Este sábado 17 de enero, en Asunción, Paraguay, se firmará finalmente el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, tras haberse superado el pasado viernes el último requisito en el lado europeo: la aprobación del tratado en el Consejo Europeo, instancia que había provocado la postergación de la firma del acuerdo en diciembre del año pasado.
Desde el Poder Ejecutivo se espera por la ratificación del acuerdo, que crea la mayor zona de libre comercio del mundo, tras más de 25 años de negociación, si bien algunos ministros reconocen que no todos los sectores de actividad se verán favorecidos.
A nivel macroeconómico, el ministro de Economía, Gabriel Oddone, señaló en rueda de prensa que el tratado supondrá, según las estimaciones del equipo económico, un crecimiento “casi en un punto y medio” porcentual del Producto Bruto Interno en los próximos años, así como también “un aumento en las exportaciones de por lo menos 4%, un aumento en el empleo —aproximadamente medio punto respecto a los niveles actuales— y un aumento del salario real del orden del 1%”.
Con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el gobierno está trabajando en un “análisis sectorial”, que estará disponible en los próximos días, según indicó la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi. Los sindicatos industriales, que han manifestado su preocupación por la “letra chica” del acuerdo, entienden que la industria nacional es uno de los sectores que serán más perjudicados por la puesta en marcha del tratado. En ese contexto, una delegación de la Confederación de Sindicatos Industriales (CSI) mantuvo este martes una reunión con Csukasi.
En diálogo con la diaria, el presidente de la CSI, Danilo Dárdano, calificó el encuentro como positivo, en la medida en que “recibimos algo de información, algunas aclaraciones y el compromiso de la subsecretaria y de Juan Labraga [director de Política Comercial del Ministerio de Economía] de seguir teniendo reuniones periódicas para quitar las dudas que tengamos y recibir los aportes o críticas que pueda hacer el movimiento sindical”.
Dárdano mencionó el estudio sobre los impactos, “tanto positivos como negativos”, que se está trabajando con el BID. “Eso es bien importante”, resaltó. El dirigente sindical apuntó, además, que se realizará un taller sobre el acuerdo y señaló que todos estos insumos se pondrán a consideración en el marco del Consejo de Industria y los Núcleos Productivos, un espacio de intercambio que funciona bajo la órbita del Ministerio de Industria para diseñar una política industrial hacia 2050.
El presidente de la CSI también comentó que en la reunión de este martes fueron informados por parte de la vicecanciller de la existencia de una cláusula que permitiría, ante un “riesgo muy certero de cierre de fábricas en Uruguay”, salvaguardar determinados productos y “tomar las medidas correspondientes para minimizar o cortar esa importación”.
“Esto no implica que nosotros estemos diciendo que está todo bien”, puntualizó Dárdano. “Seguimos manifestando como Confederación que los TLC [tratado de libre comercio], si no hay un cambio radical, tienen gran riesgo de continuar consolidando la primarización de la economía nacional”, resaltó.
Por su parte, Viviana Barreto, licenciada en Relaciones Internacionales e integrante de Redes-Amigos de la Tierra, colectivo que ha estudiado el contenido del acuerdo, dijo a la diaria que un país como Uruguay “tiene que ser un participante muy activo del comercio internacional” y, en ese sentido, situó el cierre del acuerdo en un contexto “donde el comercio y las negociaciones comerciales están bastante cuestionadas”. No obstante, Barreto advirtió que este tipo de instrumentos “suelen ser asimétricos”, más aún “si se construyen en un marco de poca información pública, poco diálogo y debate con los actores sociales, y de falta de estudios de impacto para discutir políticas que nos permitan pararnos mejor frente a este escenario”.
“Genera mucha preocupación sobre los impactos reales que va a tener, sobre todo, porque América Latina tiene larga historia de negociación de acuerdos de libre comercio que no necesariamente han repercutido en cambiar las condiciones de desarrollo”, afirmó Barretto.
Para Barreto, el tratado “fija la relación asimétrica de vinculación que tenemos [actualmente], con la Unión Europea como bloque desarrollado, y nosotros como bloque del sur global”. Dijo que “los únicos sectores en donde hay una oportunidad de beneficio” son aquellos vinculados a bienes de origen primario; en cambio, hay amenazas para la competencia de productos industriales, e incluso de la agroindustria, como, por ejemplo, en el sector lácteo, que “es el impacto más directo y más claro que nadie puede negar”, afirmó.
El riesgo para los productos lácteos uruguayos en el mercado brasileño
Sobre esto último, un reciente informe del Instituto Nacional de la Leche (Inale) concluyó que “no se anticipan mejoras significativas para el sector lácteo uruguayo” a partir de la implementación del acuerdo con la Unión Europea. Allí, además, se advierte que “el ingreso preferencial de productos europeos podría generar mayor competencia en el Mercosur, especialmente en Brasil”.
En diálogo con la diaria, la autora del documento, Mercedes Baraibar, profesional adjunta del área de Información y Estudios Económicos del Inale, señaló que, si bien “teóricamente y en el texto de un acuerdo” hay una relación de equidad en cuanto a la apertura recíproca de los mercados, en este caso “desde el punto de vista de la realidad cuenta con alguna asimetría”.
Baraibar explicó que, en el acceso a mercados, ambos bloques establecieron una desgravación arancelaria progresiva para un volumen determinado de exportación, que se irá desde la entrada en vigor del acuerdo hasta el décimo año. A partir de ahí, los productos podrán ingresar libremente dentro de las cuotas, que serán de 10.000 toneladas anuales para la leche en polvo, 5.000 toneladas para las fórmulas infantiles y 30.000 toneladas en los quesos.
En ese sentido, Baraibar señaló que, aunque “la Unión Europea se nos abre de la misma manera a nosotros”, con base en la imposición de las salvaguardias agrícolas, el bloque europeo podría activar barreras no arancelarias, “incluso cuando se tiene libre acceso dentro de una cuota”.
Respecto de la inserción en el mercado europeo, Baraibar indicó que la Unión Europea no se caracteriza por ser demandante de leche en polvo, que es el principal producto de exportación del sector lácteo uruguayo. Además, en términos de cantidad, calidad y reputación, los países europeos son los principales productores de quesos, por lo que “la situación no es simétrica”, apuntó.
A su vez, mencionó que la libre entrada de lácteos europeos en la región aumentaría la competencia entre los países del Mercosur, ya que Argentina y Uruguay han “sido los proveedores naturales históricamente” de lácteos a Brasil. “Cuando el producto [europeo] llegue acá llegaría de forma competitiva porque viene con una carga de subsidios”, explicó Baraibar, en referencia al riesgo de que Uruguay pierda terreno en el mercado brasileño.
“No hay una conversación en clave de integración regional”
Una situación similar a la de los quesos podría darse con las bebidas alcohólicas, principalmente vinos, dado que Europa, siendo “un competidor muy activo en ese rubro” y con “potencia en términos de marca y de prestigio”, buscará acceder al mercado brasileño, “que es un mercado de exportación para Uruguay, quizás no tan relevante, pero que no es nada despreciable”, señaló Barreto.
En la industria automotriz, en tanto, si bien se lograron aumentar “algunos plazos para la liberalización arancelaria, sobre todo en los vehículos eléctricos e híbridos, de todas maneras los cortes arancelarios son fuertes”, mencionó Barreto. Otras ramas de actividad, como la industria química, también tienen “potencial de verse perjudicadas en el lado del Mercosur”, apuntó la licenciada en Relaciones Internacionales.
Por otra parte, Barreto señaló que todavía “no se sabe cómo se van a distribuir las cuotas de exportación entre los países del Mercosur”, así como tampoco “cómo se podrían proteger o asegurar el mercado regional”, por ejemplo, para el caso de los lácteos uruguayos y argentinos en Brasil. “No hay una conversación en clave de integración regional para ver cómo hacemos para atenuar los impactos negativos que se pueden derivar del acuerdo y aprovechar las oportunidades”, añadió.