El presidente brasileño Jair Bolsonaro una vez más realizó amenazas golpistas, durante un acto realizado el sábado en la ciudad de Goiânia, la capital del estado de Goiás, donde participó en un evento denominado Primer Encuentro Fraternal de Líderes Evangélicos.

En dicho acto, celebrado en una iglesia de la Asamblea de Dios, el mandatario ultraderechista de 65 años realizó un discurso de aproximadamente 20 minutos, en el que dijo que “nadie desea ni provoca rupturas, pero en esta vida todo tiene un límite”.

“No podemos continuar viviendo de esta manera”, agregó Bolsonaro, en referencia a las permanentes disputas que está teniendo en los últimos tiempos con las máximas autoridades judiciales del país.

Hablando sobre el futuro, el presidente dijo que tiene tres alternativas: “Estar preso, estar muerto o la victoria. Pueden estar seguros de que la primera alternativa no existe; estoy haciendo lo correcto y no le debo nada a nadie”, expresó el mandatario, de acuerdo a lo que consignaron medios brasileños.

En medio de tensiones con el Poder Judicial, el presidente volvió a atacar a las autoridades del Supremo Tribunal Federal (STF) y del Tribunal Superior Electoral (TSE), y advirtió que “ningún hombre me va a amedrentar”. También denunció las “medidas arbitrarias” de la Justicia.

Bolsonaro sufrió un nuevo revés político la semana pasada, cuando el presidente del Senado, Rodrigo Pacheco, integrante del partido derechista Demócratas, rechazó su pedido de iniciar un proceso de destitución contra Alexandre de Moraes, uno de los 11 jueces del STF y miembro del TSE. La disputa comenzó hace meses, entre otras causas, por los persistentes cuestionamientos –sin pruebas– de Bolsonaro a la legitimidad del sistema de votación electrónica en Brasil, vigente desde 1996. La Corte Suprema abrió distintas investigaciones contra el mandatario y a inicios de este mes, De Moraes ordenó investigar al presidente por crímenes de “calumnia” e “incitación al crimen”.

En medio de este clima tenso, Bolsonaro está buscando ganar apoyo y fuerza con el acto popular que sus simpatizantes realizarán en San Pablo el 7 de setiembre, día en el que se conmemorará en Brasil el 199 aniversario del Grito de Ipiranga, hito que marcó la independencia del país del Reino de Portugal.

El mandatario ya anunció que en la mañana de esa jornada participará en eventos protocolares en Brasilia y que por la tarde se hará presente en la Avenida Paulista para acompañar a sus seguidores. El evento viene siendo criticado desde diversos ámbitos porque, si bien Bolsonaro insiste en que se trata de una movilización legítima, los convocantes están agitando consignas tales como el cierre del STF y del Congreso, además de la insistencia en la poca legitimidad que tendrán las elecciones del año que viene, en las que el actual presidente intentará ser reelecto.

Intentando que el acto sea lo más grande posible, la cadena O Globo informó que el mandatario dio la orden a sus ministros de no comunicar medidas antipopulares antes de esta fecha. Puntualmente, de acuerdo a lo que informó el medio carioca este domingo, las palabras del presidente apuntan al Ministerio de Minas y Energía por la posibilidad de que haya eventualmente apagones por la gran crisis hídrica que hay en estos momentos en varias zonas del país.

En medio de este escenario de crispación y confrontación incentivado por la pandemia de coronavirus, existe el temor de que Bolsonaro utilice el acto del 7 de setiembre para profundizar sus ataques contra el Poder Judicial. El propio presidente se refirió al acto en San Pablo como un “contragolpe” y la tensión se acrecentó por las informaciones de que policías militares en actividades afines al actual gobierno participarían en el acto, con el apoyo de algunos sectores de las Fuerzas Armadas.

Durante la gira que realizó la semana pasada por varios estados del nordeste del país, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva hizo referencia a las amenazas veladas de golpe de Estado realizadas por Bolsonaro.

Según consignó la revista Fórum, Lula –quien todavía no anunció oficialmente su candidatura para las elecciones del año que viene, aunque se da por descontado que se postulará– dijo que la ciudadanía no debe dar “demasiada importancia” a las amenazas del actual líder del Poder Ejecutivo.

“La inflación se está volviendo galopante y no hay perspectivas de mejora. Es necesario tener un compromiso con este país. Lo que pasará el día 7 es que un gobierno utilizará un acto para intentar sacar un rédito político”, dijo el líder del Partido de los Trabajadores, de 75 años. “No podemos aceptar las provocaciones de Bolsonaro. Está desesperado, tratando de desacreditar a las instituciones. No tenemos por qué darle demasiada importancia. Bolsonaro se desacredita con cada demostración que hace. Nuestra preocupación debe ser la situación del pueblo brasileño”, agregó el expresidente.