Según Wikipedia, Molina y Los Cósmicos surge como un proyecto musical en Castillos, Rocha, Uruguay, en 2009. Nicolás Molina comienza a trabajar en el estudio de grabación y sello discográfico Sondor, donde graba con artistas como la Filarmónica de Montevideo, Renée Pietrafesa Bonnet y los españoles Senior i el Cor Brutal. A raíz de su trabajo con diversos artistas, decide viajar, a los 24 años de edad, a España y se muda a Valencia y Murcia, donde adquiere mayor experiencia en el mundo de las grabaciones. Sus primeras presentaciones en vivo fueron con el nombre artístico Los Seres Cósmicos. El nombre se origina del apellido del músico y de El Cósmico, una localidad en Marfa, Texas, que tiene un significado especial por sus influencias musicales para el cantante en su viaje a Estados Unidos: “Es un lugar donde a la gente le sale el folk por los poros”.

¿No lo vieron?

Se supone que otro Molina, el que ha generado por medio de Jaime Roos innumerables títulos por estos días, es Carlos Molina, el de “No lo vieron a Molina” de “Brindis por Pierrot”, quien fue un gran payador anarquista, melense de nacimiento, al que en 1967, cuando estaba en pleno movimiento libertario y gremialista, apoyando movimientos obreros, el poeta Juan Gelman le dedicó el inicio de su poema “Pensamientos".

Pero atenti, no hay que fiarse tanto de Wikipedia, porque otras versiones tan verosímiles como la anterior, y me parecen más veraces aun, señalan al Molina de “Brindis por Pierrot” como Ruben Molina, un integrante de Araca la Cana que además fue su factótum en 1969, cuando la Bruta ganó su primer concurso de agrupaciones carnavalescas del Uruguay. En el recuerdo de Catusa Silva, Ruben era un gran crack: “La dulzura de la voz de Ruben era increíble; tenía un registro altísimo que le permitía terciar en la murga pero jugando con la voz. Molina era un pájaro que gorjeaba en el coro, sobresalía por lejos, y tenía la particularidad de que nadie le pasaba la voz. Escuchaba de afuera y al rato se integraba”.

Voto porque ese fuese el Molina que el Canario Luna le pidió a Jaime que incluyera en el arranque de “Brindis por Pierrot”.

Hay otros Molina que uno recuerda, como el Indio, Héctor, que fue campeón de América y del mundo con Nacional en 1980 y 1988; otro Molina, que era arquero de la selección española y de Atlético de Madrid; y Molina el de la esquina o el de la escuela, o el de la quinta de Misiones, ponele.

La bolilla que faltaba

Ahora, hace unos días, apareció en nuestras vidas Gerardo Molina, que el 14 de diciembre, el mismo días y seguramente en el mismo entorno horario en que 590 futbolistas agremiados hacían saber a la actual directiva de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales que no se sentían representados por ella, en clara alusión a la política pro Tenfield, o dependiente de la empresa de Francisco Casal que se ha desarrollado desde el gremio de los futbolistas, presentaba en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) una oferta multimillonaria por los derechos del fútbol profesional uruguayo.

Mucha guita, mucha prensa, y de inmediato una irrupción bondadosa y abierta de Tenfield, que me recordó la emoción hasta el llanto de Orlando Petinatti en la Teletón. Ni bien aparecieron en escena las declaraciones en el hall de la AUF de Gerardo Molina, en las que aseguraba la oferta concreta de 68 millones anuales por cinco años, y que su empresa Euroméricas Sport estimaba ingresos extra de entre 38 y 43 millones por concepto de regalías, que serían producto del modelo de gestión propuesto, por el cual se haría cargo de la comercialización y el marketing del producto fútbol uruguayo, Francisco Casal hizo saber, también públicamente que la propuesta era “única e irrepetible” y “sin dudas muy beneficiosa para el fútbol uruguayo, las instituciones y los futbolistas”. En una actitud novedosa y sospechosa, Tenfield se plantó ante la opinión pública de manera altruista y dadivosa:

“Cuando una empresa, en nombre de firmas internacionales que seguramente respaldan este ofrecimiento, realiza una oferta de esta magnitud, Tenfield no puede sino comunicar al presidente de la AUF, como máxima autoridad del fútbol uruguayo, que está abierta a comenzar a manejar, cuando así se le indique, la rescisión del contrato”. Ahí todos nos fuimos a la Wikipedia de Molina, no el de los Cósmicos, no el payador, no el murguero, sino de Gerardo, que no tiene entrada en Wikipedia, pero sí una sólida biografía en el sitio de su empresa; es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Relaciones Públicas. Cursó sus estudios de posgrado en la Universidad de Harvard en Negociación y Resolución de Conflictos, y se especializó en la Disney University en Calidad de Servicio y Administración de los Recursos Humanos, Estados Unidos, y más, mucho más, que verán en http://www.euromericas.com/gerardo-molina/.

A mí -y a muchos de ustedes- seguramente en ese momento se nos plantearon por lo menos media docena de hipótesis sobre la presentación de la oferta de Molina. La mejor y la más sana: que la oferta-negocio de Euroméricas Sport Marketing sea real, valedera, viable. Una de las peores: que sea nada más que una chantada, humo, con fines de cambiar el foco de atención, e incluso, de una sola tacada, deslegitimar a este Ejecutivo de la AUF que ha osado alinearse a los jugadores de la selección y quitarle pingües ganancias a Tenfield, invisibilizar la fortísima medida de los jugadores locales, y, todavía, jugarse un bueno ante la opinión pública. En el medio quedan otras posibles alternativas, como que no sea más que una operación de prensa para subir el precio de los derechos de televisión de Argentina -hasta Marcelo Tinelli ironizó sobre la oferta-, o que Tenfield esté planeando una retirada parcial embolsando 80 palos verdes y permaneciendo como socio del negocio; o que, simplemente, se trate de un iluminado con una potente retórica e ideas verosímiles en condiciones de laboratorio que pretende dar el golpe por las buenas y generar un gran negocio que pergeña con desarrollos teóricos brillantes.

¿Quién no acaricia hoy una media ilusión?

Por lo pronto, conoce y ejecuta, aunque con cierta desprolijidad, la acción de desembarco avasallante en la Santa María de Onetti. Hace prensa, consigue pantalla, micrófonos, se hace ver y maneja encuentros de ideas con el gobierno. Es un buen esgrimista de ideas y lugares comunes. Sería un buen tertuliano para un matinal radial o para Esta boca es mía, mientras gana tiempo para intermediar en un nuevo desembarco.

Al final me hizo acordar a Molina, Nicolás, el de Molina y Los Cósmicos, que tiene una panadería en Castillos y que hace poco le contaba en estas páginas al Tüssi Gonzalo Curbelo: “En nuestra infancia a la televisión uruguaya no le importaba llegar a Castillos con una buena señal, porque a los anunciantes les interesaban Montevideo, Canelones, Maldonado y hasta ahí; a Rocha, si llegaba, llegaba, y si no, no. Y llegaba tan mal la televisión en los 90 que no se podía ver. Un día vino un tipo del Chuy con una parabólica que apuntaba hacia el cielo y bajaba las señales de Brasil. Entonces durante todo un año vos ibas por Castillos y la gente estaba viendo televisión brasileña”.

Y aquí estoy escuchando a Molina y Los Cósmicos, tan buenos, bo. Y además revisé la vida de don Carlos Molina, qué viejo crack, y de Rubén Molina, increíble murguista.

Al final, Molina, Gerardo, concluyo que usted sí sabe de marketing, pero en esta no lo veo...