Conocer la influencia del coronavirus en la ciudad de Salto fue el centro de una investigación que docentes de Virología, Sociología y Matemática del Centro Universitario Regional Litoral Norte de la Universidad de la República (Cenur Litoral Norte, Udelar) empezaron a pensar en marzo. El Laboratorio de Virología Molecular de Salto, dirigido por Rodney Colina, se orientó a partir del 31 de marzo a hacer diagnósticos de la técnica molecular PCR (ver recuadro) y los investigadores de otras disciplinas también empezaron a pensar cómo podían dar respuesta al SARS-Cov-2.

El trabajo interdisciplinario es facilitado en el Cenur Litoral Norte ‒como en otros Cenur de la Udelar‒ porque diferentes carreras comparten un mismo espacio físico. Parece trivial, pero no lo es. “La cantina-restaurante pasó a ser lugar social, de encuentro, charla y debate”, relató a la diaria Juan Romero, doctor en Sociología y docente grado 4 de Ciencias Sociales del Cenur, quien dijo que fue allí que en los primeros días de marzo intercambiaron acerca de que sería interesante investigar y aportar con una mirada de la región y de la sociedad en la que están insertos. La conversación siguió luego de manera virtual e integró a investigadores del Departamento de Matemática y Estadística. Vieron que se sabía muy poco acerca de quienes tenían el virus SARS-Cov-2 pero no tenían síntomas, y a ellos, a los asintomáticos, orientaron su atención.

La investigación abarca la dimensión biológica y social. La biológica apuntó a identificar los casos sintomáticos y asintomáticos no reportados y a saber cuánto duran los anticuerpos que genera el organismo para combatir el coronavirus. En el aspecto social, se buscó identificar cómo había afectado el virus la vida de las personas así como su percepción sobre la enfermedad.

El gran salto

Colina y Romero son los responsables del proyecto de investigación titulado “Detección y estimación de prevalencia de asintomáticos y sintomáticos no reportados por SARS-Cov-2 en la ciudad de Salto”, que se desarrolló en noviembre; los resultados preliminares se presentaron el 23 de diciembre, y el 28 estuvo disponible el informe final. El proyecto inicial era menos ambicioso del que terminó desarrollándose: en junio la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Udelar (CSIC) les aprobó la financiación del proyecto ‒con 120.000 pesos‒ a través de un llamado a investigadores para estudiar el impacto social de la covid-19.

Empezaron a trabajar en julio y contaron con el apoyo de la Dirección Departamental de Salud de Salto, que les habilitó el acceso a sus bases de datos. Diseñaron dos grupos de estudio, que buscaban entrevistar y tomar muestras de sangre de 30 personas (seleccionadas por sorteo) que hubieran estado vinculadas al primer brote de covid-19 registrado en Salto (el 13 de marzo, cuando dos personas que llegaron de Europa viajaron en ómnibus desde Montevideo hasta su ciudad), al que denominaron grupo 1, y a quienes hubieran estado vinculados al tercer brote de covid-19 (originado en torno a dos estudiantes), el segundo grupo.

En julio Romero compartió un asado con Carlos Albisu, presidente de la delegación uruguaya en la Comisión Técnico Mixta de Salto Grande (CTM), médico de profesión, quien le propuso extender el estudio a toda la ciudad. La propuesta recorrió luego los carriles formales y a los 20 días la CTM resolvió apoyarlos. “Pasamos de un equipo de cuatro a 16 personas, de 30 a 400 casos, y de un presupuesto de 120.000 pesos a 1.300.000 pesos”, detalló Romero. De esa forma, se rediseñó toda la muestra. Se incluyó al grupo 0, el “grupo ciudad”, en que pensaban contactar a 500 personas de estratos que suponían de alta y baja prevalencia de la ciudad.

Crearon, además, el grupo 3, denominado “viajeros” y conformado por 18 personas que retornaron a Salto a fines de marzo de países que reportaban casos de SARS-Cov-2, que hubieran tenido resultado positivo o negativo de PCR o que no hubieran sido muestreadas. Ese grupo funcionó como “grupo control” y en él se probó la efectividad de los test serológicos desarrollados en Uruguay. Según explicó Romero, al principio pensaban usar test serológicos importados, pero luego optaron por usar el kit “covid-19 IgG Elisa” desarrollado por la Udelar y el Institut Pasteur y producido por el laboratorio ATGen.

Investigadores y participantes

Trabajaron en la investigación dos docentes del Departamento de Ciencias Sociales, tres del Laboratorio de Virología y tres del Departamento de Matemática y Estadística del Cenur; cuatro enfermeras se encargaron de tomar las muestras de sangre para hacer los test serológicos y cuatro estudiantes de Ciencias Sociales aplicaron el cuestionario, que insumía alrededor de 25 minutos.

Las 403 personas que participaron lo hicieron de forma voluntaria y firmaron el formulario de consentimiento informado (todas eran mayores de 18 años). Se encontró muy buena receptividad en el grupo viajeros, ya que estaban interesados en conocer si aún tenían anticuerpos contra el virus; la disposición fue menor entre quienes estaban vinculados a los brotes 1 y 3. En la población en general, encontraron buena receptividad, pero no llegaron a las 500 muestras que se habían planteado inicialmente.

Leticia Maya, docente grado 2 del Laboratorio de Virología que participó de la investigación, explicó a la diaria que sabían que la propuesta de tomar muestras podía generar resistencias, en torno a tres aspectos: por responder la encuesta, por tener que “ser pinchado”, y por ser evaluados acerca de la conducta que tuvieron en torno a la covid-19, porque “el tema se vive como una estigmatización, le estás planteando a la persona qué tan expuesto estuvo y hubo mucho tiempo del ‘quedate en casa’”, expresó.

Para el grupo ciudad, diseñaron dos grupos de personas: con alta y baja prevalencia del virus. Entre los primeros estuvieron los trabajadores de la salud, por la exposición al virus, y para eso seleccionaron, por sorteo, a quienes trabajaban en la mutualista y en el hospital departamental de Salto. También estuvieron en ese grupo los trabajadores del llamado bagashopping, en donde, tal como relató Maya, hay “300 personas trabajando en puestos, viene a ser una convivencia de 300 familias”. El subgrupo de baja prevalencia estuvo conformado por población general.

Resultados del área de virología

El primer y el segundo grupo tenían una diferencia, según relató Maya: si bien todos los contactos habían sido puestos en cuarentena, en el primer brote se había hisopado sólo a las personas que presentaban síntomas, y en el tercero a todos, es decir, también a los asintomáticos. En el grupo 1, tomaron muestras de seis personas a las que no se les había hecho el test de PCR y una de ellas dio positivo al test serológico que midió anticuerpos del tipo inmunoglobulina (IgG), “por lo tanto, esa persona positiva a IgG estuvo expuesta al virus y desarrolló anticuerpos”, dice el estudio. Aclara que no se puede decir “en qué momento estuvo expuesta al virus”, por lo que no se puede vincular “su positividad por ser contacto de las personas positivas a covid-19 del caso 1”. En cuanto al segundo grupo, se tomaron muestras de ocho personas, y una de ellas, que había dado positivo en el test por PCR que se le había hecho en el momento de la exposición, resultó positiva a anticuerpos IgG.

Foto del artículo ''

De las 18 personas del grupo viajeros, siete habían sido diagnosticadas positivamente por el test de PCR. “Todas estas personas desarrollaron anticuerpos IgG, sin embargo, una de ellas obtuvo un resultado indeterminado, lo que quiere decir que no llega a tener actualmente niveles de anticuerpos para ser considerada positiva. Esto se puede deber porque ya transcurrieron ocho meses posinfección y sus niveles de anticuerpos hayan decaído”, dice el informe, que destaca que en los casos de los seis viajeros restantes que tenían diagnóstico por PCR los anticuerpos se mantienen.

En el grupo “ciudad” identificaron cuatro casos con anticuerpos: uno de ellos tenía hisopado previo positivo, pero tres no, eran asintomáticos, y todos estaban vinculados al bagashopping, de allí que confirmaron que esa es una zona de riesgo.

Tanto Romero como Maya destacaron que el “grupo viajeros” les permitió confirmar que los test serológicos funcionaban a la perfección, porque había coincidencia entre los resultados positivos por PCR con la presencia de anticuerpos.

“Encontramos asintomáticos en la ciudad y sintomáticos en los grupos de los brotes que no los habían detectado, gente que manifestó síntomas pero que no sabemos por qué causa no fue hisopada”, dijo Romero.

Maya destacó la importancia de constatar que la inmunidad dura ocho meses, “porque es algo que ha estado bastante en discusión, han salido artículos en revistas internacionales que dicen que la inmunidad dura tres meses”. Detalló que lo que se busca es ver la memoria del organismo frente al patógeno: “Nuestro organismo tiene una forma de combatir el virus que es generando anticuerpos, lo que se le llama comúnmente defensas; eso es lo que hace frente a la infección. Después el cuerpo genera un tipo de anticuerpos, que son los llamados IgG, que son los anticuerpos a los que llamamos ‘de memoria’: vos tenés una nueva exposición al virus y el cuerpo se acuerda de que estuvo expuesto a ese patógeno particular y responde neutralizándolo, no dejándolo entrar a las células”, detalló. Agregó que eso es, justamente, lo que se busca con las vacunas, y que es lo que está en discusión, “ver si todas las personas son capaces de generar esa respuesta inmune; porque ha habido casos de personas que se han infectado con el virus y después les hacen este tipo de estudio que hicimos nosotros y no tienen una respuesta del tipo IgG”.

En cuanto a la persona que dio un nivel indeterminado de anticuerpos del isotipo IgG, Maya aclaró que lo que se hizo fue medir la cantidad de anticuerpos en el suero, pero eso “no quita que no tengas las células que producen esos anticuerpos”, y aclaró que esto no es medido por el test. “La otra posibilidad es que vayan decayendo los niveles de anticuerpo, que es algo natural, pero con este virus no sabemos concretamente los tiempos, vamos a prendiendo sobre la marcha”, comentó.

Al momento de hacer el estudio, había 20 casos confirmados en Salto. La bibliografía internacional habla de 1% a 2% de asintomáticos sobre el total de población, y los resultados coinciden: “Se aprecia que la tasa de prevalencia al SARS-Cov2 en la ciudad de Salto con una población mayor a los 18 años aproximada de 101.119 (valores estimados para 2020) sería no mayor a 2%, es decir, en términos absolutos se podría inferir un intervalo de asintomáticos mayores de 18 años no mayor a 2.022 personas para una ciudad del tamaño de Salto”, concluye el informe.

Dimensión social y problematización

De acuerdo a las respuestas al cuestionario, la mayoría de los encuestados cambió su comportamiento en reuniones sociales durante la pandemia: se reunió menos con amigos y familiares, y el núcleo familiar se quedó más tiempo en la casa, expresa el informe. En el primer mes de la pandemia, nueve de cada diez personas no salían los fines de semana, y el principal lugar al que dejaron de ir los salteños fue a las termas. Ocho de cada diez entrevistados usa tapabocas al salir de su casa, y apenas 20% lo usa dentro de su casa.

En cuanto a los datos de opinión sobre el virus, seis de cada diez dijeron que consideran “peligrosa” la enfermedad para otros, casi un cuarto relativiza su gravedad, y uno de cada diez no la considera peligrosa. Las conclusiones expresan: “La mayoría considera necesario que quien contrae la enfermedad se comunique con todos a quien conoce, mientras que otro porcentaje importante opina que lo debe hacer solamente cuando sea necesario”.

“Existe una mayoría de los consultados dispuestos a ayudar y estar presentes con sus conocidos si contraen la enfermedad, pero por otra parte, una proporción nada menor de la población manifiesta una actitud contraria”, y esos comportamientos plantean “un desafío para las instituciones sanitarias locales”, porque esas personas “no serían proactivas para la disminución de los contactos, movilidad y reducción de tasas de positividad”, agrega.

La mayoría de los consultados expresó que los medios de comunicación desempeñaron un papel adecuado, pero casi 30% dijo que fue excesivo. Con respecto a la actitud hacia vacunarse, el informe consigna que “las categorías más próximas a la no intención de vacunarse son las asociadas a peores condiciones de salud”, y que se podría plantear la hipótesis de que eso puede explicarse por “el recelo / temor frente a los efectos secundarios de la vacuna”. En coincidencia con esto, los jóvenes son más propensos a vacunarse que los adultos mayores, y no se detectó una asociación entre las necesidades básicas insatisfechas y la intención de no vacunarse.

“Angustia y ansiedad son las dos categorías que agrupan más de 50% de las expresiones de salud mental durante la pandemia. De marzo a noviembre la gente no se empastilló más, siguió durmiendo en promedio siete horas, no tendió a fumar o a beber más, pero sí detectamos un poquito más de violencia intrafamiliar declarada. No sabemos cuánto es, realmente, porque no siempre las personas se animan a decirlo”, agregó Romero.

Una de las recomendaciones del estudio es “trabajar aspectos de la convivencia con la enfermedad y no ‘contra’, como si fuera una guerra”. Romero explicó que esto fue uno de los puntos centrales en la devolución a las autoridades de salud, porque “tratar al virus como un enemigo al que tenemos que matar nos va a llevar a vivir en estado de angustia, de ansiedad, y el temor no lleva a tomar buenas decisiones”.

La investigación recomienda intensificar los protocolos y las medidas de prevención en las instituciones sanitarias, y el cumplimiento de protocolos y pautas en el resto de los espacios, en lugar de prohibir algunas prácticas. Explicita que prohibir la ida de los y las salteñas a sus lugares favoritos, como las termas y la costanera del río Uruguay, “sería generar una enervación en las conductas” y, en cambio, sugiere “pensar estrategias dosificadoras del uso del espacio, fiscalización y motivar con incentivos a quienes cumplan con los protocolos recomendados”.

Lo mismo sugiere con respecto al bagashopping y a la realización de fiestas. Acerca de estas últimas, expresa que es conveniente que sean “legales y monitoreadas” y no “ilegales y con dinámicas inesperadas, difíciles de controlar”. Como ejemplo de esto, Romero mencionó que durante el 24 y el 25 la costanera se cerró y que el 26 y el 27 explotó de gente. Pese a esta recomendación, la costanera volvió a cerrarse entre las 20.00 del 31 de diciembre y las 8.00 de ayer, y durante el día, con 36 grados de temperatura, “la costanera hirvió de gente” otra vez, lamentó Romero.

Una de las cuestiones que sorprendió fue la posición respecto de la vacuna contra la covid-19. Los investigadores pensaban que las personas con mayor formación y mayor nivel socioeconómico iban a ser las más dispuestas a vacunarse, pero no fue así. Por eso, los investigadores recomiendan “desarrollar campañas de comunicación variadas, para públicos diferentes y con mensajes diferentes”, manifestó Romero, porque una parte de quienes están en contra de la vacuna niega la existencia de la enfermedad. “Hay grupos proactivos y reactivos, no está asociado con el nivel socioeconónico ni con el nivel educativo”, expresó. Adelantó que el grupo se propone hacer un nuevo estudio en febrero, utilizando técnicas para ver patrones en común entre estas posturas, que relacionen la percepción de salud, el grupo de edades y la confesión religiosa.

Laboratorio universitario de Salto

El 31 de marzo el Laboratorio de Virología Molecular del Centro Universitario Regional (Cenur) Litoral Norte de la Udelar comenzó a hacer los diagnósticos de SARS-Cov-2 mediante la técnica molecular de PCR para todo el norte del país. Luego, cuando las mutualistas comenzaron a enviar las muestras al Sanatorio Americano y cuando se instalaron laboratorios en Rivera (ATGen) y en Tacuarembó (que se instaló en el centro universitario bajo la coordinación de Rodney Colina, director del laboratorio salteño), Salto siguió recibiendo muestras de usuarios de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) de Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro.

Recibe hasta 100 muestras por día, que son enviadas desde la Dirección Departamental de Salud de Salto, y la mayoría de los días han trabajado a tope, explicó a la diaria Leticia Maya, docente grado 2 de Bioquímica, que tiene una maestría en el área de genética y está cursando un doctorado en Ciencias Biológicas, subárea Biología celular y molecular.

El doctorado de Maya se enfoca en los virus que afectan a la reproducción en bovinos y ovinos, y para ella, al igual que para el resto de sus compañeros, fue toda una novedad pasar a analizar muestras de virus de humanos. “Recibimos un flujo grande de muestras de ovinos y bovinos, y este año cambió todo porque el laboratorio se volcó a la covid-19”, dijo. “[Habitualmente] tengo más pacientes que ahora, porque hay 12 millones de vacas y 6.000.000 de ovejas, contra 3.000.000 de humanos”, bromeó, no sin extrañar su trabajo habitual, que espera retomar pronto, para culminar el doctorado.