Cerca de un millón de personas participó el sábado en marchas en distintas ciudades de Estados Unidos para reclamar más controles en el acceso de los civiles a las armas. Las movilizaciones fueron convocadas por el movimiento estudiantil Never Again (Nunca más), que surgió a partir de la matanza en el liceo de Parkland. El 14 de febrero, un ex estudiante, Nikolas Cruz, de 19 años, entró allí con un fusil de asalto y mató a 14 estudiantes y tres profesores.
“Salimos a la calle para exigir leyes de control de armas que son de sentido común”, dijo en Washington Cameron Kasky, de 17 años, uno de los supervivientes del ataque en Parkland. Se estima que la manifestación, llamada “Marcha por nuestras vidas”, reunió en esa ciudad a unas 800.000 personas. En otras, como Nueva York, participaron más de 100.000.
Durante la movilización, la estudiante Edna Chávez dio un discurso en el que se refirió a la idea del presidente Donald Trump de darle armas al personal de los centros educativos; dijo: “Armar a los maestros no funcionará... Nos hacen sentir como criminales, cuando deberíamos sentirnos apoyados” en esas instituciones.
Un día antes de la marcha, el viernes, el Departamento de Justicia emitió un decreto para prohibir la venta de los llamados “aceleradores de disparos”, que se utilizan para que los fusiles semiautomáticos disparen munición con la velocidad de una ametralladora. El sábado, Trump se encontraba en Florida y se dirigía de su club de golf a su casa en Mar-a-Lago, y tuvo que tomar un desvío, junto a su comitiva, para esquivar la marcha en Palm Beach.
La Asociación Nacional del Rifle dijo ese día en un comunicado que las protestas no eran espontáneas: “Los multimillonarios que odian las armas y las elites de Hollywood están manipulando y explotando a niños como parte de su plan para destruir la Segunda Enmienda y despojarnos de nuestro derecho a defendernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos”.
