La semana pasada se desarrolló el segundo Seminario Internacional “Cooperativas tecnológicas y desarrollo digital, derribando mitos”, en el que Incubacoop reunió a especialistas uruguayos y extranjeros para desmitificar estigmas sobre el cooperativismo en tecnología y digitalización.

La actividad fue moderada por Cecilia Muñoz Cancela, socia de la Cooperativa Código Libre y de la la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo de Tecnología, Innovación y Conocimiento (Facttic). Muñoz Cancela expresó que “nadie se salva solo” y el sistema cooperativo pretende “garantizar el desarrollo profesional y personal de los asociados”.

Por su parte, Lautaro Viscay, gerente de Incubacoop, señaló que no se ve al cooperativismo como una “inteligencia colectiva”, aunque suele reconocerse en tiempos de crisis como un capital social de “contención” de gran impacto e inclusión.

Viscay dijo que los mitos sobre el cooperativismo “dialogan entre sí”, y cuestionó que se lo asocie a la idea de “escasez o falta de respuestas inteligentes”. Además, reivindicó la necesidad de verlo como un “ecosistema” donde cada integrante es necesario “para enfrentar un mundo fragmentado con una transformación colaborativa”.

Luana Cuello (Coop Código Libre - Argentina), Elena Fisher (ALT - Argentina), y Ana Laura Trias (Red Uruguay Emprendedor).

Luana Cuello (Coop Código Libre - Argentina), Elena Fisher (ALT - Argentina), y Ana Laura Trias (Red Uruguay Emprendedor).

Foto: Alessandro Maradei

Aparentemente colaborativa

El mito de que “economía cooperativa y colaborativa son lo mismo” fue abordado por Denise Kasparian, socióloga del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. Kasparian sostuvo que un “buen mito” se sostiene en el tiempo porque logra “arraigarse en el sentido común”.

Sobre esto, advirtió que la economía colaborativa en apariencia se presenta como solidaria, pero en términos prácticos comparte bienes de propiedad privada “infrautilizados” como autos o casas para “explotar datos para manipular consumos y actitudes”, generando una gran “asimetría” entre empresas y usuarios, como es el caso de Airbnb y Uber.

Para concluir, explicó que la economía cooperativa surgió como “un movimiento o figura jurídica desde trabajadores organizados” con el foco en “la propiedad colectiva y gestión compartida”.

No hay una sin la otra

A su turno, Silvia Díaz, docente de la Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC), abordó el mito de que “investigación e innovación son lo mismo”, y explicó que mientras la investigación “genera conocimiento”, la innovación “lo aplica”.

Puso como ejemplo la construcción de viviendas mediante impresión 3D como algo “innovador”, que se distingue de la construcción tradicional por sus tiempos de ejecución, materiales y formato, como resultado de una exhaustiva investigación. Y aseguró que este avance no sólo “aporta valor” al negocio, sino también al “respeto por los derechos humanos y el medio ambiente”.

Manifestó que la innovación es un proceso de cambio “novedoso, sostenible y relevante” que responde a desafíos emergentes y necesidades sociales específicas, y que en conjunto con la investigación trabajan de forma “entrelazada”. Finalmente, reconoció que “los aliados y sinergias” son esenciales para sostener ambos procesos, valorando las cooperativas como actores clave en este contexto.

Foto del artículo 'Derribando mitos: especialistas coincidieron en la necesidad de visibilizar el potencial del cooperativismo en tecnología y desarrollo digital'

Foto: Alessandro Maradei

El software libre y el cooperativismo: dos utopías posibles

Por su parte, Osiris Gómez, socio de la cooperativa de software libre GCcoop, dijo que hay un mito que reproduce la idea de que “el software libre funciona mal”. Luego contó cómo el sistema operativo libre y de código abierto GNU/Linux evolucionó y logró avanzar “gracias a que dio batalla” en un contexto amenazante para un sistema alternativo.

Gómez señaló que Linux surgió como una “alternativa libre y marginal”, pero con el tiempo se convirtió en “competidor” de grandes multinacionales, que pasaron de considerarlo un adversario a integrarlo en sus sistemas. Para Gómez, tanto el software libre como el cooperativismo son “utopías” posibles, basadas en la horizontalidad y la toma de decisiones colectivas.

También resaltó que su modelo “es transparente y colaborativo”, permitiendo a los usuarios “modificar y mejorar el software de manera colectiva”, lo cual funciona tanto a nivel técnico como “filosófico y humano”.

Las barreras culturales no dejan ver

Ana Laura Trías, coordinadora de la Red Uruguay Emprendedor, se refirió a otro mito, el que sostiene que “en las empresas tecnológicas no hay mujeres, o que no les interesa el sector”. Señaló que, a pesar de las oportunidades laborales y altos salarios que ofrece la tecnología, “las mujeres no las ven”, lo que para ella se debe a que aún enfrentan barreras culturales y estructurales que impiden el acceso en igualdad de condiciones.

Trías mencionó datos de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI) que aseguran que sólo 33% de profesionales de tecnología son mujeres, y apenas 24% ocupa roles técnicos, con menor presencia aún en puestos de liderazgo.

Además, explicó que la crianza influye y orienta los intereses de las mujeres desde la infancia y su proyección en determinados roles y espacios, ya sea en las actividades a las que se inscribe a las niñas a diferencia de los varones, o los regalos que reciben. Mencionó que son muchas las mujeres que priorizan los cuidados familiares y esto repercute y limita su acceso a las redes de contacto, emprendimientos y el fortalecimiento de la “autoconfianza”.

Como solución a esta problemática, propuso “incentivar la educación y el interés por la tecnología desde edades cada vez más tempranas”, generar programas de atracción de “talento femenino” y flexibilización en el ámbito laboral para hacerlo más “inclusivo y amigable para las mujeres”.

Nunca nos fuimos

En tanto, Luana Cuello, socia de la cooperativa Código Libre de Argentina, señaló que se cree que “no hay personas trans en tecnología”, pero aclaró que siempre existieron y fueron forzadas a crear sus propios espacios debido a la exclusión. Cuello criticó el estigma de que las consideran menos competentes y carentes de recursos.

La cooperativista compartió que en su trayectoria se caracterizó por ser autodidacta por la incomodidad que vivía en entornos profesionales. Sin embargo, relató que para ella el cooperativismo significó un entorno seguro, donde no fue minimizada y agregó: “La realidad es que siempre estuvimos y vamos a seguir estando”.

También destacó el trabajo de la organización Mocha Celis de Argentina, que se dedica a promover la igualdad social de las personas travestis, trans y no binarias de manera integral, y las apoya en su inserción laboral para garantizar que se “respete su voz” a través de un seguimiento, ya que, según ella, es en ese punto donde se da la “inclusión real”.

En la misma línea, Elena Fisher, socia de ALT Cooperativa de Argentina, propuso tres pasos para fomentar la inclusión: investigar sobre diversidad, capacitarse en género y buscar “talento trans” a través de organizaciones y cooperativas. “Les invitamos a formarnos y darnos la oportunidad de acceder a la educación y el empleo”, instó.

Detrás del capitalismo

Mariano Mariani, presidente de la Cooperativa Ingecoop de Argentina, refutó el mito de que “las cooperativas no pueden trabajar a gran escala”, al destacar su “capacidad y potencial” para emprender grandes proyectos.

Explicó que, aunque suelen asociarse a la escasez en contextos de crisis, muchas cooperativas están detrás del éxito de empresas “capitalistas de renombre”, pese a la resistencia del sector a reconocerlas. “Es una pelea de años; muchos contratos ni siquiera contemplan cooperativas”, señaló, y subrayó la importancia de visibilizar su impacto para reivindicar su potencial. “Porque sí podemos”, sentenció.

El mito se derriba con el ejemplo

A Germán Gunther, socio de la cooperativa de trabajo Tecso, también de Argentina, le tocó también desmitificar que “las cooperativas no pueden operar a gran escala” y aseguró que se demuestra con hechos: “El mito lo derribamos desde el ejemplo”, afirmó. Explicó que en el sector agropecuario también enfrentaron el prejuicio de que las cooperativas sólo son “productivas y agrarias”, desafío que superaron brindando soluciones tecnológicas.

Gunther explicó que Tecso optimiza procesos, reduce costos y mejora la eficiencia, y que el agro “confía cada vez más” en la tecnología y que la “empatía” del trabajo cooperativo potencia la productividad. “Al sentirte parte de lo que hacés, ponés un plus”, aseguró y agregó que este factor diferencia al cooperativismo de otras organizaciones, donde “cuesta generar fuerza de acompañamiento”.

La inteligencia artificial debe estar al servicio de las personas

Thiago Pandolfo, brasileño, pero socio de la chilena Aceleracoop, habló sobre el mito de que “la inteligencia artificial [IA] no combina con las cooperativas”, aclarando que la IA “no está programada para crear, ni son máquinas construidas para dominar la Tierra como se cree”, sino que trabaja con datos y patrones.

Pandolfo propuso combinar “inteligencia artificial con inteligencia humana” para lograr una “inteligencia exponencial” y destacó que la IA “debe estar al servicio de las personas”. Además, recordó que no es una tecnología reciente, ya que se usó en la Segunda Guerra Mundial.

Para Pandolfo, la IA es un soporte clave en el día a día y su implementación debe tener un propósito claro. Aunque persiste la resistencia a las máquinas, enfatizó la importancia de explorar su potencial y aprovechar la diversidad de soluciones que ofrecen.

Por último, participantes y panelistas reflexionaron sobre el potencial que pueden ejecutar “muchas voluntades juntas con un fin común”, reafirmaron que “la salida es colectiva” e invitaron a la facultad como entorno académico a “ser el vehículo que les muestre a los y las estudiantes que hay otra realidad posible, otra forma de trabajar sin aspirar a ser gerente de una multinacional para alcanzar el éxito profesional”.