“El cambio tecnológico es un fenómeno permanente en las economías de mercado como la uruguaya. El país necesita promover las actividades que, incorporando esa tecnología, generen un aumento en la escala de producción que eleve el empleo, a través de reducciones en costos de producción y de precios que incrementen la demanda”, dice el estudio Justo a tiempo. Envejecimiento, cambio tecnológico, habilidades y regulaciones laborales en el Uruguay que viene, que se presenta este jueves. Sus autores son Rafael Rofman, líder del Programa para la Educación, la Salud, la Protección Social, el Trabajo y la Pobreza del Banco Mundial, para Argentina, Paraguay y Uruguay; Ignacio Apella, Economista para Protección Social; y Helena Rovner, Especialista Senior para Educación.

Rofman habló con la diaria sobre algunas de las conclusiones a las que llegaron gracias al estudio que, aunque fue realizado antes de la pandemia generada por el covid-19, contiene muchas de las preguntas generadas a partir del aislamiento social.

¿Cómo inició el estudio que están presentando?

Este estudio es parte de un trabajo grande que se inició hace cuatro o cinco años y ahora lo que hicimos fue sintetizarlo. El título del informe es “Justo a tiempo” porque estamos hablando de temas estructurales que son importantes, y la vieja frase de “lo urgente supera lo importante” no aplica. Esto es importante, urgente y estructural. Es un desafío muy complejo para quienes hacen las políticas públicas porque lo que estamos viendo en base a este estudio es que hay cosas urgentes para hacer en países como Uruguay, para asegurar el desarrollo a mediano plazo, pero casi ninguna de esas cosas tienen un impacto a corto plazo. El problema es que después es tarde. Hay que discutir esto ahora para estar en condiciones de responder. El mensaje central del documento es sencillo: Uruguay está en un proceso de transición demográfica, hay un proceso de envejecimiento poblacional, a lo largo del tiempo habrá menos población en edad activa para producir bienes y servicios para que consuma toda la sociedad y esto es un desafío. Las personas tienen que producir más para que la población mantenga o mejore su nivel de vida, en algún sentido la única manera de que el producto per cápita crezca es que el producto de los trabajadores crezca y rápido.

Productividad

En el documento hablan sobre el cambio tecnológico. ¿Creen que Uruguay tiene que avanzar en tecnologías fuertes?

Hay necesidad de producir más y al mismo tiempo estamos todos metidos en un proceso de cambio tecnológico muy acelerado. Un impacto directo del cambio tecnológico es el aumento en la productividad. Con más tecnología la gente produce más. El desafío es que no necesariamente el aumento en la productividad se da en los sectores que hacen falta para compensar el proceso de envejecimiento. Además, hay que estar muy atento a no enamorarse de algunas cosas que son muy impactantes; lo que quiero decir es que el cambio tecnológico es el nuevo robot que resuelve todo o es como funciona un centro de distribución de Amazon, pero también son las comunicaciones remotas. Hay mucho cambio tecnológico chiquito que es más importante que el megacambio. Que en los supermercados se manejen con códigos de barras permite tener puntos de venta automáticos, eso no sólo hace más rápida [la compra] sino que los empleados del supermercado puedan trabajar en cosas más productivas, además mejora el manejo del stock. En el sector financiero es impresionante [el avance tecnológico]. En los bancos hace 15 años no había cajeros automáticos o había pocos, ahora no sé quién va a un cajero a hacer trámite con una persona. El gran desafío, por un lado, no tener desocupados tecnológicos y por otro que la gente tenga capacidad para trabajar.

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¿Le parece que se eliminarán empleos con la incorporación de nuevas tecnologías?

Lo que estuvimos viendo es que cuando se incorpora tecnología hay dos impactos distintos que pueden ocurrir, uno es que sustituya empleo, y eso ocurre, hay actividades que desaparecen porque hay máquinas que se las comen; ahora, en general lo que pasa es que se sustituyen tareas. En sectores puntuales se encuentran cosas interesantes: en el sector financiero y en el minorista de supermercados, en los últimos 15 o 20 años hubo una explosión de tecnología en ambos sectores y lo que ocurrió fue que hubo mucha producción pero no menos empleo. Son muy estables los números de empleos, pero ambos producen el doble. La tecnología permitió que escalara mucho la producción.

Este cambio en las tareas del trabajador implica cambios en sus competencia y saberes. ¿Esto puede ser un problema?

Encontramos dos desafíos distintos. Uno, que es el más complicado, es del trabajador nuevo. Los jóvenes que entran al mercado de trabajo tienen que entrar con habilidades y capacidades distintas a las de generaciones anteriores, además tienen que tener la habilidad de aprender, adaptarse e ir cambiando. Eso se logra cambiando la forma en la que se enseña a los chicos y la forma en cómo se relaciona la escuela con los alumnos. En Uruguay, en el liceo hay un problema de abandono, pero también hay un problema de calidad de pertinencia, parte del abandono se explica porque lo que se les enseña no les sirve.

Apretar el botón

Ustedes hablan de un cambio en la gobernanza de la educación. ¿Qué es lo que proponen?

Se ha hecho un avance en los últimos meses con el nuevo diseño que se está formulando para el sector. Parte del problema es que el esquema de gobernanza ha sido muy fragmentado, cada Consejo hacía lo que le parecía, si había buenas personas a cargo funcionaba mejor, si había malas personas a cargo funcionaba peor. Lo que había era poca capacidad de visión de conjunto porque había mucha autonomía de cada Consejo. De hecho, los números muestran que el mayor porcentaje de abandono en Uruguay se produce cuando se pasa de un nivel a otro, y esto tiene que ver con que hay poco trabajo de integración. Parte de las cosas con las que se trabaja en muchas partes del mundo y en Uruguay ya se empezó es bajar el nivel de importancia de cada año de educación y pensar más en contenidos y proyectos.

El otro desafío es el de las personas que ya están en el lugar de trabajo. No asustarse de más porque la mayoría de cambios son lentos, me parece equivocado asustar a las personas que tiene 55 años y trabajan de cajero en un banco y decir que en cinco años ese empleo va a desaparecer, eso no es verdad. Lo que puede pasar es que el número de personas trabajando en esas cajas va a disminuir, van a ser cambiados por otros trabajos, como, por ejemplo, asesores financieros.

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Lo que usted dice que es un cambio lento ahora se aceleró con el covid-19. ¿Pudieron hacer un análisis de esto?

El covid lo que generó fue shock, en el que varios de estos procesos se aceleraron mucho. La pregunta interesante, de la que honestamente no tengo la respuesta, es qué va a pasar después. Lo que puedo afirmar, con pocas dudas, es que cuando la situación sanitaria se normalice, algo del salto va a quedar. Seguramente en los seis u ocho meses de la pandemia vamos a haber acelerado algunos procesos que podrían haber pasado en años, y de algunas cosas no se vuelve. Una vez que la gente aprendió a hacer compras electrónicas y se da cuanta que a veces es mucho más fácil apretar un botón y hacerlas [las va continuar].

Volviendo al empleo, hay gente que sí necesita cambiar de empleo, porque algunos desaparecerán, pero hay otras personas que quieren incorporarse a cosas nuevas y ahí sí hay un rol muy importante del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop). Sería un error que se focalizara en cursos específicos para determinadas industrias, tiene que hacerlo porque es útil, pero debería poner mucha energía en dar cursos de capacidades básicas.

¿Entonces no son las empresas las que tienen que hacer las capacitaciones?

Las empresas van a ser muy buenas dando capacitación en cosas de las que se beneficien, ahora, dar algunas herramientas para pensar el mundo de forma más abierta, de cosas que no tienen impacto inmediato sobre el empleo. La capacitación es un bien público, no privado del empleador.

En cuanto al empleo remoto, ¿han pensado en el cambio en las condiciones laborales?

Esta discusión la empezamos sin pensar en el mundo actual. En lo que nos metimos, que es muy parecido es en el trabajo en los Uber, Mercado Libre o Rappi. Son nuevas formas de empleo no tradicional y se generan muchos espacios para grises que deben ser manejados. En general estos empleos tienen mucho valor, primero porque aportan valor agregado y aportan flexibilidad, algo muy importante para algunos sectores de la sociedad, en especial adultos mayores y mujeres que tienen el enorme conflicto de tener que estar a cargo de la mayoría de las responsabilidades familiares, trabajar ocho horas al día en una oficina suele ser más complicado y este tipo de empleo da una flexibilidad que le puede hacer las cosas más fácil. El problema es que es más difícil de regular. Es claro que hay dos o tres modelos distintos, un modelo, que es malo, es el de la prohibición, eso es una mala idea porque evita abusos pero impide que gente que podría hacer cosas interesantes las haga; Uruguay adoptó otras medidas, trató de meter estas formas de empleo en las estructuras que ya existen, el ejemplo más conocido es lo que se hizo con los Ubers, en el que los conductores son trabajadores autónomos. También es un poco raro porque puede haber alguien que maneje una hora por semana y eso no lo hace autónomo. La tercer opción que es la más difícil es decir: esto es algo nuevo y distinto y hay que entender cómo lo regulamos. Pensar qué cosas requieren protección y qué cosas pierden sentido. Primero, algo muy claro es asegurar que a la gente le paguen por su trabajo; tiene que tener seguro de salud, porque la gente se enferma no importe dónde esté; tienen que tener derecho a la jubilación. Pero algunas cosas se complican, como el horario, ahí hay que ser más flexibles. Me parece absurdo decir que se trabaja de ocho a cinco por teletrabajo. Sobre los accidentes de trabajo si la persona está manejando entregando un pedido es obvio que es un accidente de trabajo, pero si una persona está en su casa y se quema haciéndose una sopa, es menos claro y honestamente no tengo una respuesta automática perfecta. Lo que me preocupa es que por querer proteger al trabajador se termine con una cámara las ocho horas que garantice que no está haciendo sopa. Tampoco se le puede pedir al sistema y a la empresa que asuma esa responsabilidad por la sopa caliente. Entender que requiere reglas distintas es el primer paso para buscar los mecanismos razonables para regularlo.

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Mala idea

¿En cuanto a la edad de retiro, qué fue lo que concluye el estudio?

El envejecimiento de la población implica mejoras en la salud de la población a lo largo de toda la vida, no es exacto, un año más de vida no quiere decir un año más de vida saludable, pero es obvio que si en 50 años la expectativa de vida aumenta diez años una parte importante van a ser años saludables. Me cuesta mucho pensar que en el año 2100 alguien siga diciendo que un uruguayo de 60 años es viejo y no puede trabajar más, eso no va a ser cierto. Sabemos por la experiencia que un cambio en la ley que diga que a partir de mañana la gente se jubila a los 65 años es una mala idea porque tiene impactos sociales y fiscales de corto plazo muy negativos. Lo que hace es que la gente corra a jubilarse por las dudas, con lo que se termina teniendo más gastos, además, es una mala idea porque es no confiar en que la gente quiere trabajar. Lo que hay que hacer es desarrollar la idea de que la gente quiere trabajar y encontrar mecanismos para que lo haga. La edad efectiva de jubilación en Uruguay ha venido subiendo, está en 63 años y algo. La política pública necesaria es incentivar que a la gente le convenga seguir trabajando, facilitarlo, por ejemplo, trabajar medio tiempo. Eso es fácil de regular, si so funciona la edad de retiro va a seguir moviéndose sola. Hace falta que la gente postergue su edad de retiro, pero que lo haga de forma voluntaria.

En el informe señalan que es importante que más mujeres ingresen al mercado laboral, ¿cuál fue a conclusión a la que llegaron?

Uruguay ha logrado cerrar las brechas de género en la educación, las mujeres salen con más capital humano que los varones, pero ¿qué pasa con el trabajo? Puede que algunas mujeres no tengan ganas de trabajar porque les gusta más quedarse con sus hijos y es legítimo, pero también, y no me cabe ninguna duda, de que muchas veces el mercado y la sociedad lo que hace es expulsarlas. En el mercado si hay un empleador con una mujer joven con la posibilidad de que se embarace puede preferir a alguien que de seguro no lo va a hacer, y la sociedad la expulsa del mercado de trabajo porque es ella la que tiene los hijos chicos y si quiere trabajar tiene problemas porque los sistemas de cuidados no funcionan bien -ahí Uruguay tiene una avance importare pero falta mucho-, entonces las mujeres tienen o dejar de trabajar o trasferir su ingreso a alguien que los cuide. Hay que encontrar mecanismos para incentivar y facilitar que las mujeres jóvenes ingresen al mercado. Uruguay es uno de los países con tasas más bajas de actividad de las mujeres jóvenes, al menos una parte tiene que ver con esto.

El informe dice que desde el principio de los 2000 “la participación en el empleo de graduados universitarios pasó de 19% a 29%, mientras que la de trabajadores con niveles de educación bajos o medios cayó 4 puntos porcentuales”. ¿Cómo se mejora la participación de los sectores más vulnerables?

El sistema educativo en Uruguay viene mejorando desde hace años, el problema es que no mejora tan rápido como sería necesario, eso a veces genera confusiones. En los sectores más vulnerables el problema en casi todos los países de América Latina es la inequidad. Los jóvenes que van a la universidad, no todos pero la mayoría, son de clase media y alta. Si hay algo central es que la política educativa debería mirar la equidad, no sólo mejorar el promedio, que también es importante, sino achicar la dispersión. Hay una buena noticia en esto y es que en los últimos años en Uruguay bajó mucho la fecundidad adolescente, como un 40% en los últimos cinco años. Si una chica de 18 años quiere tener un hijo me parece bien, pero el grueso de los embarazos adolescentes no son planeados, y esas chicas probablemente abandonen sus estudios, o si no lo hacen no consiguen un buen empleo porque no consiguen quien se quede con su niño.

También se puede diferir en el tiempo la educación y el ingreso a un empleo.

En ese caso empieza mucho más tarde su carrera profesional, a lo mejor es brillante y tiene un compromiso enorme y logra recuperarlo, pero empieza con peores condiciones y es probable que termine con peores resultados. El hecho de que baje la fecundidad es bueno porque permite que estas chicas no pierdan tantas oportunidades antes de empezar, y los hijos que tengan, cuando sean deseados, van a tener mejores condiciones de formación.

La situación demográfica de Uruguay parecería preocupante porque nacen muchos menos niños de los que se desearía en los niveles medio y alto. ¿Qué opina sobre esto?

Yo lo daría vuelta: Uruguay es el país que esta más avanzado en la transición demográfica en América Latina, eso quiere decir que es el país que tiene más baja mortalidad y más baja fecundidad. Eso nunca lo definiría como un problema, que la gente viva más tiempo es el mejor indicador social que existe; que nazcan menos niños casi siempre es consecuencia de que las familias en general y las mujeres en particular tienen mayor capacidad de decidir lo que quieren. El problema es que hay instituciones, reglas de la sociedad, un sistema educativo, y un funcionamiento del mercado de trabajo que no responden a la realidad. Lo que hace falta es cambiar las instituciones, y vuelvo al comienzo, el problema es que la sociedad alcance los niveles de productividad que compense ese envejecimiento para que la gente siga mejorando su calidad de vida.