Uno, dos, tres. Levantan el bote entre todos. Fuerza y resistencia, y la suma de las dos en cada caso, hace que el resultado sea potente. Nadie más que ellos lo sabe. Los remeros son colaborativos. No hay otra. Avanzan hacia atrás, eso es raro: el futuro queda allá, donde aún no se ha ido, no adelante como estamos acostumbrados a decir.

El club está sobre la rambla, a unas cinco cuadras de la terminal de ómnibus de Colonia del Sacramento. Es una construcción vieja pero bien conservada que tiene las puertas de vidrio y abiertas, siempre.

La disciplina

Hace mucho calor. Rodolfo, director de la escuelita de remo y también deportista olímpico, nos recibe. Él comparte su vida laboral con sus dos pasiones: profesorado de educación física y remo. Además, forma parte de un grupo de entrenadores junto con Gustavo González, Diego Perini y Ledo Beltrán.

Llega y empieza a hablar con entusiasmo. Nos invita a pasar al salón donde guardan los botes. Hay como 15. Todos son distintos, nos cuenta. Algunos de fibra de carbono -los más modernos-, otros de madera -los más viejos-. Los hay para usar de a uno, de a dos y de a cuatro. Llegamos con ganas de tirarnos al agua y conocer. Rodolfo es el mejor guía que pudimos tener para bucear en un deporte que carece de difusión masiva en el país y, sin embargo, es veterano entre nosotros.

En la mañana de nuestra visita había 15 gurises en la escuelita de remo. Algunos con sus mallas de competición estaban en el agua. Otros, esperaban pacientemente afuera, sentados en la rampa, su turno. Pero, ¿cómo se arriman al club? “Es una paradoja. Cuando baja la cantidad de concurrentes, hacemos un llamado específico pero no podemos permitir muchos más porque no tenemos botes para todos, entonces no queremos que vengan y se lleven una mala impresión del deporte. Hoy salieron algunos en los de cuatro. El resto va en los otros botes. Pero si llegaste a las 9.00 y tenés diez adelante, te comés una hora y pico antes de ir al agua, porque se sale en tandas. Eso es una limitante. Nosotros queremos que remen todos aunque sea diez minutos”, cuenta el entrenador de remo.

"No tenemos muchos botes y lo que hacemos es rotarlos según el peso de los muchachos. Los hay para 72 kilos, por ejemplo. Uno de los gurises pesa 80 y no podemos usar ese bote con él". La embarcación es la materia prima, la vedette del deporte. Su costo es relativamente elevado si se piensa en un club que cuenta con recursos limitados. "Los dobles de fibra de carbono valen 10.000 dólares nuevos. El single cuesta alrededor de 4.500 dólares. Los de cuatro valen 15.000, pero el de madera, como es viejo y está usado, lo compramos a 2.000. Se hace un esfuerzo grande para conseguir el material. Lo que más tenemos es material humano y es muy importante porque en otros lados carecen de eso”, cuenta.

El remo es un deporte que se desarrolla todo el año. Las inclemencias del tiempo hacen que muchas veces haya que alternar trabajos “en tierra”. “Terminamos en diciembre y ahora en enero estamos arrancando otra vez. Entrenamos todos los días menos los domingos a nivel de club. A nivel de selección se entrena todos los días corridos. Es bastante sacrificado. El rédito no es tanto como el que se logra en otros deportes que se juegan en cancha porque acá se corre 2.000 metros y la gente te ve los últimos metros no más. En otros países se televisan las regatas pero en Uruguay no. De todas maneras, creo que lo bueno es que los chiquilines tengan una meta. El año pasado conseguimos el campeonato nacional y este año se tratará de conseguir", comenta el entrenador.

Sumar puntos

Hay dos campeonatos de remo a nivel nacional. Está el circuito nacional de remo, que es como el campeonato de liga, con ocho fechas en diferentes partes del país. En febrero arrancan las etapas en Jaureguiberry (ver recuadro). El experto nos comenta: “Las etapas se ganan por acumulación de puntos. Cada bote que vence representa siete puntos, cinco el segundo, tres el tercero y uno el cuarto. Cada bote que compite por el club suma para los clubes y se van acumulando esos puntos. El año pasado logramos una diferencia de 200 puntos, a pesar de que otros tienen más material que nosotros. Lo que sí tenemos es la posibilidad de competir en todas las categorías: novicios, que compiten en cuatro, dobles e individuales; intermedios es para mayores de 18 años -no se puede competir con alguien que haya ganado en el exterior ni participado en la selección-; juveniles (menores de 18); menores -que son los que tienen menos de 16 años- y mayores, con límites de peso y sin límites de peso. Los primeros son de hasta 72 kilos y medio. También cubrimos la competencia en damas, que muchos clubes no tienen, y nosotros apostamos mucho a la mujer, aunque se cree que el remo es un deporte masculino y nada que ver. El año pasado ganamos en esa categoría. Eso está bueno porque genera integración. Todos los gurises que vienen estudian, trabajan y reman. Acá en Uruguay es así, no podés dedicarte al deporte solamente. El año pasado también participaron en un campeonato Sudamericano representando a Uruguay. Este año hay otro Sudamericano en Chile y la idea es que se logre integrar la selección. Esto es ganar un lugar en el día a día”, cuenta Rodolfo, que sabe bien de la cosa.

El Club Rowing de Colonia tiene 70 jóvenes en el plantel dentro de su escuela de remo. El año pasado sumaron una nueva categoría: master, que se integra con personas de 40 a 50 años. Se trata de ex remeros que vuelven a formar parte de un equipo.

Prepararse

Competir a nivel nacional requiere de preparación. Mucha más se necesita para representar a Uruguay en el exterior. Para eso, los remeros entrenan con mucha dedicación. Lo que más se trabaja en la disciplina es la capacidad física; es un deporte que se complementa entre la resistencia y la fuerza. La técnica del movimiento requerido para remar influye mucho, por eso los que recién comienzan primero realizan entrenamientos “en tierra” y, más tarde, se meten en el agua. "Hay ciertas particularidades en este deporte. Hay que dominar la embarcación, remar de espaldas a la dirección a donde se avanza. Uno que hace kayak va remando hacia donde avanza. Si quiero doblar a la izquierda, tengo que hacer más fuerza con la derecha. Esto requiere una destreza de combinaciones que para niños de 11 años exige mucha atención y coordinación. Para los de 15 años en adelante, que tienen más experiencia, la técnica juega un rol importante. La condición de la constancia y la disciplina, que incluye el descanso, la alimentación, son aspectos que no pueden perderse de vista", explica el remero olímpico.

El entrenamiento requiere, como poco, tres horas. La técnica básica consta de ciertos movimientos corporales (piernas, brazos, tronco) que implican sacar el remo del agua y sostenerlo en el aire hasta que se haga la próxima remada. De lo contrario, si el remo toca el agua, el bote se frena en vez de impulsarse. En 2.000 metros en mayores, distancia que se recorre en regatas, se calcula que el deportista efectúa cerca de 200 remadas. Pero no siempre es la fuerza la que hace que el bote avance. La coordinación se hace indispensable cuando se compite de a dos o de a cuatro. “En embarcaciones de cuatro la coordinación es más difícil porque hay que entrenar todos juntos y tienen que guiarse por el timonel [el remero que dirige la embarcación] para que el recorrido sea derecho. Para eso, se requiere una remada similar. A veces los físicos son bastante desparejos. En ese sentido, la técnica juega un papel importante”, explica Collazo. ¿Cómo se consigue esa coordinación? “Depende de las características de cada uno. Algunos son más naturales porque son menos torpes. El más hábil va en la parte de adelante o atrás y el más fuerte o más grueso va en el medio del bote. Tienen que coordinar entre ellos porque deben hacerlo a la misma vez. Si los ocho pares de remos empujan se logra una mayor fuerza: aplicar la fuerza juntos es lo más importante”, comenta.

La técnica

Rodolfo nos invita a conocer el remoergómetro que está en el fondo. Hay que atravesar el “estacionamiento” de botes y salir. Se trata de una especie de simulador de remo: una piscina de hormigón, con un símil de bote al medio donde colocar los remos al costado. “Es como una cinta caminadora pero de remo”, explica. Y el símil es perfecto. Esta estructura es la base para aprender a remar. Perfeccionar la técnica hace que cuando el remero vaya al agua pueda controlar los movimientos teniendo en cuenta los factores climáticos que le condicionarán. Ahí comienza la creatividad del entrenador: armar un puzzle con los equipos y con las actividades que deben ser hechas por los alumnos. “Ellos se aburren, entonces hay que ir rotando. Hacemos bicicleta en el gimnasio, salimos a correr”, relata.

En sueños

El padre de Rodolfo, Aldo Collazo, es el presidente del club. Aldo no oculta su orgullo cuando habla, y reconoce que se arrimó al Rowing porque vino a ver qué hacía su hijo cuando pasaba tantas horas en el club. “Si no fuera porque mi hijo está acá y esta es su elección de vida sacaba el remo del club porque es un deporte muy caro”, dice. “El club es bien visto en Colonia porque atrae a muchos jóvenes a hacer diferentes actividades. Tenemos 325 socios y les cobramos una cuota muy baja de 150 pesos por mes. Para solventar los gastos alquilamos salones y gimnasios para eventos y eso nos da más rédito. También alquilamos el sector alto del club donde se instaló una discoteca, que nos cubre el presupuesto de mantenimiento”, comenta el presidente. Con la intención de crecer y ofrecer otras posibilidades de desarrollo deportivo, en el club se imparten clases de karate, volleyball y básquetbol. Además, cuenta con un proyecto para diseñar una cancha de fútbol sala y comenzar con la enseñanza de gimnasia. “Estoy abierto a todo y está en mi sueño hacer una piscina cerrada. En el año 1966 existió un proyecto para hacer una recreativa, tenemos el croquis pero no se aprobó en el directorio de aquel momento y quedó en el debe. Sabemos que no hay una piscina de 25 metros en Colonia y nuestra intención es poder aportarle al departamento la posibilidad de contar con una. Ahora que hay más gente con poder adquisitivo, sería interesante hacerla”, comentó Aldo.

Collazo prepara todo para mostrarnos cómo se usa el remoergómetro. Toma los remos, se sienta. Primero, nos dice que es adaptable a cada uno porque todo tiene una medida particular. Lo que se entrena es el gesto, explica, porque en este aparato lo único que falta es el equilibro y avanzar -situaciones que sólo se trabajan en el agua-. “La pala no se mueve, el que se mueve es el bote. Los elementos siempre están fijos. Se emplean las piernas primero, después el tronco, y se prepara la postura de los brazos. Se va adaptando todo el gesto para poder salir al agua. Cuando consideramos que tiene la modalidad para salir al río lo pasamos al bote”, explica el entrenador. Nos cuenta que se entrena de un solo lado y de los dos para emparejar el desarrollo de la musculatura del cuerpo. Es que existen dos modalidades: remo largo y remo corto. “Si los gurises son derechos, se desarrollan más si hacen el uso del remo largo donde el brazo que queda estirado es el que hace mayor fuerza. Después de hacerlo tres, cuatro, cinco veces por semana se cambia de lado para aprender de los dos”, explica. El fotógrafo se anima y prueba. Lo que más cuesta es la sincronización de las piernas, que hacen fuerza para luego torcer el torso hacia atrás y después viene la fuerza de los brazos, no antes. Uno tiende a mover la pala primero, pero la técnica indica que es el último tirón. “Después ya te sale natural, es automático”, comenta Rodolfo. Mirá quién lo dice. “La idea es tomar un punto de referencia cuando uno se sube al bote, mirar a la proa derecha, después ir. Hay agentes externos que hacen que siempre sea distinto. El placer de remar es eso, que te cambian las condiciones externas y el entorno”, nos dice, y se le nota la pasión.

El Olímpico

Hace 19 años que Rodolfo está en el remo. Tiene 28 años. Arrancó acompañando a un amigo de la escuela que lo llevó al club cuando estaba en sexto año. "Soy uno de los tantos jugadores de fútbol frustrado, porque no jugaba nunca y acá en el club aparte del remo se juega al fútbol, al básquetbol. Los profes que tuve en esa época me ayudaron tomar amor por el club y el deporte. Arranqué viniendo en los veranos, después la hacía todo el año", cuenta.

"A los 18 años me fui a estudiar música a Montevideo, pero nunca dejé de remar. Me salió una beca para ir a los Juegos Olímpicos de Atenas. Me fui a España, a Santander, a remar como profesional con dos compañeros. Antes de irme, hice un año de educación física becado por el Ministerio de Turismo y Deporte. Para mantener esa beca me tuve que venir al país a completar el curso. Mis dos compañeros siguen remando en España como profesionales. Yo formé una familia y estoy haciendo lo mío. Lo extraño es que en mi caso no es un deporte adquirido por la familia. Mi padre, por ejemplo, nunca remó. Entonces incentivo a los gurises a que se queden en el club entrenando. Yo no tenía las condiciones que tienen ellos. Mirá a Rodrigo [señala a un muchacho que por su aspecto físico parece que tuviera 18], mide 1.80 metros y tiene 12 años. Yo a esa edad pesaba 80 kilos y medía 1.65. Nada que ver. Pero con sacrificio y con dedicación se puede lograr lo que uno se propone y éso es lo que le transmito a los gurises. Si llegué con menos posibilidades, quiere decir que otros pueden", dice con esperanza.

Participó en 2004 en los Juegos Olímpicos de Atenas en dobles. "En el clasificatorio competimos con todos los países de América y quedamos terceros. Entraban sólo tres. En 2008 fuimos a los Juegos de Beijing", recuerda. "Competimos con un solo bote, a veces lo alquilamos porque no podemos trasladarlo tan lejos. Las competencias son en Europa. A veces nos pasa que son botes de distintas marcas y hay que acostumbrarse en el momento. En Atenas quedamos en el puesto 18 de 24 países y en Beijing en el puesto 15. Ésta fue la mejor ubicación que consiguió Uruguay en dobles y en Sudamérica, también fue la mejor ubicación que tuvo en remo. Javier, mi compañero de ese momento, se dedicó a otra cosa porque no vive de esto", explica. En 2010, Rodolfo y Emiliano Dumestre consiguieron la primera medalla de oro para Uruguay en los Juegos Odesur de Medellín.

"El apoyo del club es fundamental. Yo compito por Colonia en las regatas internas. Me pone contento porque además de entrenador soy remero como parte del grupo. Ahora estoy preparándome desde noviembre, después del Panamericano que fue en octubre, para los Juegos de Londres. Los sábados y domingos me voy a Mercedes y entreno con mi compañero. Nos turnamos. Una vez voy yo y otra viene él", relata el remero. Las eliminatorias para llegar a Londres serán en marzo en Tigre, Argentina. Allí, se medirán con otros países. "Parecen más potentes México, Brasil, Chile, Venezuela y Cuba. Perú, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Jamaica están más retirados. Primero, hay que clasificar a la final en la que entran seis y luego quedan tres. Para los Juegos de Beijing clasificamos por una diferencia de 0,019 décimas de segundo. Imaginate que no es nada", recuerda.

Entre viajes y competencias Rodolfo guarda 1.000 anécdotas. Las más impactantes son las de los Juegos Olímpicos, donde la experiencia fue “impresionante”. “La experiencia en la villa olímpica es increíble, porque a los deportistas más grandes nosotros los vemos por tele. La última vez nos cruzamos con Rafael Nadal, con basquetbolistas de la NBA, y eso está muy bueno”, recuerda. También pasaron por situaciones no previstas en las que tuvieron que resolver alguna dificultad. “Muchas veces nos pasó de quedarnos con los pasajes desfasados de las fechas en que salíamos del país o llegamos antes, entonces nos tuvimos que quedar a vivir en los aeropuertos. Eso nos dio aprendizajes diferentes. Nos tocó vivir cosas impensadas. Cuando fuimos a la Copa del Mundo en Austria, en 2007, llegamos un día antes y pedimos permiso para quedarnos en el hall del hotel”, comenta y se ríe.

De su primera vez en competencias, Rodolfo guarda un lindo recuerdo. “Fue en Argentina, a nivel de clubes. Competí con un amigo en 1998 en doble par juvenil a nivel internacional. Yo era menor, tenía 15 años. Después de los Juegos Olímpicos de 2008, me ficharon en el club San Fernando de Argentina y, por suerte, tenemos todo solventado, las embarcaciones, la estadía. Recién pude tener todas estas posibilidades hace dos años. Hay que pasar todo lo otro para alcanzar la forma de solventar todo esto. Ahora voy a San Fernando y les digo que tengo gurises que andan bien y ellos los hacen ir a probarse. Los contactos facilitan”, reconoce el remero.

Por casa, ¿cómo andamos?

El remo es una disciplina que se practica hace mucho tiempo en el país. De hecho, el decano del deporte, el Club Rowing de Montevideo, se creó hace 137 años. A nivel olímpico, se incluyó el remo en los primeros Juegos de Atenas en 1896, pero por mal tiempo no se disputaron las regatas. Recién en 1900, en París, se desarrollaron las primeras competiciones olímpicas de remo.

“Ha tenido un notable desarrollo en Uruguay. A mí me tocó competir cuando había solo 40 remeros en todo el país. Ahora somos más de 200, con más de diez clubes y con potencial para crecer. La federación de remo acepta a los clubes que hayan practicado durante todo un año sin cobrar cuota y luego de eso necesita inscribirse. Ahí se toma como un club federado. Existen dos en Salto, uno en Fray Bentos, Mercedes, Carmelo, Colonia, dos en Montevideo y se van a integrar dos más este año: en Maldonado y Canelones. Eso da movilidad. El trabajo más grande se hace en los clubes, ya que es la base para la selección", explica Collazo.

Quien aspira a competir debe completar una embarcación y eso tiene su costo. Una de las limitantes del desarrollo del deporte se relaciona con eso. “Cada par de remos sale 1.000 dólares. Completar una embarcación es costoso. Además del traslado que también implica una inversión. Además, existen ciertos implementos que son específicos de competición como el 'cuenta remadas', un artefacto que marca la velocidad, las remadas por minuto, los resultados parciales”, detalla. Si hablamos de remo social es un tema pero cuando se trata de remo competitivo la cosa se pone seria. “El cuenta remadas vale 100 dólares, sumale los remos que son 1.000. Y a esto la malla, que es muy parecida a la del ciclista -y tiene que ser blanca y azul por los colores del club- y vale cerca de 350 dólares”, suma Rodolfo.

En el Club Rowing de Colonia la comisión de padres cumple un rol fundamental en el diseño de estrategias para costear los traslados a las regatas. Calculan que en el año gastarán 140.000. Para cubrir esos gastos los padres hacen rifas. El año pasado, cuenta el entrenador, se vendieron pollos para solventar los viajes de la delegación.

Casi un milagro

Los países que figuran como potencias en el remo en el mundo son: Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Holanda, Suiza, Francia y Noruega. En América, Canadá y Estados Unidos son los más fuertes. El desarrollo a nivel profesional aparece vinculado al desarrollo económico de los países. “Acá estamos del otro lado del mundo. Las competencias de nivel están en Europa. En los Juegos Olímpicos, los países que competían con nosotros eran tres de Sudamérica, dos de África, tres de Asia y 11 europeos. En las copas del mundo, que son tres, no hay límite de inscripción y cada país pone el cupo que quiere. Tal es así que China en la final metió tres botes. El biotipo de Sudamérica es bueno y con la cantidad de población que tenemos es casi un milagro que mantengamos el nivel porque tenemos menos gente. En Beijing entramos terceros atrás de Cuba y Brasil”, cuenta Rodolfo. Para más información se puede entrar a www.clubcoloniarowing.blogspot.com .