“Irán cruzó una línea roja”, dijo el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Su país había acusado el miércoles a fuerzas iraníes de lanzar unos 20 cohetes contra sus instalaciones militares en los Altos del Golán, territorio ocupado en la frontera con Siria. Como respuesta, “las Fuerzas de Defensa de Israel llevaron a cabo un ataque a gran escala contra objetivos iraníes en Siria”, dijo Netanyahu. En la madrugada de ayer, su país atacó más de 50 de esos objetivos. Fueron bombardeadas sedes de inteligencia, almacenes de armas y bases militares, “prácticamente toda la infraestructura iraní en Siria”, agregó. “Estamos en una campaña prolongada, y nuestra política es clara: no se le puede permitir a Irán atrincherarse militarmente en Siria”, dijo el gobernante.

El subcomandante Hossein Salami, de los Guardianes de la Revolución de Irán, negó que esa fuerza, a la que Israel acusó de atacarlo, hubiera lanzado esos cohetes, informó la agencia de noticias Efe. Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Siria emitió un comunicado en el que afirma que la “entidad sionista” y sus aliados dejaron de “esconderse” detrás de grupos “terroristas” –en alusión a las milicias que combaten al gobierno– y pasaron a un “enfrentamiento directo” con ese país. En ese texto, el ministerio agregó que esta situación “va a aumentar la tensión en la región, lo que es una amenaza seria a la seguridad y la paz internacionales”.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) mostró ayer preocupación por este escenario. En conferencia de prensa, Stéphane Dujarric, portavoz del secretario general, António Guterres, dijo que este funcionario “urge al cese inmediato de todos los actos hostiles y de cualquier acción provocadora para evitar un nuevo incendio en una región ya envuelta en terribles conflictos y un inmenso sufrimiento para los civiles”. Agregó que la ONU había estado ayer en contacto con diversos actores en este conflicto. Uno de ellos fue Israel, que le pidió al Consejo de Seguridad que le reclame a Irán que termine con “su presencia militar en Siria, que no sólo amenaza a Israel, sino la estabilidad de toda la región”.

Tanto Israel como Estados Unidos tienen el objetivo de frenar la influencia iraní en la zona, y ese fue uno de los argumentos que expuso el gobierno de Donald Trump para abandonar el pacto internacional sobre el programa nuclear de Teherán. Ayer Washington defendió a su aliado, que a su entender actuó en defensa propia, y anunció sanciones a nueve organizaciones y personas a las que acusa de actuar para financiar a la Fuerza Quds, que forma parte de los Guardianes de la Revolución.