Algo de cierto hay en que a Peñarol los rivales le salen con sobrecarga de adrenalina para disputarle el juego. Defensor se mostró hiperactivo y eficiente en todas sus líneas, atorando las vías que recorren Urretaviscaya y Ramírez, y dejó a Peñarol sin sus principales elementos de sorpresa.

El Peñarol de mitad de campeonato ha perdido en lucidez pero ha ganado en espíritu. Ya sus rivales no se dejan sorprender porque demoró en inquietar a Silva y con jugadas atropelladas en las que el acierto individual es el factor determinante. Su defensa, sin embargo, sigue siendo irregular (valga la contradicción). Y cuando endemoniados jugadores, como Viudez, desafían mano a mano la cosa se complica.

Jugador número 12

Pierna larga de Guillermo y Viudez al piso. Falta pero… ¿penal? Sólo la televisión puede confirmar que haya sido dentro del área. A Gaglianone eso no debía interesarle, así que, a pesar de disparar muy mal el tiro, corrigió tomando el rebote y apuntando el gol. Ni festejar pudo Defensor: Peñarol repuso y se fue a buscar el empate con siete de los tuertos festejando fuera del campo. Decí que Silva se quedó en el arco y con un manotazo desvió al córner un cabezazo de Arévalo. Acto seguido, gol de Peñarol y anulación por supuesta falta en ataque. “Hola, mi nombre es Siegler y no me dejen fuera del show”, pareció anunciar el referí.

Peñarol salió al complemento muy concentrado y rememoró las directivas que lo han llevado a ser la topadora del torneo. Será feo pensar en la justicia conciliadora, pero el penal que le cobró a Peñarol pareció tener como objetivo recomponer aquel gol anulado y aquel penal de Defensor (y hasta un agarrón de Martínez, rato antes, que pareció penal). Lo cierto es que a Pacheco eso no debió importarle, porque la colgó del ángulo, símil Forlán vs. Ecuador.

Media hora de ficción

El agotamiento físico y mental que significó para Peñarol convertir facilitó la reacción violeta, que a instantes del empate ya estaba dentro del área rival, provocando más de una taquicardia. El partido entró en un laberinto de nervios e incertidumbre que sólo el pitazo final de Siegler podía resolver. Porque el estadio aturdía empujando al líder, pero Defensor se embraveció y echó los perros a la caza del invicto.

La persistencia obtuvo sus frutos cuando Risso armó un jugadón con dos quiebres de cintura para quedar de macho a Sosa, que atajó en primera instancia, pero dio rebote y entonces Risso no falló. A 15 minutos del cierre, no existía margen para especular y Peñarol salió nuevamente a empatar. Se frustró una, dos y tres veces, empujando con centros. Pero de la cabeza frisada de Orteman apareció la claridad para dar luz a un nuevo empate, que Ramírez supo conciliar con imprevisto cabezazo que madrugó a la reacción de Silva.

Todo el estadio de pie para vivir un cierre que se presumía legendario. No era posible predecir qué pasaría ni a quién beneficiaría el destino, porque los jugadores estaban ya pasados de revoluciones y podía definirse de la forma más inesperada. Si no que le pregunten a Gaglianone, que jugando descuentos revoleó una pelota perdida en el área chica y la metió dentro del propio arco para darle los tres puntos a Peñarol.