Escribió, advirtió, legisló, defendió. Ramón Legnani fue un referente de la izquierda uruguaya. Como sucede con esta clase de figuras, es difícil definirlo. Fue el primer candidato a intendente por el Frente Amplio en Canelones, diputado por el Partido Socialista en tres períodos –desde 1990 a 2004–, médico ginecólogo por más de cuatro décadas y un enamorado de su río Santa Lucía. Nació el 25 de agosto de 1932 en la ciudad canaria que es homónima al cuerpo que abastece de agua potable a más de la mitad de la población del país. Marilia Irigoyen –quien se define, entre risas, como la sobrina preferida de Ramón– cuenta que vivieron a dos cuadras del río. “El río venía de visita cuando se le ocurría. Nuestra casa estaba elevada en el terreno y muchas veces el río la rodeaba”, describe. Ella dice que el interés del político por las problemáticas socioambientales y el amor por la naturaleza comenzó a gestarse desde aquellos momentos.
Marilia recuerda que Ramón recorrió la cuenca y definió los territorios donde se taló monte nativo o se destruyeron praderas como “cadáveres enfermos”. Marcela, la hija mayor, dice que su padre capturó en fotografías las modificaciones de varios lugares a lo largo de años. “Con ellas hizo unas diapositivas y las pasaba en charlas. Mostraba cómo iban cortando los árboles y explicaba que, por esta razón, las inundaciones que se producen son cada vez más grandes. Él daba toda esta explicación que ahora te estoy dando yo”, relata con nostalgia. Ramón falleció en noviembre de 2022. La gran crisis que vivió la cuenca del río Santa Lucía se agudizó unos meses después. El político, que escribió normativas para que el sitio sea un área protegida y buscó poner en valor el territorio de donde era originario, no llegó a ver las tierras resquebrajadas por la falta de agua, ni el agua no potable saliendo durante meses por las canillas de una gran cantidad de hogares. En una especie de coro, Marilia, Marcela y Sofía Pi –nieta de Ramón e historiadora– afirman que el político lo advirtió. “Cuando no haya agua acá, busquen los antecedentes aquí”, declara la sobrina. Ella hace referencia al archivo Ramón Legnani, que fue presentado el martes en la biblioteca Pablo Blanco Acevedo, una de las sedes del Museo Histórico Nacional.
La defensa del entorno como bandera
La idea de proponer la creación del archivo fue de Sofía. “Queríamos que permaneciera, porque a través de los papeles ves la comunidad, Santa Lucía, las diferentes problemáticas que le atraían: la salud, la infancia, la ecología, el sistema del río. Uno puede tener un montón de documentos, pero si no los tiene descritos es como no tenerlos. Hicimos todo el trabajo de acomodar lo que estaba en la biblioteca, de reunir un poco. El abuelo, como son temas que fue trabajando a lo largo de su vida, tenía carpetas, cajas, biblioratos. Iba sacando documentación para escribir sus artículos hasta los últimos días de su vida”, remarca.
Entre la información disponible están los ejemplares de El Mundo y sus Comarcas, un quincenario independiente en el que Legnani abordó temáticas vinculadas a la realidad social y política de Canelones, en especial de Santa Lucía. Por ejemplo, el 17 de octubre de 1993 la tapa titulaba Desforestación en el Santa Lucía y lo acompañaba una fotografía de monte nativo talado. “A lo largo de la costa del río Santa Lucía se puede apreciar un espectáculo por demás deprimente. A pocos kilómetros de la planta urbana de la ciudad de Santa Lucía se ha instalado una ‘floreciente industria’ [...]. Lo único que queda son troncos cortados a ras del piso. Para realizar estos trabajos se utilizan motosierras, se quitan las ramas secundarias del tronco principal y se trasladan los mismos hacia la otra orilla en bote. Una vez allí, la ‘eficiente industria’ dispone de la ‘materia prima’. Sería muy interesante saber si existe algún organismo o institución oficial encargada de controlar esta acción depredadora que cuenta con muchas facilidades y gran desarrollo en la zona. Prometemos profundizar en el tema en las próximas ediciones”, versa en el texto, que tiene más de tres décadas.
Durante la sequía de 2023, Sofía y Marcela viajaban desde Montevideo hasta Santa Lucía para armar el archivo. En el recorrido pasaban junto a la represa de Canelón Chico, que en aquel entonces estaba casi vacía. “Por lo menos el abuelo no lo vio, tenía un cariño absoluto por el río Santa Lucía”, apunta Sofía. Cuenta que tenía una biblioteca destinada a información vinculada al ambiente, pero que también le gustaba mucho la historia, el cine. “Él tenía una expresión que era: ‘¡Sofía, ya te estoy dando la lata!’. Yo era una niña, pero él te hablaba, no te infantilizaba”, describe. Marcela enfatiza que su hogar siempre estuvo lleno de libros que “no tenían edad”. Junto con los textos de Ramón estaban los de Aura Cardoso, su compañera, que era médica pediatra. “Mi papá quería que las cosas de mi abuelo terminaran en un museo. Él no sabe, pero lo logró”, dice la hija del político. El padre de Ramón fue Mateo Legnani –médico influyente en Santa Lucía y político del Partido Colorado–. En 2007, Ramón publicó un libro centrado en esta figura titulado Cuentos del abuelo. Su madre fue Ramona Rodríguez y era el menor de seis hermanos.
Un pionero: la visión de Carámbula y Mahía
Sobre una mesa de la biblioteca Pablo Blanco Acevedo están ubicados diferentes textos que integran el archivo Ramón Legnani. Hay transcripciones de declaraciones sobre diferentes temáticas –por ejemplo, una de ellas versa sobre alimentos transgénicos que están “prohibidos en Europa” pero que en “Uruguay se permite su libre comercialización”–, también hay copias de sus libros Ecología dinámica del siglo XXI (2009), Dr. René G Favaloro: un paisano en Cleveland (2011), Cultura y contracultura (2008) y los tres tomos de Historias de mi ciudad (2012, 2021 y 2022). Varios ejemplares que integran el archivo tratan sobre la contaminación por plomo en Uruguay, una problemática que el médico abordó durante su carrera. Por tan solo nombrar un caso, en un editorial que escribió en 2001 describió las principales manifestaciones clínicas de la plombemia, explicó que “la gravedad de las lesiones es mayor en los chicos carenciados” y llamó a “la acción de las autoridades responsables”.
Uno de los participantes en la inauguración del archivo fue Marcos Carámbula, también médico e intendente de Canelones en los períodos 2005-2010 y 2010-2015. “Ramón muchas veces nos dijo: ‘Montevideo se va a quedar sin agua si no cuidamos el Santa Lucía’. Lo dijo hace muchos años, situación que se dio”, difunde. En el terreno político recuerda que cuando era joven militó en la candidatura de Legnani. “Se hizo un gran trabajo en el 71, liderado por Ramón. Describió todo el departamento de Canelones y todas las propuestas las hizo con mucha seriedad y luminosidad. Era un gran estudioso, ordenado, sistemático. Sobre su tarea en el Parlamento, que la compartimos también, era de esos legisladores que cuando hablaban, hablaban con muchísimos fundamentos y estudios. Fue pionero realmente en los temas ambientales de nuestro país, comunicador con su diario El Mundo y sus Comarcas”, resalta. Considera que es de “estricta justicia conservar la memoria, los estudios, los documentos de Ramón”.
Por otro lado, otro participante fue José Carlos Mahía, ministro de Educación y Cultura. Al igual que Carámbula, señala que Legnani “no era todólogo”, sino que “hablaba de los temas para los que se preparaba”. “Fue una especie de adelantado en defender el ambiente, porque lo eligió como un tema central y lo hizo todo el tiempo que desarrolló su vida política. Por supuesto, particularmente enamorado del río Santa Lucía. Esa es la definición que tengo. Es decir, sus conversaciones o temas, en algún punto, pasaban por el río Santa Lucía. Yo lo comprobé porque compartimos campañas y trabajo parlamentario”, esgrime. Destaca que su trabajo sobresalía pese a que fue hombre que “cultivó el perfil bajo”. “Esto va a ser parte del acervo cultural identitario de Uruguay a partir de ahora. Es algo de lo que hay que tomar dimensión, que estamos construyendo nosotros. Tomar perspectiva de las cosas a veces se vuelve necesario”, remarca el jerarca.
La memoria de la izquierda
María Eugenia Vidal, directora nacional de Cultura, subraya que “siempre que una institución recibe un acervo, también habla muy bien del equipo técnico”. Asegura que el archivo está siendo trabajado con el objetivo de que “pueda estar disponible para las y los uruguayos y para la investigación”. “Es un archivo personal muy particular que conjuga una forma de trabajo y de vida que tuvo que ver con la representación política, con la vida comunitaria, la salud pública, el ambiente, con los derechos”, destaca. Andrés Azpiroz, director del Museo Histórico Nacional, expresa que la creación de un archivo “implica espacio, recursos materiales y tiene que ser pertinente”. El tomador de decisiones dice que hay varias razones por las que decidieron trabajar en esta colección. Una radica en que “el museo tiene muy pocos archivos vinculados a la historia más reciente de Uruguay”. “Tenemos una muy buena representación de archivos de las familias patricias, vinculadas sobre todo al Partido Nacional y Colorado, pero tenemos una escasa representación vinculada a otras tradiciones políticas”, puntualiza, y hace hincapié en la izquierda.
Azpiroz también acota que el perfil de Legnani “está atravesado por múltiples intereses” que son “pertinentes para la agenda pública”. Sin ir más lejos, manifiesta que quienes busquen estudiar la “historia del medioambiente”, que “está en boga en otros lugares del mundo”, “tienen un archivo que es ineludible para la consulta”. En la actividad, el archivólogo del Museo Histórico Nacional, Dante López, también hizo una presentación precisa sobre los documentos que están analizando y los cuidados que están llevando adelante para salvaguardar la colección.
El daño ecológico
Ramón Legnani, mientras fue diputado, presentó un cúmulo de proyectos de ley. Sin ir más lejos, uno de ellos buscó declarar como área protegida la cuenca del río Santa Lucía. En 2003, también presentó otra iniciativa que se denominó Daño ecológico o ambiental. Entre sus postulados, buscó sumar al Código Penal el delito, como dice su nombre, por “daño ecológico”. “Será castigado con pena de prisión de veinte meses a seis años de penitenciaría, multa e inhabilitación especial para profesión u oficio por igual plazo el que, contraviniendo las leyes u otras disposiciones de carácter general protectoras del medioambiente, provoque o realice con riesgo para la salud, directa o indirectamente, emisiones, vertidos, radiaciones, extracciones o excavaciones, aterramientos, ruidos, vibraciones, inyecciones o depósitos, en la atmósfera, el suelo, el subsuelo o las aguas terrestres, marítimas o subterráneas, con incidencia incluso en los espacios transfronterizos, así como las captaciones de aguas que puedan perjudicar gravemente el equilibrio de los sistemas naturales”, decía el texto. Consideraba como agravantes, por ejemplo, que la actividad haya funcionado sin haber obtenido autorización o que se haya ocultado información sobre aspectos ambientales del emprendimiento. Más de dos décadas después de la iniciativa que presentó Legnani, los parlamentarios de este período continuarán discutiendo incluir los delitos contra el ambiente en el Código Penal.
