¡Al trabajo y adelante! se titula el nuevo libro del senador colorado Pedro Bordaberry. En él aborda la “vigencia y legado de Benito Nardone, Chico Tazo”. El trabajo fue presentado el martes en el hotel Cottage Carrasco, con buen marco de público, que incluyó numerosas figuras del sistema político. Sobre el escenario estuvieron el expresidente Julio María Sanguinetti y el exlegislador Luis Alberto Heber, quienes acompañaron a Bordaberry. Sin estar presente en el recinto, pero por ser el autor del prólogo, la figura del exmandatario Luis Lacalle Pou tampoco pasó inadvertida.
La noche comenzó con un audio de Nardone en el que enfatizaba que su actuar en el colegiado sería “con lealtad, para que sea posible la mayor eficacia del Poder Ejecutivo en bien de la República”. Prosiguió con un video en el que se mostraba la visita del líder ruralista a Italia, cuando era presidente del Consejo Nacional de Gobierno. A partir de allí, Sanguinetti y Heber destacaron distintos aspectos de Nardone y relataron historias que los acercaban a su figura.
El expresidente reconoció que “algunos veteranos” cuestionaron que participara en la presentación recordando que, entre otras cosas, Nardone los incluía dentro de los que denominaba “comunistas chapa 15”. Sin embargo, Sanguinetti argumentó que accedió a hablar del libro porque reconocía en el líder ruralista un “fenómeno histórico muy raro”. Heber, por su parte, puso énfasis en que Nardone sobre el final de su trayectoria política puso en valor los “consensos” –esto en lo que se refiere a una eventual reforma constitucional– y dejó claro que se puede “perder alguna prenda en el camino mientras no sea la más importante”.
Sobre el final, en tono de broma, el exlegislador blanco le reclamó a Bordaberry una mención al gobierno de Luis Lacalle Herrera. Destacó que entre 1990 y 1995, por ejemplo, se logró desmonopolizar el Banco de Seguros, “que era una bandera de Nardone”, así como también se habilitó “la exportación de ganado en pie”.
El prólogo de Lacalle Pou: “Hace bien Pedro Bordaberry”
“Hace bien Pedro Bordaberry” fue la frase que guio el prólogo escrito por Lacalle Pou, quien elogió los destaques que hizo el senador colorado sobre la figura de Nardone. El expresidente puntualizó que, “más allá de los matices” existentes sobre “algunos pasajes o de las interpretaciones históricas” que se hacen en el libro, en este se “ofrecen elementos valiosos para comprender muchas de las fortalezas de nuestro país, aspectos que aún hoy nos interpelan”.
Como primer elemento, Lacalle Pou dejó claro que “Benito Nardone fue un fiel exponente de un Uruguay integrado”. Remarcó que, a pesar de haber sido “criado en la ciudad”, posteriormente “conoció, comprendió y llegó a querer profundamente al Uruguay rural, a su gente y su forma de vida”. En ese sentido, el líder nacionalista reforzó que Nardone “encarnó una mirada nacional, amplia e integradora”, contraria a “visiones que pretendían dividir artificialmente al campo y a la ciudad”.
Lacalle Pou valoró que la descripción de la forma de relacionarse de Nardone con el entorno “permite recordar que, aun en un mundo tan vertiginoso como el actual, la esencia de la vida pública sigue estando en las personas, en los individuos y en los vínculos que construyen entre sí”. El exmandatario destacó la “extraordinaria capacidad de comunicación” del líder ruralista. Insistió en que fue algo que logró en “contacto permanente con la gente y, sobre todo, mediante la escucha”.
“Porque escuchar no es simplemente oír. Supo prestar atención a quienes muchas veces se sentían ignorados o desatendidos”, sumó Lacalle Pou. Esto último lo definió como una “enseñanza para quienes tienen la responsabilidad de servir a la ciudadanía”, dado que resaltó que “representar los intereses de la gente exige una disposición permanente para conocerlos y comprenderlos”. “Cuando se produce un divorcio entre las necesidades populares y quienes tienen la responsabilidad de representarlas, se genera un vacío que debilita un vínculo esencial para la salud de la República”, profundizó.
Por último, reconoció la importancia de que Bordaberry haya elegido “rescatar y relatar las alianzas políticas que marcaron distintos momentos de la trayectoria” de Nardone. “Más allá de su importancia táctica para alcanzar victorias electorales –y vaya si es importante ganar para poder llevar adelante ideales y proyectos–, existe un deber político superior: actuar como factor de unión, ampliar las bases de acuerdo y procurar representar a la mayor cantidad posible de ciudadanos, idealmente a todo el país”, sintetizó el dirigente nacionalista.
“Esa visión nacional solo puede construirse mediante el entendimiento, el debate firme y el respeto por quienes piensan diferente”, sumó. “La historia del Uruguay ofrece numerosos ejemplos de acuerdos efectivos y transformadores, alcanzados no para satisfacer a la tribuna ni a los dirigentes, sino para generar paz, estabilidad y progreso”, concluyó Lacalle Pou.
Las aristas del libro
“El fallecido, a quien en un acto de mezquindad le negaron los honores fúnebres, se llamaba Benito Nardone Cetrulo”, relata Bordaberry, comenzando por el final de la vida del referente ruralista. Asimismo, recordó que “más de 30.000 botudos ruralistas aguardaban sus restos frente al Cementerio Central”, lo que lo lleva a preguntar, ya como disparador, “quién fue ese líder capaz de hacer surgir sentimientos tan antagónicos como los que afloraban entre la clase popular rural y parte de la dirigencia política uruguaya”.
Más allá de dejar claro que fue miembro titular del Poder Ejecutivo entre 1959 y 1963 y presidente del Consejo Nacional de Gobierno en el período 1960-1961, Bordaberry se centra durante las primeras líneas en los hitos que construyeron a “Chico Tazo”. El senador describe que “participó de joven en asambleas anarquistas en el Cerro, fue convencional del Partido Colorado y cronista policial en el diario batllista El Día”.
A partir de allí, marca como quiebre que en 1934 “lo contrató como periodista el director del diario El Pueblo, el abogado, senador, productor y dirigente gremial rural Domingo Bordaberry Elizondo”, su abuelo. Según subraya, fue este quien impulsó a Nardone como diputado, así como también quien le permitió conocer “la realidad del campo y de los trabajadores rurales”. “Con su mentor crearon primero el Diario Rural, un bisemanario de poca venta, y luego la Radio Rural”, donde “se convirtió en una figura central de la vida pública uruguaya”.
Bordaberry sostiene que Nardone utilizó la radio “para defender al campo, a los pequeños y medianos productores y a los capataces y peones rurales”. En concreto, recordó que “sostuvo una constante prédica contra los intermediarios y comisionistas que obtenían ganancias enormes a costa de quienes trabajaban el campo”. Asimismo, sumó que la creación de la Liga Federal de Acción Ruralista fue consecuencia de su expulsión –junto con [Domingo] Bordaberry– de la Federación Rural tras un enfrentamiento con los directivos por pretender el ingreso a la institución de “los pequeños y medianos productores, los capataces y los peones”.
Sobre el final del libro, tras repasar la historia de vida de Nardone, Bordaberry se detuvo en su influencia en los años posteriores. En sus últimas líneas destacó que “ya nadie discute la importancia del campo en general y de la ganadería en particular. Por el contrario, es imposible pensar en un Uruguay sin ellos”. Puntualizó que en la actualidad “la carne lidera las ventas al exterior, representando entre el 18 y el 20% del total”, y citó la frase del expresidente Jorge Batlle ante la “peor crisis financiera y económica” del país: “¡La vaca les gana!”.
Nardone y la CIA
En su libro La trama autoritaria. Derechas y violencia en Uruguay (1958-1966), la historiadora Magdalena Broquetas señala que Nardone fue reclutado para la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) en 1958 por el agente Howard Hunt, según afirmó el propio Hunt en sus memorias, y en línea con lo que sostuvo el exagente de la CIA Philip Agee. Hunt fue jefe de la base montevideana de la CIA entre 1957 y 1960. La historiadora puntualiza que Nardone suministró “información de valor para los intereses estadounidenses” y actuó “como operador político en la formación de opinión pública y en la promoción de hechos que justificaban las operaciones encubiertas”.
En el libro, Bordaberry se refiere a este punto. Sostiene que Agee menciona en sus memorias que la agencia “efectuaba operaciones políticas a través de” Nardone, y acota que “una cosa es una operación de espionaje o ilícita, y otra muy distinta una operación política típica”. “No es lo mismo recibir información, escuchar puntos de vista o ser objeto de acciones políticas, que actuar como agente. Agente es quien opera en representación de otro y realiza actividades para este. Nada de eso fue afirmado respecto de Nardone”, remarca el senador colorado. “Nadie afirmó jamás que estuviera reclutado, que recibiera dinero ni que actuara bajo órdenes. Mantenía un intercambio natural con una entidad que poseía abundante información internacional”, añade.
