Llegó a La Haya el primer caso en el que se investiga un crimen de guerra por destrucción de patrimonio cultural de la humanidad. El acusado es Ahmad al Faqi al Mahdi, alias Abu Tourab, y se le atribuye el ataque intencionado contra una serie de edificios religiosos y monumentos históricos situados en Tombuctú, Malí, entre el 30 de junio y el 10 de julio de 2012. Unos días antes, la UNESCO había inscrito estos monumento en la lista del patrimonio cultural en peligro.

Al Mahdi, supuesto integrante del movimiento islamista Ansar Dine -asociado con el grupo terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico-, fue entregado a la Corte Penal Internacional (CPI) por las autoridades de Níger. Quedó privado de libertad en un centro de detención de la corte, en Holanda, por la destrucción de nueve mausoleos y una mezquita, según informó el organismo en su sitio web oficial. La orden de arresto fue emitida el 18 de setiembre por el tribunal e indica que hay evidencias de la participación activa de Al Mahdi en la ocupación de Tombuctú, ciudad que estuvo bajo el control de cinco grupos armados, incluido Al Qaeda en el Magreb Islámico y Ansar Dine, desde que se desató un conflicto armado en el país africano, en enero de 2012.

La fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, dijo que los ataques intencionales contra monumentos históricos “irreemplazables” son “delitos graves” y “un asalto cruel a la dignidad y la identidad de poblaciones enteras, y de sus raíces religiosas e históricas”.

Este primer arresto por destrucción de patrimonio de la humanidad pone en el centro de discusión un fenómeno que ocurre desde hace años en distintos países y que preocupa, sobre todo por la importancia cultural e histórica que guardan algunos monumentos milenarios. El ejemplo más cercano, por su actualidad, es el de Estado Islámico (EI), que ya tiene en su haber el exterminio de decenas de sitios históricos, sobre todo en Siria e Irak.

La directora general de la UNESCO, Irina Bokova, dijo hace unas semanas que el de EI es “el intento más brutal de destrucción sistemática del patrimonio de la humanidad” desde la Segunda Guerra Mundial, luego de que el grupo jihadista destrozara el templo de Baal Shamin, de casi 2.000 años de antigüedad, en la ciudad siria de Palmira.

Al Mahdi compareció ayer ante la Corte Penal Internacional en una audiencia que tuvo como objetivo confirmar su identidad y cual era su idioma -el árabe-, y notificarle qué cargos enfrenta. El juicio comenzará en enero, y el caso es también el primero que se lleva adelante por el conflicto en Malí.