“Las situaciones únicas requieren adaptaciones únicas”, dijo este miércoles Alan Shulte, director de la Región de Sudamérica de Linkedin, en el XXV Congreso Internacional de Gestión Humana “Más humanos que nunca”, organizado por la Asociación de Profesionales Uruguayos en Gestión Humana (ADPUGH).

En su exposición, Shulte habló sobre la tecnología como un aliado de los talentos en el mundo pospandémico. Aseguró que hay dos grandes movimientos que deberían estar en la agenda de las personas que trabajan con recursos humanos: la renuncia de personas y la demanda de reclutadores.

“Sólo en agosto renunciaron más de cuatro millones de trabajadores en Estados Unidos”, aseguró, y dijo que tanto los empleados como los empleadores están reconsiderando sus prioridades. “Todos nos estamos adaptando al cambio constante, tomando decisiones en medio de la incertidumbre y adoptando nuevas alternativas”, planteó.

Sobre el otro fenómeno, la demanda de reclutadores, Shulte dijo que se multiplicó por siete después de la pandemia. La flexibilidad es una de las cualidades más requeridas por los trabajadores que buscan empleo: “El equilibrio entre el trabajo y la vida personal ya era la prioridad número uno al comienzo de la pandemia, y se ha vuelto más importante a medida que el trabajo remoto se volvió más común”. Según una encuesta de Linkedin, las peores calificaciones de las empresas tienen que ver con “el equilibrio entre el trabajo y la vida”. Las compañías que logren ese equilibrio van a tener una ventaja en el corto plazo en la retención y la captación de talentos.

“87% de los empleados preferirían permanecer con trabajo remoto, por lo menos la mitad del tiempo” y sólo 13% preferiría el trabajo presencial. El teletrabajo pasó de 6% a 14% en el último año, comentó Shulte. El expositor dijo que se está dando una cuarta revolución industrial con la incursión de avances en la tecnología, y puso de ejemplo la inteligencia artificial, la robótica, la ingeniería genética y otros avances.

“Hasta 800.000 puestos de trabajo podrían ser reemplazados”, aseguró. Si bien dijo que estos datos pueden generar preocupación, también anticipan lo que va a pasar en el mercado laboral, ya “que el cambio es inevitable”. “El modelo de aprender en la escuela y hacer en el trabajo ya no es sostenible. La recapacitación es la máxima prioridad”, sostuvo.

Shulte dijo que para 2030 14% de la fuerza laboral mundial tendría que cambiar de ocupación por la automatización y la inteligencia artificial, pero comentó que también habrá ganancias laborales, por el crecimiento de las economías y el aumento de la productividad. Se puede dar una compensación en el desplazamiento de los trabajadores, habrá más demanda en áreas como la salud o la infraestructura y la energía.

“Para que sigamos siendo exitosos en nuestras vidas profesionales es imprescindible el aprendizaje continuo, que se puede hacer invirtiendo algunos minutos al día o a la semana para acceder a contenidos que nos puedan ayudar”, afirmó.

¿Por qué trabajamos?

Paula Molinari (experta en transformación organizacional), y Carolina Borracchia (especialista en marca empleadora), hablaron sobre el futuro del trabajo y el rol del colaborador como influencer. Molinari dijo que las prioridades de los trabajadores capacitados están cambiando y puso como ejemplo el caso de su hijo, que cambió su empleo por uno que le ofrecía trabajar desde su casa porque quería pasar más tiempo con su hija recién nacida.

Por su parte, Borracchia aseguró que “la pandemia nos colocó frente a una situación de profunda reflexión sobre el sentido de la vida”; contó que su padre murió de coronavirus y que ella, como tantas otras personas, se empezó a preguntar por qué trabajaba. “Nos vimos de la noche a la mañana teniendo que adoptar otros hábitos, redescubriendo la vida, y desde este lugar aparece el trabajo como un lugar importante, porque le dedicamos mucho tiempo”, comentó. “Lamentablemente, hay muchas compañías que no se dan cuenta de que estamos viviendo un momento de oportunidad; hay algunas que lo han captado de manera rápida, pero otras se lo están pensando”, algo que las podría perjudicar, agregó.

Molinari coincidió en que la pandemia generó preguntas sobre la vida y dijo que la relación entre el trabajo y la vida cambió: el empleo no sólo tiene que permitir otro tipo de actividades, sino también hacer un aporte personal. Borracchia agregó que en varias personas la pandemia generó cansancio y depresión por el cambio en las condiciones laborales, como ejemplo dijo que se debieron sacar comedores e instancias de intercambio con los compañeros. Para la especialista, el trabajo remoto tiene dos caras: por un lado, hay personas que están felices en sus casas, como el hijo de su colega, pero hay otras que están “viviendo en un clima tóxico”. En muchas casas no hay espacios para instalar una “oficina” ni condiciones para trabajar con comodidad, como ser tener una silla adecuada. “Estamos frente al desafío de entender la diversidad”, dijo.

Molinari sostuvo que para que las empresas logren que la vida de sus trabajadores sea compatible con sus empleos los tienen que conocer, y en ese aspecto las pequeñas empresas tienen una ventaja. “Estamos viviendo en un mundo en el que necesitamos el diálogo”, afirmó Borracchia, y agregó que en los trabajos menos verticalistas y con más cooperación “la cosa fluye”.