Aldo Chiquito Perrini tenía una heladería en Carmelo cuando en 1974 fue sacado de su casa, encapuchado y trasladado al Batallón 4, donde fue torturado hasta la muerte. Según la Justicia Militar, al frente de dicho destacamento de Colonia del Sacramento estaban en el lugar el general Pedro Barneix y los oficiales José Bardeau y José Puigvert.

La causa judicial por el caso Perrini comenzó en 2010 por una denuncia de Piero Perrini presentada por intermedio de su abogado, Oscar López Goldaracena. En 2012 falleció Bardeau y en setiembre de 2015 fueron procesados Barneix, quien se suicidó cuando se lo fue a detener, y Puigvert, que está en prisión preventiva en la cárcel de Domingo Arena desde ese entonces.

En febrero de 2019, el juez Tabaré Erramuspe aceptó el pedido del titular de la Fiscalía Especializada en Crímenes de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe, que había pedido una condena de 22 años de prisión para Puigvert como coautor del homicidio muy especialmente agravado de Perrini.

La defensa apeló aquel fallo pero ahora el Tribunal de Apelaciones en lo Penal de primer turno, a cargo de la doctora Graciela Gatti, confirmó la condena para Puigvert, según informaron este lunes desde Crysol y confirmaron a la diaria desde la Suprema Corte de Justicia.

En la sentencia de Gatti se recuerdan detalles del trágico episodio. Por ejemplo, que el operativo militar del 26 de febrero de 1974 que derivó en la detención de Perrini abarcaba a un número mayor de personas, sobre todo jóvenes de entre 18 y 25 años, oriundos de Carmelo y opositores al régimen militar. El mismo día que Perrini fueron detenidos José Antonio Valente, Carlos Alberto Pereyra, Román Alfredo Chipolini, Margarita Noemí Castillo, Daniel Gastián Conde y Jorge Raúl Ferrari.

También se revelan detalles de la autopsia histórica, que llevan “ineludiblemente a concluir” que luego de días de “torturas y tratos inhumanos” y al ser llevado a un nuevo interrogatorio en el que participó Puigvert, Perrini “terminó inconsciente, y falleció poco tiempo después al ser trasladado al Hospital Militar en Montevideo”.

Mientras estaba preso, sufrió plantones sin agua ni alimento, golpizas, submarinos y picanas eléctricas. Perrini, se decía en la petición fiscal, “fue sometido a igual tratamiento que los restantes detenidos” pero sobre él “recayó especial consideración” porque en varias ocasiones intentó interceder, utilizando su voz, para que las mujeres detenidas “no fueran objeto de tratos degradantes” y hasta violaciones.