El diputado del Frente Amplio (FA) Fernando Amado se reunió este lunes con el presidente de la fuerza política, Fernando Pereira, días antes del VIII Congreso Ordinario Compañero José Pepe Mujica, que tendrá lugar entre el viernes y el domingo en el Palacio Peñarol. El legislador le entregó a Pereira un documento a modo de “aporte” de su espacio político, Unión de Izquierda Republicana.
El material, al que accedió la diaria, parte de un fragmento del documento aprobado en el Plenario Nacional del FA –que será la base para la discusión en el congreso–, en el que da cuenta de que “la consolidación de un nuevo ciclo de izquierda popular y progresista exige combinar memoria histórica, capacidad de autocrítica y vocación de futuro”.
Con ese punto de partida, el documento dialoga con los “aprendizajes a partir de la experiencia del batllismo histórico”. Se señala que “el batllismo sufrió, posteriormente a la desaparición de [José] Batlle y Ordóñez, un proceso de dilución de su identidad de origen”, que terminó en “un progresivo desajuste entre aquella identidad y sus diferentes expresiones posteriores”.
Partiendo de la base de que ese proceso respondió a un conjunto de causas, Amado, exintegrante del Partido Colorado, afirmó que estas pueden ofrecer “lecciones” o “provocar nuevas preguntas” para pensar la actual situación del FA. En concreto, el diputado planteó desafíos vinculados a “qué preservar, qué evitar y qué transformar para fortalecer la herramienta” política.
Las cuatro “enseñanzas”
“Renovación con renuncia” es el título del primero de los cuatro puntos en los que Amado traza un paralelismo entre el batllismo histórico y la actualidad del FA. El legislador señala que, “a medida que la identidad batllista se fue modificando”, pasó a no estar “claro cuáles eran sus límites hacia la derecha”.
En el caso del FA, Amado consideró que la “enseñanza” puede tener que ver con la posibilidad de “construir gradualidad sin renuncia”, porque “avanzar con prudencia no supone moderación ideológica, sino una estrategia de acumulación y transformación”.
“La amplitud política y social es una fortaleza, pero no puede convertirse en indefinición, vacío programático efectivo ni en renuncia al impulso transformador”, remarcó Amado.
El segundo elemento puesto sobre la mesa por el diputado aborda el ”abandono de su tradicional sensibilidad popular” por parte del batllismo. “Esa aura se fue perdiendo y, además, aumentó el entrelazamiento entre la dirigencia política y sectores de las élites económicas, hasta generar, en algunos casos, una proximidad capaz de confundir la representación política con intereses particulares”, apuntó.
El legislador planteó que, en este caso, la enseñanza para el FA “no consiste en convertir la austeridad en una prescripción sobre los gustos o las formas de vida de sus dirigentes”. “Se trata, en definitiva, de evitar que la dirigencia termine pareciendo una élite separada de la sociedad: la política debe ajustarse y los privilegios, reales o simbólicos, deben ser motivo de vigilancia permanente”, resaltó Amado.
Como tercer punto, Amado planteó que la adaptación a “una sociedad civil más densa” y “la expansión de las demandas por mejores condiciones de vida” con el crecimiento del sindicalismo “fueron modificando” un escenario en el que el Estado había ejercido “una primacía difícilmente discutida”. “El batllismo pareció comprender tardíamente que el Estado no es la sociedad y que gobernar no supone sustituirla ni representarla en su totalidad”, señaló el legislador.
En este caso, la “enseñanza” para el FA está en “ser capaces de comprender y representar una sociedad cuyo entramado se ha vuelto más diverso, complejo y cambiante”. Para esto, identificó como algo importante tener claro que se debe “evitar que la cercanía con una parte organizada de la sociedad termine produciendo distancia respecto de la sociedad en su conjunto”.
Por último, el diputado se refirió al “proceso de desinstitucionalización partidaria y el creciente peso de liderazgos construidos por fuera de las estructuras colectivas” que experimentó en su momento el batllismo. “Ese vacío habilitó el surgimiento de liderazgos más cupulares y elitizados, con menores contrapesos colectivos y mayor capacidad para producir virajes ideológicos o modificaciones sustantivas de la sensibilidad batllista”, apuntó.
“El FA necesita liderazgos fuertes, pero también instituciones capaces de interpelarlos y condicionarlos cuando corresponda”, se sostiene en el documento. En definitiva, “una comunidad política capaz de construir síntesis sin sacrificar la mirada crítica”, concluyó Amado.
