El partido se jugará el próximo lunes, cuando vía Zoom se desarrolle la reunión del Consejo del Mercado Común (CMC) del Mercosur –en el que participan cancilleres y ministros de Economía–, el órgano superior de decisiones del bloque regional. Sin embargo, los movimientos y conversaciones comenzaron tiempo atrás, y las posturas de cada país han sido explícitas, aunque se desconocen los pormenores y cuál será la tónica del encuentro del 26 de abril.

Uruguay pretende lograr una flexibilización de la normativa que le permita negociar acuerdos comerciales con terceros países sin que sea necesario integrar a todos los socios en la negociación, y presentará en el CMC una propuesta en ese sentido. La prioridad de Brasil es otra; si bien apoya la flexibilización –resta saber con qué énfasis–, su objetivo es lograr una reducción del arancel externo común (AEC) –la tasa que se les aplica a los productos importados a países por fuera del bloque–. La posición de Argentina, que ocupa la presidencia pro témpore del Mercosur, es negativa respecto de ambas propuestas, aunque se muestra abierta al diálogo y convocó la reunión virtual.

¿Qué estrategia tomará Uruguay? Los analistas consultados por la diaria coinciden en que se debe incorporar en la negociación ambas modificaciones, esto es que Uruguay condicione su apoyo a la rebaja del AEC –que, según entienden, no implicaría grandes cambios para el país porque ya hay varias excepciones que redujeron esa tasa– a que haya un apoyo explícito a la idea de negociar de forma independiente con otros países o bloques. Esto implica que si no se logra el consenso necesario para la aprobación formal de una flexibilización, se explicite una posición favorable por parte del país vecino, que allane el camino para las negociaciones que quiera hacer Uruguay.

Según supo la diaria, este era el rumbo que se había conversado entre el canciller Francisco Bustillo y su par brasileño Ernesto Araújo, que asumió al inicio del gobierno de Jair Bolsonario y dejó el puesto a fines de marzo. El excanciller brasileño publicó días atrás un documento a modo de balance de gestión, en el que menciona que inició “en estrecha colaboración” con Bustillo “el proyecto de reestructura” del bloque regional “como una plataforma de negociación capaz de hacer realidad el sueño de un Mercosur integrado en el mundo”.

Aún no hay certezas sobre la posición que tomará su sucesor, Carlos Alberto França. Hubo un primer contacto con Bustillo a modo de presentación, y está previsto que mantengan un diálogo previo a la reunión del CMC para avanzar sobre la flexibilización.

Una opción sobre la mesa, informada por El Observador y confirmada por la diaria, es que Bustillo proponga que cada país indique mercados con los que pretende acelerar negociaciones y consensuar una nómina.

Uruguay en busca del aval de Brasil

Para el director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica, Ignacio Bartesaghi, la acción de Uruguay “se ha demorado” porque el bloque en las reuniones previas al CMC comenzó a discutir sobre el AEC. A Uruguay “no se le va la vida” en la rebaja del arancel externo y “sí necesita la flexibilización”, esto es lograr “una autorización que permita negociar con terceros países de forma bilateral, no modernizar”. Indicó que se debe dejar de lado la discusión sobre la resolución 32/00 del 2000, que limita la negociación con terceros, y que se debate si está vigente o no al no tener aprobación parlamentaria.

Uruguay “necesita conseguir” algún avance para que “el mensaje que reciban” los países de fuera del bloque con los que podría negociar, como China, “sea que no rompiste con el Mercosur para cerrar un TLC o iniciar los estudios de factibilidad”. El interés chino fue expresado al gobierno anterior, que procuró avanzar sin éxito hacia una negociación, objetivo que mantiene la actual administración.

Los analistas consultados repiten que no hay una fila de naciones esperando a negociar con Uruguay, y que cualquier posible interés es siempre como parte del Mercosur, ya que el potencial local es ser puerta de acceso a los mercados vecinos.

Pablo Rosselli, socio de la consultora Exante, dijo que “es poco probable” obtener “una flexibilización formal” y que “un objetivo realista es contar con la aprobación tácita de Brasil para salir a iniciar alguna conversación” por fuera del bloque. Es que nadie querrá negociar con Uruguay “a expensas de algún grado de enemistad con Brasil”. Sobre la relación con Argentina, señaló que está concentrada en una agenda de temas bilaterales pero no en la exportación de bienes, y “cada tanto surgen tensiones”.

“Uruguay no debe quedar entrampado en la negociación sobre el AEC”, agregó, sino que debe apoyar la rebaja condicionada al aval brasileño a la flexibilización. Explicó que el Mercosur “no tiene una estructura arancelaria que todos los países apliquen” a los productos extrarregión, sino que “está plagado de excepciones”.

En opinión de Marcel Vaillant, profesor de Comercio Internacional del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, Uruguay “no debería retroceder” en la búsqueda de la flexibilización para negociar, pero tampoco hacer una propuesta tan ambiciosa que sea “muy probable” que la rechace Argentina. “Las reformas generales que alteran la relación entre Argentina y Brasil no deberían mezclarse con el reclamo de Uruguay, ni este dejarse embretar con el planteo del gobierno argentino de que es necesario un cambio en la resolución 32/00”, indicó. Añadió que Uruguay no sería “un obstáculo para que Brasil” logre bajar el AEC, y debería buscar un compromiso de que el país vecino “no vetará nuestra negociación con terceros”.

Por su parte, Aldo Lema, socio de la consultora Vixion, expresó que “el plan A” consiste en la negociación atando el AEC a la flexibilización, y que Uruguay debe buscar “la aceptación de que haya negociaciones individuales” de “al menos Brasil y Paraguay”. Sostuvo que si no se logran avances se “podría apelar a la interpretación menos restrictiva de la decisión 32/00 del Mercosur y encarar negociaciones bilaterales”.

En caso de que no se lograran avances en un tiempo prudencial, para Bartesaghi “hay que empezar a discutir sin drama la idea de ser un Estado asociado”, es decir, romper con el Mercosur, lo que “no es el mejor camino, pero si el instrumento deja de funcionar, Uruguay puede irse”. Apuntó que para los socios grandes del bloque “no es una victoria que no puedan dominar y se les vaya” un miembro del Mercosur, lo que debe tenerse en cuenta en la negociación.

Días atrás el socio de CPA Gabriel Oddone dijo en No toquen nada, de Del Sol, que uno de los escenarios que debe analizar Uruguay es “jugar al borde del reglamento” en el Mercosur, esto es “evaluar si habría condiciones para firmar tratados con terceros, ver a qué sanciones nos someteríamos, cuantificar los daños y tener planes contingentes”. Sostuvo que se puede ir hacia “un escenario de más tensión, pero preparados”, sin “exponerse” a discusiones que “no contribuyen”, como la que ocurrió en la última cumbre del bloque entre Luis Lacalle Pou y Alberto Fernández.

Rosselli manifestó que si bien “tiene sus riesgos” apostar a iniciar conversaciones con terceros países o bloques “después de pedir autorización y que haya sido denegada”, se debe atender que “hay una notoria cantidad de incumplimientos a los acuerdos del Mercosur” por parte de todos los socios. Esto se suma a posiciones jurídicas que defienden que la resolución 32/00 “no tiene rango de tratado internacional”.

Además de China –según Bartesaghi, la puerta de entrada para hacer acuerdo con otros países asiáticos–, el socio de Exante añadió que Reino Unido podría estar interesado en negociar tras el brexit, y que se podría buscar con la Unión Europea (UE) “una aprobación bilateral” del acuerdo comercial firmado en 2019, que no entró en vigencia y aún espera la aprobación de los parlamentos.

Argentina: rechazo a los cambios y “falta de consensos internos”

El secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Argentina –parte de la cancillería–, Jorge Neme, dejó en claro a principios de mes la postura de su país en una entrevista con el diario Ámbito: “Este es el peor momento en mucho tiempo para plantear una flexibilización lisa y llana [del Mercosur]. Los países y las regiones están cerradas, muy protegidas, observando qué consecuencias tiene la pandemia”. Sobre China, sostuvo que el bloque debe “encarar una negociación, pero no un TLC a secas, hay que tener en cuenta a los sectores sensibles”.

Desde Argentina, Federico Vaccarezza, licenciado en Relaciones Internacionales y profesor de la Universidad Nacional de Avellaneda, aportó su visión sobre este asunto en diálogo con la diaria. Manifestó que la “tensión” actual dentro del Mercosur no pasa por las diferencias circunstanciales en la línea política de los gobiernos, sino porque con excepción de Argentina los demás países ya dieron los debates internos sobre la inserción en el mundo.

“Brasil, Paraguay y Uruguay ya llegaron a consensos internos sobre qué rol quieren jugar en la economía mundial, lo que implica aspectos productivos y de la política industrial. En Argentina esa cuestión no está decidida, y vuelve a surgir recurrentemente en tensiones políticas internas. Aún no se resolvió qué sectores o ramas de actividad, de la producción, el agro y los servicios” se abrirán y cuáles deben protegerse, expresó.

La lectura del especialista es que, ante esto, “los tres países del Mercosur plantean a Argentina: ‘Si no podemos cerrar acuerdos en bloque, que cada uno lo haga por su lado’; y parece justo el reclamo, porque ellos ya tienen resuelto” el rumbo, mientras que “Argentina todavía no ha resuelto hacia dónde quiere ir”. Vaccarezza señaló que este análisis “no implica una postura a favor de un sector u otro, de la industria o el campo, o del liberalismo o el proteccionismo”.

De acuerdo con el medio argentino BAE Negocios, en las conversaciones previas al CMC, Argentina, en respuesta al pedido de Brasil de bajar de forma lineal 20% el AEC, presentó un planteo que incluye una reducción menor para algunos sectores, los de aquellos productos que no sean fabricados localmente. En la última reunión de coordinación del bloque, la postura de flexibilización de Uruguay fue criticada por Argentina y Paraguay, al tiempo que Brasil se distanció, se agrega.