el impuesto a las ganancias, que ahora es de 15.000 pesos, unos 1.870 
dólares.