Una ola de ataques provocados por jaurías de perros afectó la producción ovina en Puntas de Caraguatá y Cerros Blancos, zonas rurales próximas a Villa Vichadero, a más de 130 kilómetros de la capital de Rivera. Al menos 11 pequeños productores han denunciado pérdidas en sus establecimientos: señalan que unas 100 ovejas murieron esta última semana como consecuencia de estos ataques.
El impacto económico para las familias de la zona resulta significativo; además de la pérdida por el capital invertido en los animales, también sufren por los años de trabajo destinados a la genética para la producción de lana y carne. Los ataques –generalmente durante la noche– han alterado la rutina de los vecinos. Sospechan que los perros pertenecían a cazadores y ahora deambulan por la zona “sin control”.
Nerla Abelenda, una de las productoras damnificadas en Cerros Blancos, contó a la diaria lo que le tocó vivir este martes 7 de julio: a las 9.00 salió a recorrer su campo y encontró 12 ovejas que eran de su propiedad gravemente heridas. A pesar de las curaciones y la atención, todos los animales murieron. “Los vecinos no llegamos a ver a los perros en el campo, aunque un productor dijo haber visto a tres que estaban en el basurero municipal de Vichadero”, señaló Abelenda.
Tras estos ataques, la productora empezó a dejar a sus ovejas en un galpón, cerca de la ventana de su dormitorio y bajo luz artificial. “Ante el menor ladrido nos levantamos para ver si la jauría regresó. Y los animales pasan mal; estamos en pleno invierno, viene tiempo de lluvia y tenemos que mantener encerradas a ovejas preñadas, lo que complejiza todo aún más”, lamentó.
Abelenda tiene una visión crítica de los colectivos de bienestar animal: “A todos nos gustan los perros, pero hay que ser responsables y saber tenerlos. Cuestiono a los defensores de animales: nadie defiende a las ovejas atacadas. Ojalá esos defensores se ofrecieran a venir a cuidar a los corderos lastimados”.
Un hallazgo inesperado: dos ejemplares de bulldog francés
Otro productor afectado, Gerardo Pereira Lima, relató un hecho llamativo que ocurrió en su establecimiento este lunes 13 de julio. Pero la historia había comenzado antes: el domingo 5 de julio, Pereira Lima encontró dos ovejas muertas en una zanja, con heridas causadas por animales “visiblemente más pequeños”. Una semana después –y tras varias noches de escuchar los ladridos de sus perros– el productor encontró en su patio a dos perros de raza bulldog francés. Uno era blanco y el otro gris, y ambos merodeaban la casa “de forma mansa”.
El productor los encerró por seguridad y luego constató los daños en su predio: los perros habían matado a una oveja madre –recién había parido a dos corderos mellizos– y dejaron herido de gravedad a un borrego, que seguramente será sacrificado. Tras hacer la denuncia, funcionarios policiales lograron ubicar rápidamente a la dueña de los bulldogs, una vecina de Villa Vichadero que había reportado la desaparición de sus mascotas unas pocas horas antes. Entre lágrimas, la mujer se presentó en el establecimiento, pidió disculpas y asumió la responsabilidad económica por las pérdidas. Ante las autoridades, la propietaria reconoció que los perros ya habían matado antes a una oveja, lo que confirmó la sospecha de los productores.
Si bien Pereira Lima logró identificar a los responsables de los ataques en su establecimiento, se trató de un “hecho aislado”, señalaron los productores. Por la diferencia de fechas, la cantidad de animales muertos y las características de las mordeduras, es probable que haya otra jauría en la zona.
Otro pequeño productor damnificado, Gilberto Giordan, contó cuáles son los impactos que provoca esta situación. En su caso, el viernes 10 una jauría de perros entró a su predio y mató a algunos corderos y a varias ovejas que estaban en pleno proceso de parición. En su caso, la cría de ganado ovino no tiene fines comerciales: tenía un lote reducido de animales para compartir a fin de año con la familia y los amigos.
Para los pequeños productores de Cerros Blancos y Puntas de Caraguatá, la cercanía con Vichadero se ha transformado en un problema, no solo por la proximidad con el vertedero. “Cuando no son los perros matando ovejas, son los amigos de lo ajeno que roban vacas, novillos, corderos y ovejas”, relató Giordan, con indignación.
La versión de los damnificados es que el abigeato en la zona refleja la existencia de una red de faena clandestina. La carne robada, aseguran, se coloca de forma ilegal y a bajo precio en distintas carnicerías de la zona, lo que genera distorsiones en el comercio formal y riesgos sanitarios, por la falta de controles.
El deterioro de la convivencia en la octava sección de Rivera genera “mucha preocupación” entre los productores, quienes denuncian que ya no pueden ausentarse de sus establecimientos por períodos prolongados: “de la casa no se puede salir, porque cuando uno regresa no sabe si va a encontrar las cosas como las dejó”, argumentó uno de ellos, consultado por la diaria. Además de los casos registrados en predios particulares, también hubo recientemente un robo en la escuela rural de la zona. “La verdad es que está difícil la cosa”, concluyó Giordan.
