Michael Santos estiró el sueño darsenero de pelear el Clausura e igualó a Iván Alonso como máximo anotador de la temporada. Fue desde el punto penal. Allí puso la pelota tras la mano de Rodrigo Brasesco, que abrió un partido que parecía cerrado. Así, River Plate le ganó a Racing 1-0 y se mantuvo a una unidad de Peñarol. En esta oportunidad, si el destino les depara quedarse otra vez en la orilla de la obtención de un torneo corto, los darseneros saborearán un premio merecido tras tanta seriedad: la histórica clasificación a la Libertadores, que ayer se volvió casi un hecho y desató un festejo que todavía retumba en el Saroldi.

No por demorado el gol dejó de ser merecido. Pese a que el partido fue parejo y Racing pudo haberse puesto en ventaja, River fue más profundo y tuvo varios pasajes de presión alta. Fue el ganador por puntos de una pelea de boxeo de pocas piñas, pero de alto desgaste físico. Los equipos fueron intensos desde el arranque, y hasta de más. Hubo fricciones y tumultos, como cuando Gabriel Marques se sacó un hombro de lugar y el doctor darsenero Diego Larroque hizo de huesero y lo acomodó ante la platea: acostado sobre el pasto, el brasileño apretó los dientes, pegó un salto digno de choque eléctrico y arrancó hacia la cancha. Como si nada.

La disciplina táctica de Racing y ciertos pasajes de lucidez al explotar el adelantamiento ajeno impidieron que River fuera regular. Sus buenos momentos resultaron olas esporádicas a lo largo de un partido duro de roer. Se volvieron más notorios en el segundo tiempo que en el primero, tras un descanso en el que las noticias que llegaban desde el Centenario ya daban cuenta de una victoria de Peñarol y amenazaban con dejar muy postergada la ilusión de llegar a la última fecha como sombra del líder. En ese escenario, incluso, un gol de Racing habría gestado la consagración aurinegra. Pudo pasar promediando el complemento, cuando el arquero Gastón Olveira hizo dos cosas difíciles y dignas de elogio: estar despierto luego de un largo período sin exigencias y atajar un remate corto y al cuerpo. Ya había aportado un manotazo providencial ante un remate de Gonzalo Aguilar. Fueron las fichas de Racing.

River jugó algunas más. En el complemento, de movida, Santos tuvo un mano a mano que Jorge Contreras salvó con mano cambiada. También a Santos parecieron desestabilizarlo sin que el árbitro Cunha pitara penal. Desde el banco, Nicolás Schiappacasse volvió a regalar buenos minutos. Por poco no anotó tras un lateral mal defendido. Por poco, además, el zaguero cervecero Cardozo no vulneró su propio arco de cabeza: Contreras apareció con su segunda gran contención.

Además del Chapa, entraron los ofensivos Flores y Ramírez. Los esfuerzos se multiplicaron. El pibe Iván Silva se tiró arriba, como si fuera el zaguero más añoso del mundo, mientras Racing sólo anotaba el interesante pero tardío ingreso de Agustín Gutiérrez y parecía conformarse con un empate que no cambiaba mucho su situación en la pelea por meterse en una Sudamericana en la que, por ahora, seguiría siendo el último participante. Deberá asegurarla en la próxima etapa, nada menos que ante Peñarol. Entonces, el mismo River que ayer lo padeció precisará su ayuda y les prenderá una velita a los santos de las últimas fechas.