Médico y periodista, Humberto Costa está en el Senado brasileño en representación de Pernambuco. Empezó su carrera política en el movimiento estudiantil, continuó como sindicalista, ya siendo médico, y se unió al Partido de los Trabajadores (PT) en el año de su fundación, 1980. Visitó Montevideo para participar en una actividad del Parlamento del Mercosur y, aprovechando la oportunidad, se reunió con el candidato a la presidencia por el Frente Amplio, Daniel Martínez. Además, conversó con la diaria sobre el impacto del gobierno de Jair Bolsonaro, el regreso del PT a la oposición y el futuro político del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

En los últimos meses el sitio The Intercept ha publicado conversaciones entre fiscales de la operación Lava Jato y el ex juez y actual ministro de Justicia, Sérgio Moro, que confirman que hubo intenciones políticas detrás de, al menos, la primera condena del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva. ¿Cree que esto va a derivar en una liberación anticipada?

Ahora tenemos todos los motivos para esperar que el Supremo Tribunal Federal adopte una posición diferente de la que ha tenido hasta ahora, porque cada día que pasa queda más claro que hubo una persecución política mediante una acción judicial que fue principalmente política. Las revelaciones de The Intercept no solamente demuestran esto, sino también que no hubo un tratamiento imparcial de Lula en todo el proceso. En Brasil cuando no hay imparcialidad un proceso puede ser anulado, y es lo que estamos intentando ahora. Si la corte no se deja intimidar por la presión de la prensa, los militares y el gobierno, creo que vamos a tener a Lula libre. Incluso puede ser en setiembre. Hay varios recursos presentados para eso.

Después de que el PT perdiera las pasadas elecciones, hubo quienes opinaron que se tardó demasiado en retirar la candidatura de Lula y presentar la de Fernando Haddad.

Soy de los que creen que es correcta la evaluación de que nosotros esperamos demasiado para hacer el cambio de la candidatura, pero esto tiene que ver con la convicción que tenía Lula de que sería candidato, porque algunos abogados le dijeron que no había posibilidad de negarle ese derecho. Por eso fuimos hasta la última posibilidad.

“Vamos a seguir insistiendo con que [el candidato] sea Lula, porque es un hombre muy fuerte, pero no hay cómo olvidar el buen desempeño de Haddad, y no podemos esperar tanto esta vez”

Teniendo eso en mente, para las próximas elecciones, ¿se piensa en un candidato que no sea Lula?

Si Lula es liberado tampoco hay garantías de que sean restablecidos sus derechos políticos, a menos que se anulen todos los procesos que iniciaron en su contra. Naturalmente, él es nuestro principal nombre, no podemos negarlo, pero también está el de Haddad, que tuvo una buena votación en 2018. Sin la información falsa en torno a él y al PT, que alimentaron el sentimiento anti PT en los sectores medios, él habría ganado las elecciones, y hoy todavía es el nombre más fuerte después del de Lula. Vamos a seguir insistiendo con que sea Lula, porque es un hombre muy fuerte, pero no hay cómo olvidar el buen desempeño de Haddad, y no podemos esperar tanto esta vez.

Empieza a aparecer la pregunta de si el ganador de esas elecciones, el presidente Bolsonaro, terminará su mandato. ¿Qué opina al respecto?

Muchos de mis compañeros piensan que es posible que lo termine, e incluso creen que es mejor para nosotros, porque en los cuatro años de mandato perdería tanto apoyo que enfrentaría las elecciones con más debilidad que ahora, pero yo no creo que llegue. Hoy es claro que hay una identificación entre las elites y Bolsonaro, que lleva adelante la política económica de las primeras, entonces hay una convergencia. Sin embargo, sus posiciones en muchos momentos crean fuertes dificultades para esos sectores. Por ejemplo, el agronegocio representa 20% de nuestro Producto Interno Bruto, y las posiciones que está adoptando hoy en política internacional con los países europeos crean dificultades muy grandes para estos sectores. Me parece que después de la aprobación de la reforma jubilatoria, que van a lograr, las elites van a empezar a mantener distancia. Incluso es posible que haya un nuevo impeachment en Brasil.

Si hay algo que dejó claro todo lo que pasó en Brasil desde 2014 es que los sectores conservadores siempre estuvieron dispuestos a actuar unidos. ¿La izquierda puede llegar a ese nivel de unidad? ¿Se está trabajando para las próximas elecciones?

Es diferente hoy. Tuvimos una preocupación muy grande sobre qué pasaría después de las elecciones pasadas. Pensamos que cuando empezáramos a ser oposición íbamos a tener muchas dificultades, pero hasta ahora todo está muy bien encaminado. Aun así, no tengo la certeza de que estemos juntos en la disputa electoral; es más, creo que en la primera vuelta no es muy probable, especialmente porque ahora hay importantes líderes de izquierda que tienen fuerza en varias regiones del país. Para las futuras elecciones estamos más cerca del Partido Socialismo y Libertad, que está más a la izquierda del PT, y del Partido Comunista de Brasil.

“No sabemos si Brasil puede soportar lo que está haciendo Bolsonaro hasta 2022”

No parece haber un movimiento de izquierda que pueda poner en marcha una salida adelantada de Bolsonaro. ¿Depende entonces únicamente de que se produzca una presión desde la derecha?

Creo que sí. Está empezando a producirse un cambio importante en las posiciones de las personas que lo apoyaban. En los últimos días salió una encuesta que muestra que Bolsonaro ya no tiene el respaldo de la mayoría de la población: 54% desaprueba su gestión. Puede haber un cambio, y quizá los movimientos sociales estén más fuertes y podamos hacerlo nosotros, pero hoy el futuro de Bolsonaro está en las manos de las elites brasileñas, aunque tiene una base social importante; estimo que por lo menos 20% de la población se identifica mucho con sus posiciones descabelladas.

Si la derecha empieza a quitarle respaldo a Bolsonaro, ¿el PT puede iniciar alguna acción?

Esta es una situación muy difícil para nosotros. El PT pidió la anulación del resultado por la incidencia de las fake news en el proceso electoral; hay un recurso en el Tribunal Superior Electoral en ese sentido. Si eso resulta en el cese de la fórmula gobernante en los dos primeros años de gobierno, se convoca a elecciones directas. Esa sería la mejor situación, pero el tribunal está controlado por las elites; no va a hacer eso, que beneficiaría al PT. La otra posibilidad es que la anulación se produzca después de los dos años; ahí hay una elección indirecta en el Congreso, y es posible que sea elegido el presidente de la cámara [Rodrigo Maia], y eso no es nada bueno para nosotros. Si se hace el impeachment, va a asumir el vicepresidente [Hamilton Mourão], que es un general de extrema derecha, pero tiene mucha más capacidad y preparación que Bolsonaro y no va a hacer estas locuras que él hace. Es una situación muy difícil, pero el problema también es que no sabemos si Brasil puede soportar lo que está haciendo Bolsonaro hasta 2022.

“El principal efecto [a largo plazo] es que Bolsonaro está eliminando cualquier posibilidad de que el Estado pueda hacer una política diferente de la suya”

Están las “locuras”, las iniciativas, las declaraciones de Bolsonaro, pero ¿cuál es el efecto a largo plazo de su gobierno? Por ejemplo, este enfrentamiento de Bolsonaro con jefes de Estado europeos es algo puntual, si mañana hay otro presidente de Brasil las relaciones volverían más o menos a la normalidad. En el terreno nacional, en términos concretos, las reformas que puede aprobar son limitadas porque no tiene apoyo parlamentario propio.

El principal efecto es que Bolsonaro está eliminando cualquier posibilidad de que el Estado pueda hacer una política diferente de la suya. El peor problema es que está desmontando la capacidad que tiene el Estado brasileño de hacer política, está haciendo una desregularización en muchas áreas importantes en las que el Estado tiene que estar para mediar y regular. El problema es qué va a quedar después de Bolsonaro.

¿Qué posibilidad de acción tiene la oposición?

Estamos intentando hacer un frente amplio con otros sectores que no sean solamente la izquierda, porque hay sectores del centro, e incluso de la centroderecha, que están muy preocupados con lo que ocurre en Brasil hoy, porque los derechos humanos y la democracia están en riesgo. En Brasil hay una gran polarización, entonces no es fácil hacer esto.

Después del impeachment empezó un proceso de revisión y autocrítica dentro del PT que se vio interrumpido por las elecciones de 2018. ¿Se retomó en esta etapa?

Hay una autocrítica, pero creo que no es toda la necesaria. Tenemos que insistir un poco más. Por un lado, hay personas que no la hacen; por otro, tenemos que ser cuidados porque nuestra autocrítica muchas veces es utilizada para atacarnos. Pero hay muchas cosas en las que ya lo hicimos: la articulación política durante el gobierno de Dilma [Rousseff] fue lastimosa o inexistente, cometimos muchos errores en la política económica en ese período, deberíamos haber hecho la reforma política para reducir el número de partidos y cambiar el financiamiento de las campañas. Necesitamos profundizar esta autocrítica, el PT tiene que ser un partido más humilde y más amplio, que pueda trabajar en conjunto con sus aliados.

¿Cómo lleva el PT el hecho de haber vuelto a la oposición?

Tuvimos una capacidad importante de resistencia, porque el objetivo de las elites era justamente destruir al PT. Pensaban que no seríamos capaces de participar en las elecciones, tener un candidato que llegara a la segunda vuelta y que ahí obtuviera una gran votación. Esa fue una gran victoria para nosotros, y muy importante. Como ya estuvimos en la oposición antes de llegar al gobierno, durante 22 años, nos estamos readaptando. Hay algo que es importante, y es que este gobierno se hace oposición a sí mismo. Eso es bueno y malo. Es bueno porque todos los días están haciendo cosas locas, y es malo porque a veces no nos dan la posibilidad de ser nosotros la oposición. Estamos aprendiendo.

La Amazonia

El G7 acordó enviar 20.000 millones de dólares para ayudar a la Amazonia, pero Bolsonaro se negó a aceptarlos argumentando que defendía la soberanía. ¿Qué opina?
El principal ataque que el gobierno de Bolsonaro hace a nuestro país es, justamente, a nuestra soberanía. Hasta hace poco, Brasil tenía una política internacional independiente, autónoma, no se alineaba completamente con ningún polo, pero hoy está totalmente subordinada a la de Estados Unidos. Nuestras riquezas están siendo compradas por empresas extranjeras: el presal [el yacimiento de petróleo en la plataforma marítima], Eletrobras, Petrobras... Entonces no hay cómo Bolsonaro pueda hablar de soberanía: ¿qué soberanía quiere?, ¿la soberanía para destruir la Amazonia? Esa soberanía no la queremos. Claro que no queremos ningún tipo de intromisión de otros países en esa cuestión, pero no podemos aceptar que el gobierno diga que quiere soberanía. Para nosotros, esta ayuda es muy importante; por todo lo que hemos visto y oído, la situación es muy grave. Los gobernadores de la región norte están muy preocupados porque el dinero del Fondo Amazónico [al que Noruega y Alemania suspendieron su financiación, que representaba 95%] era muy importante para mantener la fiscalización, para impedir que el agronegocio ampliara sus fronteras ilegalmente.

¿Qué acciones ha adoptado el gobierno de Bolsonaro que empeoraron la situación en la Amazonia?
Su discurso, principalmente. Desde la campaña él era contrario a lo que considera políticamente correcto, y eso incluye la defensa del medioambiente: dijo que durante su gobierno no habría ni un metro cuadrado demarcado de tierras indígenas, que iba a llamar a Estados Unidos para explorar la Amazonia en busca de minerales, que no se puede impedir que el agronegocio amplíe sus fronteras, que iba a debilitar la fiscalización medioambiental, que iba a eliminar las sanciones por incumplimiento... Hay una aprobación implícita: hubo personas que se sintieron respaldadas, incluso incentivadas, para hacer estas cosas que están haciendo ahora.

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