Todavía tiene dificultades para caminar, escribir a mano y mantener el equilibrio, pero el dirigente opositor ruso Alexéi Navalny continuará su rehabilitación fuera del hospital de La Charité, en Berlín, donde fue internado el 22 de agosto y dado de alta este miércoles. Fue en ese lugar que los médicos le diagnosticaron envenenamiento con un agente nervioso similar al Novichok.

Navalny había colapsado cuando regresaba a Moscú de un viaje a Siberia, el 20 de agosto, y tuvo que ser internado de emergencia en un hospital de la ciudad rusa de Omsk. Sin embargo, allí no se detectó que hubiera sufrido una intoxicación.

Hasta el 7 de setiembre Navalny estuvo en coma, primero en Omsk y después en Berlín, donde fue trasladado por una ONG alemana a pedido de su familia. Los médicos del hospital berlinés todavía no descartan que el envenenamiento que sufrió Navalny pueda dejar secuelas, pero manifestaron su optimismo “debido a la evolución y el estado actual del paciente”.

Este miércoles el político dijo que sus planes inmediatos consisten en recuperar las capacidades que perdió. “Después de 32 días internado los médicos decidieron que mi recuperación no requiere hospitalización, sino un retorno a la vida normal. Caminar, estar con mi familia. Sumergirme en la rutina de los movimientos cotidianos”, dijo en sus redes sociales Navalny, según informó la agencia Efe.

Steffen Seibert, portavoz del gobierno alemán, dijo que el Ejecutivo de Angela Merkel siente “alivio” ante la mejoría de Navalny, y que se “alegra” por su evolución. A su vez, el vocero del gobierno ruso, Dmitri Peskov, le deseó una “pronta recuperación” y afirmó: “Respecto de su regreso a Moscú, él es libre, al igual que cualquier ciudadano ruso, de retornar en cualquier momento”.

El gobierno ruso negó en todo momento las acusaciones de la familia y los partidarios de Navalny de que el Ejecutivo que preside Vladimir Putin haya estado involucrado en el envenenamiento, y rechazó los pedidos de Alemania de que brinde explicaciones al respecto. El Parlamento ruso incluso llegó a manifestar sus sospechas de que todo esto sea un montaje de otros países para perjudicar a Rusia.

De acuerdo con un artículo del diario Le Monde, el presidente ruso sugirió en una conversación con su par francés, Emmanuel Macron, que Navalny podría haber haberse envenenado a sí mismo.

El dirigente opositor comentó esa hipótesis y volvió a apuntar al Kremlin: “Es una buena versión. [...] Cociné una ración de Novichok. La tomé cuidadosamente de la petaca en el avión y caí en coma”, dijo en Instagram. Agregó que su “pícaro” plan era “morir en un hospital de Omsk”, pero no pudo. “Putin fue más listo que yo. No es fácil engañarlo”, dijo. Por su parte, Peskov dijo a la prensa que en la conversación entre Putin y Macron se abordó este asunto, pero “el periódico fue muy inexacto al transmitir la noticia”.