La ronda de conversaciones que empezó ayer en la capital kazaja es la cuarta a la que asisten las dos partes para solucionar el conflicto en Siria. La primera tuvo lugar en 2012 y la última el año pasado, pero ninguna tuvo éxito, por lo que las expectativas puestas en esta ocasión son bastante altas. Los países garantes de estas conversaciones, Rusia y Turquía, decidieron que las negociaciones serían indirectas y a puertas cerradas, al igual que las anteriores.

“Estoy seguro de que la reunión de Astaná creará las condiciones necesarias para que todas las partes interesadas hallen una solución a la crisis siria”, dijo el presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, en un mensaje leído por su canciller, Kairat Abdrajmanov, al principio de la reunión. Sin embargo, una vez que empezó el intercambio entre los representantes del presidente sirio, Bashar al Assad, y la oposición armada, el optimismo se fue diluyendo. El jefe de la delegación opositora, Mohamad Alush, defendió a los milicianos del valle del río Barada, que abastece de agua a Damasco. Según el gobierno sirio, ellos son culpables de cortar el suministro de agua a la capital. Por esa razón, las fuerzas de Al Assad comenzaron una ofensiva en el valle hace 24 días y continuaron a pesar del cese del fuego que entró en vigor el 30 de diciembre, algo que para la oposición constituye una “violación”.

Después de la intervención de Alush, el jefe de la delegación del gobierno, Bashar al Yafari, se fue de la reunión y dijo a la prensa: “La delegación de la oposición no respeta las negociaciones y no actúa de acuerdo a los usos diplomáticos”. Además, acusó a los opositores de actuar en defensa del grupo Frente al Nusra, que quedó excluido de todos los acuerdos. Al Yafari agregó que no se puede calificar de violación del alto el fuego las operaciones de las fuerzas gubernamentales contra aquellos “que impiden el acceso al agua potable a siete millones de personas”.

Unos minutos después, Osama Abu Zeid y Esam al Rais, portavoces del equipo opositor, dijeron a los periodistas que sin un acuerdo de alto el fuego “completo” no habrá negociaciones para buscar una “transición política” en Siria. “Hasta el momento no hemos empezado las conversaciones con la delegación del régimen y vamos a negociar con la Organización de las Naciones Unidas [ONU], que es el mediador entre nosotros”, agregó Al Rais.

La ONU está representada en estas conversaciones por medio de su enviado especial para Siria, Staffan de Mistura, quien ayer dijo que “la negociación entre sirios” es “el único camino para poner fin al conflicto y garantizar una solución política”. De Mistura también afirmó que el alto el fuego alcanzado en diciembre redujo los niveles de violencia en el país, pero no le puso fin. “La protección de los civiles -de hombres y mujeres- debe ser la máxima prioridad. Todas las partes deben proteger a los civiles y las infraestructuras civiles, incluidos hospitales, escuelas, redes eléctricas y de agua potable, y también áreas como mercados”, dijo en ese sentido. “Sé que no ha sido fácil estar aquí. Pero estoy seguro de que la inmensa mayoría del pueblo sirio está contento de que hayan venido y de que estén sentados en la misma mesa”, agregó el diplomático.

Además de la ONU, Rusia y Turquía, también participa una delegación de Irán. Rusia actúa como garante del equipo de gobierno sirio y Turquía como garante de la oposición. Estados Unidos recibió una invitación de última hora por parte del canciller ruso, Serguéi Lavrov, pero el viernes la administración del nuevo presidente, Donald Trump, anunció que no enviaría una delegación formal, aunque sí participaría su embajador en Kazajistán. Ayer también estaban presentes en Astaná, aunque afuera de la sala de reunión, diplomáticos de Reino Unido, Francia y Holanda.

La reunión, que duró cerca de nueve horas, terminó un poco antes de la medianoche. Consultado por periodistas, Yehia al Aridi, miembro del equipo de la oposición, resumió la jornada como una “llena de obstáculos”.