En la página de Facebook de Carta Abierta, un espacio que federa a intelectuales de la Universidad de Buenos Aires, la foto de portada muestra a la presidenta Cristina Fernández junto a la frase: “Yo la voté para que haga exactamente lo que está haciendo”. Uno de los cofundadores de ese grupo es Ricardo Forster, un doctor en filosofía, de 56 años, que da clases en varias instituciones argentinas y fue candidato oficialista a diputado en Buenos Aires el pasado año. Ahora Foster fue designado titular de la nueva secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, algo que lo colocó en el centro de una polémica.
De acuerdo con lo publicado en el Diario Oficial del 4 de junio, la secretaría a cargo de Forster deberá “diseñar mecanismos apropiados para la producción de pensamiento nacional”, “instrumentar instancias de investigación y desarrollo”, “preparar los materiales para la creación de documentos que puedan ser adaptados a los distintos soportes físicos y digitales” y “comunicar y difundir las investigaciones desarrolladas en el ámbito de su competencia” acerca de “las temáticas que defina”.
Tanto intelectuales como opositores cuestionaron la existencia de esta institución y la oportunidad de elegir a un militante oficialista como titular. Para algunos genera rechazo y para otros desconcierto esta novedad, que se conoció la semana pasada, cuando se dispuso, mediante el Boletín Oficial, la organización de la nueva cartera de Cultura (que antes era una secretaría) y sus dependencias. Muchos se preguntaron cuál es la necesidad de supervisar desde el Estado el buen desarrollo del “pensamiento nacional”.
El director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, que también integra Carta Abierta, consideró en una columna publicada el domingo por el diario argentino Página 12 que el nombre elegido para la secretaría fue un “error”, “desventajoso” y “de-safortunado”, ya que alimentó “tremendas e injustas acusaciones” contra Forster.
Por su parte, el escritor Luis Gregorich, crítico con el gobierno, dijo que “nadie vinculará a Forster con el nazifascismo, pero la idea misma de ‘pensamiento nacional’ resulta sospechosa si no se la define bien”. En declaraciones al diario La Nación, agregó: “Lo de coordinación estratégica nos evoca una intención manipuladora y reglamentadora”.
El académico Juan José Sebreli, citado por el mismo medio, declaró: “Lo mismo hizo Perón cuando en 1950 dio un giro en su política económica, contrario al populismo de sus primeros años, y para contrabalancear reforzó enormemente la propaganda”. El sociólogo dijo que ése “fue el período más totalitario, con propaganda oficial en los textos escolares y en la cultura”, y estimó que a Forster lo espera “un papel muy triste”.
Forster se defendió y también defendió su cargo. “Si se tomaran la molestia de leer lo que he escrito, lejos van a ver que pueda tener una tradición de dogmatismo o pensamiento único”, dijo a Página 12. En declaraciones a La Nación insistió: “La secretaría no tendrá como cometido ser un comisariato político, ni estará reducida a una visión monocorde. El objetivo es amplificar las voces, no apuntar a una construcción dogmática”.
“Vamos a intentar armar una secretaría que sea capaz de articular la complejidad de la historia intelectual argentina, la historia política e ideológica, y que sea capaz de discutir los temas del presente y del futuro; ése es el objetivo”, afirmó.
Aunque recibió muchas señales de apoyo desde el oficialismo, una de las más contundentes fue la de la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. “Querido Ricardo, no te preocupes por las ratas. Viven poco en cuevas mugrosas, aunque se reproducen pues tienen quien las alimenta”, escribió en una carta al nuevo secretario.